A Link solía olvidársele lo apacible que podía ser Hyrule.
El joven se encontraba sentado en una colina cercana al castillo, después de haber terminado su largo entrenamiento para ser miembro de la Guardia Real, contemplando el paisaje vibrante pero que era al mismo tiempo sereno, como esas melodías que practicaba con la Ocarina en las noches al llegar a su habitación. Solo se escuchaba alrededor el canto de los pájaros y podía sentir la fresca brisa de verano en su piel. Pocas veces se permitía esos espacios en donde podía simplemente ser él mismo y pensar en cualquier cosa, hacia un tiempo solo pensaba realmente en juegos, entrenamiento y comida, pero desde hace unos días su mente se encontraba en otro lugar, ajeno a Hyrule, un lugar no muy alegre que digamos.
Desde la colina podía ver las Montañas de la Muerte, el lago Hylia, la granja de Malón, el camino hacia el lugar de los Zora... Lugares que conocía más que gran parte de los Hylianos, habiendo tenido que viajar día y noche, luchar día tras día para poder otorgar a Hyrule una era de paz y tranquilidad bien merecida.
Era extraño, ahora que lo pensaba, después de dar todo de sí para liberar su pueblo aquella nueva paz le resultaba un poco discordante, casi alienígena. Se había acostumbrado a dormir en cuevas o bajo árboles, a buscar comida en lugares peligrosos, a estar alerta cada segundo para no ser degollado de sorpresa por alguna criatura, a caminar (o cabalgar, cuando tenía a su vieja amiga Epona) sin descanso de una región a otra en busca de medallones u objetos de utilidad, peleando una y otra y otra y otra vez. Volver a la normalidad le hacía sentir una sensación de anti-naturalidad que lo asustaba un poco.
Claro, en esos tiempos de lucha él fue un adulto. Era alto, fuerte y tenía que pretender que sabía con seguridad lo que hacía, ya que no tardó en aprender que todos esperaban algo de él, lo veían como el último recurso de salvación. Ciertamente logró afrontar con la cara en alto cada nueva y demencial situación que se le presentaba, pero ahora que era un niño de nuevo y todo había pasado pudo admitirse a sí mismo, en su soledad, que se encontraba... exhausto.
Link se recostó sobre el pasto, dejando salir un largo suspiro y se tapó los ojos con un brazo para evitar la molestia del sol. Extrañaba con fuerza esos tiempos en que era (o creía ser) un Kokiri, cuando no tenía el peso del mundo bajo sus hombros, su única preocupación el no tener un hada. Sonrío con amargura al recordar que había vuelto a ser un niño sin hada después de todo lo ocurrido, con la repentina partida de su amiga Navi. Aquella partida lo había dejado desolado, sintiéndose enormemente solo a pesar de que a diario lo acompañaban los Guardias Reales y, de vez en cuando, la princesa.
La princesa Zelda se había convertido en su mejor amiga y confidente. Escapándose del castillo a su lado para aventurarse por ahí, aunque ella se negaba por temor al inicio. Pensó que la princesa era como un reflejo de su propio pueblo, vibrante y serena a la vez, llena de alegría y curiosidad por las cosas fuera del palacio, pero sabia y decidida cuando su deber se lo exigía. Lamentablemente no eran muchos los días en que los dos podían ser simples niños, de hecho, a veces Link dudaba el ser uno, por más loco que sonase. Había recuperado su cuerpo de niño pero no su mente, no del todo, y nunca lo haría. Link lo supo en el fondo desde que volvió a su tiempo, quizás hasta lo supo desde la primera vez que salió del bosque Kokiri. Jamás volvería a ser el de antes. Y ese simple pensamiento lo hizo sentirse derrumbado.
_ ¿Link?_ lo llamó una voz dulce y suave.
El joven se incorporó de inmediato con los hombros tensos, cuando notó que era la princesa pudo relajarse.
_ ¿Estas... bien?_ preguntó Zelda. Su rostro lleno de una ligera preocupación, acercándose con cuidado a él.
Link se sintió confundido por ello hasta que notó su propio rostro lleno de lágrimas. Con rapidez esquivo su mirada y con el dorso de su mano se limpió la cara, la cual ahora estaba roja por haber sido visto así por la misma princesa.
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Serenidad
FanfictionLink intenta seguir con su vida luego de terminar su aventura como el Heroe del Tiempo, sin embargo, una inminente sombra en su corazón no le deja cumplir su objetivo.
