---<~INTRODUCCIÓN~>---

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26 de noviembre, 2017.

Kim SunHee se encontraba volviendo del instituto hacia su casa. Había sido un día agotador, lo único que tenía pensado hacer al llegar era comer y tirarse en su cama por toda la tarde; ya que al ser viernes podía permitirse darse un descanso de los estudios.

Hacía pocos minutos que se había despedido de su amigo Wonwoo, quien solía acompañarla a la ida y vuelta del instituto, ya que su casa quedaba de paso. Miró la hora en su nuevo iPhone y, al ver que aún tenía tiempo antes de que la comida estuviera hecha- ya que normalmente su madre terminaba de hacer la comida a la misma hora- se dirigió hacia una tienda que quedaba cercana a su casa a comprar un poco de chocolate y comidas varias para pasar la tarde.

Entró a la tienda y después de saludar al hombre que se encontraba en la caja, caminó por los pasillos en busca de sus chocolates favoritos. Agarró un par de tabletas, unas cuantas bolsas de patatas y frituras y un paquete de su ramen favorito. Volvió a la caja, pagó, se despidió del amable señor y salió de la tienda con dirección a su casa.

De un momento a otro, mientras se dirigía hacia casa, sintió un pitido en el oído. Normalmente eso solo ocurría de vez en cuando, pero siempre cuando algo malo iba a pasar en ese día. Se llevó la mano al oído y con el corazón acelerado por el miedo de que algo malo ocurra, intentó ignorarlo y seguir caminando.

Una vez estaba cerca de su casa, y vio que aún no le había ocurrido nada malo, se calmó un poco. Su corazón ya no latía tan rápidamente y ya no sentía nervios en su estómago.

Llegó a su casa, y se paró en frente de la puerta. Buscó las llaves de casa en su mochila y una vez las tuvo en la mano, introdujo la llave correcta en la cerradura. Todo era normal por el momento. Entró a casa y con un grito avisó a su madre de que había llegado y, al no recibir respuesta pensó que quizás estaba en la parte de arriba de la casa o tomando una ducha. Cerró la puerta detrás de ella, colgó su chaqueta en el perchero y dejó su mochila en el suelo al lado de la puerta; pero al hacerlo algo le llamó la atención: había varias huellas de zapato en el suelo. En ese momento, pensó que podían ser las huellas de su hermano mayor, que había venido de visita y en un descuido había manchado el suelo sin darse cuenta. Se alegró, dado que, aunque solía hablar mucho por teléfono con su hermano mayor, casi nunca le veía ya que a menudo estaba trabajando. Debido a eso, se dirigió con una sonrisa hacia la cocina, ya que pensó que probablemente su hermano había ido a la que alguna vez fue su habitación a cambiarse y ponerse ropa cómoda. Pero al llegar a la cocina todos sus pensamientos se esfumaron de golpe.

En el suelo de la cocina se encontraba el cuerpo inerte de su madre, rodeado de un gran charco de sangre. El cazo en el que su madre estaba haciendo la comida se encontraba vertido en la encimera de la cocina, la vitrocerámica estaba encendida al igual que el extractor y la nevera estaba abierta.

SunHee no pudo evitar llevarse las manos a la boca, y con el corazón latiendo a mil por hora y los ojos llenos de lágrimas, sacó su iPhone del bolsillo con manos temblorosas y llamó a su hermano mayor.

-Hola enana- contestó su hermano mayor al momento de marcar. En ese momento, SunHee no pudo evitar empezar a llorar y sollozar, alertando a su hermano mayor. A NamJoon le había extrañado la repentina llamada de su hermana, ya que ambos solían hablar por la mañana cuando SunHee despertaba o por la tarde cuando esta terminaba de hacer sus tareas, por lo cual después de escuchar como lloraba su hermana, se preocupó aún más. -¿Pasa algo, Sunhee?

-Nam- pronunció con dificultad, debido al llanto. Intentó hablar nuevamente pero no fue capaz de pronunciar ninguna palabra.

-Ey, enana, cálmate, ¿vale? Trata de respirar y tranquilizarte un poco.

-NamJoon- consiguió decir, después de varios minutos intentando calmarse. -Mamá está e- es- está- tartamudeó, volviendo a retomar su llanto anterior. Le costaba respirar desde hacía un rato pero no era capaz de intentar respirar con normalidad.

-SunHee, enana, mantén la calma. Dime, ¿ha pasado al-

-Han matado a mamá- interrumpió a su hermano, hablando con un sollozo.

Cuando su hermana pronunció esas palabras, NamJoon no pudo evitar soltar la taza de café que sostenía en la mano, haciendo que esta se hiciera añicos en el suelo. Con voz temblorosa le dijo a su hermana que estaría ahí en unos minutos, pero SunHee había retirado el teléfono de su oreja y había dejado de escuchar todo a su alrededor.

NamJoon se apresuró y se montó en el coche, arrancando y conduciendo lo más rápido que le era posible para llegar cuanto antes a casa con su hermana. Dejó el coche mal aparcado en la acera frente a la casa de dos plantas y corrió hacia la puerta, tirandola de una patada. Llegó a la cocina y, sin mirar al cadáver de su madre, abrazó a su hermana, quien había permanecido estática en el mismo lugar durante todo ese tiempo. La abrazó fuerte, intentando consolarla lo mejor que pudo y la llevó al salón.

NamJoon supo desde ese instante, que su vida ya no sería tan fácil.

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