{ Julia }

                                     · FLASHFORWARD: Septiembre – 2013 ·

En cuanto el avión aterrizó en Heathrow, noté con más intensidad cómo el corazón me latía desbocado. Miré por la ventanilla, y en cuanto volví a ver el cielo encapotado de Londres, sentí cómo se me empañaban los ojos. Londres, mi Londres, mi queridísima Inglaterra…

Por fin había vuelto a casa.

En realidad, aquellos tres meses fuera de mi país natal me habían venido bien. Por fin había comenzado a sentirme independiente y, con casi dieciocho años, no estaba nada mal. Aquel verano en España se me había hecho relativamente corto. Entre las clases por la mañana, las actividades por la tarde, el fútbol y la pintura, y lo cansadísima que me encontraba por la noche, apenas había tenido tiempo de sentirme nostálgica y de extrañar a mi padre y a mis amigos.

Pero a él sí que le había extrañado.

Una vez más, me pregunté si esta vez el destino sería tan benevolente como para hacer que nos volviésemos a encontrar, pero sabía que era imposible. Sabía perfectamente que jamás volvería a verle.

Me desabroché el cinturón, cogí mi mochila, me despedí de los otros chicos que habían venido desde Madrid conmigo (en realidad apenas los conocía, solamente de las clases de arte a las que fui durante mi estancia en España. No se me daba muy bien eso de hacer nuevos amigos) y salí casi a trompicones de aquel avión. Cuando abandoné el avión, el clima de Londres me azotó como un cuchillo. Me tembló todo el cuerpo, y se me puso la piel de gallina. Amaba ese tiempo, pero ya me había acostumbrado a los 42 grados que había hecho en España durante prácticamente todo el verano, por lo que solo llevaba unos shorts, mis Converse blancas, y una camiseta de manga corta. En cuanto tuviese mi gigantesca maleta (cuando había salido de Madrid, había temido que la maleta pesase más de lo permitido para viajar) cogería la única sudadera que – estúpidamente, ya que no me había servido para nada – me había llevado a España.

Junto con las demás personas que habían venido a Londres desde Madrid – no solo los chicos que habían estado en aquel curso conmigo, si no también diversos turistas – fui a recoger la maleta.

Después de lo que se me hizo un tiempo interminable, por fin tenía en mis manos mi queridísima maleta color pistacho. Estaba muy nerviosa. Después de tres meses, por fin volvería a ver a mi padre, a Daisy, a Will…

<< Recuérdalo, Julia, Niall no va a estar >> “Gracias por recordármelo, conciencia” – Pensé irónicamente. Ah, Dios, ya hasta hablaba con mi propia conciencia. Es lo que tiene lo ligeramente – bastante – sola que me había encontrado aquel verano.

Cuando por fin salí de mi zona de embarque, caminé por la atestada terminal, dándome empujones con los millones de personas que iban de un lado para otro, que iban rápidamente arrastrando sus maletas para facturarlas o las que estaban deseosas por volver a ver a sus familiares y amigos.

Dije una palabrota en español – aquel verano había sido el único idioma que había hablado – cuando casi me di de bruces contra una gran congregación de chicas que gritaban como locas. Las que estaban más cerca de la puerta de embarque tenían delante una valla, y unos cuantos policías estaban delante. ¿Qué narices pasaba allí?

Me acerqué a una de las chicas.

-Perdona, ¿qué pasa aquí? – Pregunté, con curiosidad. Qué bien sentía el volver a hablar mi idioma natal tras tres meses hablando únicamente en español.

A chance to be happy | n. h. |¡Lee esta historia GRATIS!