∴ Capítulo 1 ∴

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Como cada día de mi vida desde que empecé a estudiar, sonó mi alarma a las siete y cuarto de la mañana, y como cada día desde que empecé a estudiar, no tenía ganas de ir a clase. Tenía sueño, así que me quedé el rato que siempre dejaba de margen, en la cama. Claro que con esto, solo conseguí tener que vestirme y prepararme con mucha prisa y con el tiempo en mi contra.
Como cada mañana, cogí el autobús infectado de adolescentes somnolientos que se encaminaban, en masas parecidas a las de zombies, a su centro de estudios. Después de bajarme, caminé el tramo que me faltaba para llegar en tiempo récord, pues recorrí toda una avenida de casi 1Km en 4 minutos.
Llegar al instituto algo tarde no me preocupaba realmente demasiado, aunque he de decir que desde que estudio en este centro, se han vuelto algo estrictos con ese tema.

Aquel era mi primer de clases del último curso, y también el último el cual estudiaré en mi país. A mí padre, después de tantos traslados en mi ciudad y posteriormente en el país entero, lo han destinado a Seúl y, aparentemente, con puesto fijo de una vez por todas.

Mis padres me lo anunciaron como su fuese una noticia mala, sentándome en el sofá, y con la típica frase cliché de 'tenemos que hablar'  que tanto asusta a la gente. Lo que no sabían,  --y es normal, ya que nadie se preocupa lo suficiente como para conocerme a fondo-- es que para mí, era una maravillosa noticia. No me gustaba la vida que llevaba, no me gustaba el instituto donde estudiaba, ni mis profesores, ni las normas de mi país, y a veces, hasta aborrecía las costumbres. No estaba hecha para mi país. Siempre me gustó la cultura asiática, me resultaba muy curiosa, interesante y diferente, por lo que en cuanto mis padres me dijeron que nos tendríamos que mudar, intenté acomodar algunas costumbres coreanas, para ir amoldándome a mi futuro día a día. Empecé comiendo con palillos, apuntándome a un intensivo del idioma, quitándome los zapatos al entrar en casa y utilizando mascarillas faciales (aunque eso no era realmente necesario...)

El día transcurrió ajetreado, al menos para los alumnos que hiciéramos el examen de acceso a la universidad ese año, pues los profesores no esperaron ni un momento para empezar a dar materia y a explicar conceptos. Yo me limité intentar entender lo que explicaban y coger alguna que otra nota.
Nunca fui demasiado mala académicamente, aunque en los últimos años había ido empeorando mis calificaciones. Tal vez por haber escogido la modalidad equivocada...      —Realmente era enemiga de las ciencias y de las matemáticas—

Cuando salí, mi padre estaba esperándome al lado de la puerta, en el coche sentado. El trayecto fue silencioso, sin apenas mediar palabras por el cansancio de ambos, hasta que finalmente llegamos a casa.
Allí, mi madre nos esperaba sentada, tejiendo, tras haber preparado la comida y puesto la mesa.
Solté mis cosas y me llamaron a comer. Algo iba diferente, empecé a sospechar que sería alguna otra noticia, ya que se habían estado comportando de manera distinta a lo normal, igual a cuando me dijeron que nos iríamos.
Me senté en la mesa y fue mi madre quien rompió el silencio.
— Elena, vamos a tener que irnos de aquí antes que que acabe el curso.— Soltó sin más.
—¿Cuándo?— Admito que eso no me lo esperaba...
— En dos meses

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