ONCE

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| Jazmine |

—Así que... romper el espejo —reflexiona Nate y yo me limito a observarlo con la boca cerrada. La mujer asiente con lentitud y una extraña elegancia.

Es la única forma de restablecer el equilibrio.

Me doy cuenta de que estoy empezando a acostumbrarme a su voz en mi cabeza. Sin embargo, su respuesta me llama la atención.

—¿Cuál equilibrio? —ambos voltean al escuchar mis palabras temblorosas—. ¿Qué es lo que está desequilibrado?

El Universo. Está tambaleándose, niña. No tardará en caer si el equilibrio no es restablecido.

Sus palabras llaman mi atención, pero no porque sonaran disparatadas, sino todo lo contrario. Aquella declaración se sintió como un déjà vu, extremadamente conocida y lógica. Sonrío, sin estar segura de por qué o de si está bien, solo me apetece hacerlo.

La voz en mi cabeza siempre me preparó para este momento, siempre me dijo que Nate y yo éramos importantes, siempre supe que algo extraordinario cambiaría mi vida de forma inexplicable, como lo hizo mi encuentro con Nate. Nunca he entendido nada de lo que pasa en mi vida, siempre supe que oír una voz en mi cabeza y sentir la presencia de un chico en mi casa no era algo normal, pero finalmente aprendí a vivir con ello. Aprendí a abrazar lo inexplicable.

Eso es lo que he hecho siempre y es lo que haré ahora mismo, y esa es la razón por la que sonrío a la mujer frente a mí y al chico a mi lado. 

| Nate |

¿Está sonriendo? Jazmine está sonriendo. La miro con extrañeza un par de segundos hasta que sus ojos encuentran los míos. Frunzo el ceño y ella se encoge de hombros

—¿Cómo se destruye el super-espejo-cósmico desequilibrado? —pregunta casi aguantando la risa, ¿pero qué le sucede?

Dejarás de sonreír cuando lo averigües.

La mujer mira a Jazmine de forma inescrutable, no se mueve ni un solo músculo en su rostro. En ese momento, noto que mi compañera baja la mirada y su sonrisa comienza a debilitarse poco a poco. Entonces me doy cuenta de que lo que la mujer está a punto de decirnos no será nada bueno. 

Lástima, ver a Jazmine sonreír era una actividad interesantemente agradable, casi adictiva.

Sacudo ligeramente la cabeza y me dirijo a la mujer directamente para repetir la pregunta que un instante antes había quedado sin respuesta.

—¿Cómo se destruye el espejo? —En ese instante me doy cuenta de algo que tanto Jazmine como yo mismo ignoramos todo el tiempo—. ¿Qué espejo en específico estamos intentando destruir?

Excelente pregunta, niño. Lo que buscas no es un espejo. 

Jazmine y yo nos miramos y arrugamos la nariz al mismo tiempo. Su cara de no saber qué rayos está pasando me hubiese parecido increíblemente graciosa de no ser por que la mía probablemente se ve tres veces más ridícula. 

  —¿Qué buscamos entonces? 

El espejo... Reflejos. Cristales. Pedazos. ¿Dónde está?

El repetitivo trance de la mujer con la mirada perdida en el horizonte se ve interrumpido por la voz apenas audible de Jazmine, como un suspiro.

  —Aquí está... —sus ojos se abren como platos al hacer contacto con los míos y yo sigo sin entender nada.

  —¿Qué dijiste? 

  —Nate... El espejo es la casa. 


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