VI: FAMILIA FUJIMOTO.

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13 de enero de 2019.

—Ellie, cariño, ¿estás bien?

Una mujer de rasgos asiáticos, con su pelo negro recogido en un moño y vestida con traje, se llevó el tenedor a la boca.

—Sí. Solo pensaba en ella, otra vez.

—Cielo, se te pasará. El primer amor nunca se olvida, ni se supera, pero se aprende a convivir con ello.

—Lo sé. Es solo que... Yo no quería que las cosas acabaran así, ¿sabes?

Su madre adoptiva asintió, volviendo a atrapar comida con su tenedor para repetir el mismo procedimiento de antes. Ellie, en cambio, no probaba bocado. Tenía el estómago cerrado.

—Es un daño colateral. Sabías que tarde o temprano, ibas a tener que dejarla si quieres conseguir tu propósito. Nuestro propósito.

—Respecto a eso, creo que deberíamos aplazarlo —le insinuó, aunque no era la primera vez que lo hacía—. Siento que me vigilan, ya te lo dije. Si no fuese porque finjo ser vuestra criada, mamá, probablemente se hubieran dado cuenta hace tiempo de que somos familia.

—Tu padre no está aquí porque está de viaje de negocios, pero, sabes que te diría que hay que luchar para conseguir lo que quieres.

Sí. Y su madre tenía razón... Pero, se sentía inquieta. Como si algo malo fuese a pasar. Entre eso, y el hecho de haber roto con el amor de su vida, últimamente estaba más preocupada que de costumbre.

Al final, optó por obligar a llevarse comida a la boca mientras ella continuaba hablando.

—Merecerá la pena. Llevas esperando por ese golpe de Estado toda tu vida. Es hora de joderles la vida a esas cinco familias asquerosas, y, sobre todo, hora de que nuestra familia tenga el poder absoluto.

—¿Y a ella no puedo salvarla...?

Su madre la miró como si fuese a matarla ahí mismo. Ellie ya sabía lo que estaba pensando; "¿cómo osa a preguntarme algo así"? O algo similar.

No tenía culpa de que su enamorada fuese un ángel nacido en la familia equivocada.

—Te odiará toda su vida cuando sepa siquiera quién eres. ¿Acaso crees que te merece la pena? No. Déjala ir de tu vida, Ellie, cielo. Antes cerrarás la herida que tú misma te has provocado. Debe caer como el resto.

Se hizo el silencio durante el resto de la cena. Su criado personal fue el encargado de llevarse los platos, como cada noche, aunque antes, tanto ella como su madre debían tener la charla final. Para ello, se fueron a su despacho, donde se sentaron una frente a la otra.

—La familia Lancerotti está un poco... más animada de lo usual. He estado investigando el por qué, y creo que se debe a que al fin van a introducir al tercer hermano en su mundo pecaminoso.

Ambas conversaron tanto sobre el joven Francesco, la familia de Raúl, el embarazo de Amelie, su encuentro fugaz con Jack, y sobre sus vecinos de enfrente; la familia de Ninette. Aunque de esos últimos apenas podía contar cosas. No podía trabajar para ellos bajo ningún concepto, incluso aunque supiera sus profundos y turbios secretos. Al igual que tampoco podía trabajar para la familia Miller, ni para la de los drogadictos. Bastante se estaba jugando con ser criada de los Lancerotti y de los médicos.

Una vez hecho el informe de cada día, aunque fuesen cuatro tonterías las que tuviera que decir, se despidió de ella con un beso en la mejilla y una reverencia formal. Se dirigió a su habitación, y cerró la puerta tras de sí.

Iba a dormir, pero su mente tenía otra idea.

Se sentó en la silla que estaba arrimada junto a su escritorio, y sacó un papel y un bolígrafo. Comenzó a escribir largo y tendido todo lo que sabía. Su historia. Su verdad. No entendía por qué lo hacía en el fondo, pues sabía que se estaba condenando a sí misma por ello... Pero, increíblemente, le daba igual. ¿El amor la había cegado? ¿Estaba siguiendo sus instintos por ella?

La respuesta era afirmativa.

Porque esa misma noche, iría a pedirle que se fugase con ella. Le daba igual la venganza si estaba con ella. Si podía ser feliz. Pero para ello... Le dejaría la carta sin que se diese cuenta para que la leyera una vez ella estuviese a solas. ¡No iba a poder explicárselo en voz alta! Le era imposible.

Y es que su vida era surrealista desde el mismo momento en el que nació.

Sí. Esa misma que tenía como fecha de caducidad el quince de enero de dos mil diecinueve. 

Muerte en vida. #PGP2019Where stories live. Discover now