- Venga cariño, vas a llegar tarde.
- Te dije que tendríamos que haber ido como muy tarde ayer.
- Vas a irte a vivir a otro sitio, quería que estuvieses en casa lo máximo posible.
- Ya mamá, no empieces otra vez a ponerte triste que voy a llamar todos los días.
Metí la última maleta en el coche y salimos de allí directo al internado en el que viviría y estudiaría a partir de ahora. Estaba lejos de casa pero era el mejor del país. No conocía a nadie y me preocupaba tener que compartir habitación con alguien desordenado, pero la idea de vivir por mí misma me encantaba. Varias horas de viaje después, aguantando los miedos y preocupaciones de mi madre, llegamos con la salida del sol. El primer día de clases comenzaba en tan solo media hora, solo eran presentaciones pero no quería llegar tarde. Nada más llegar fuimos a recepción a preguntar por mi habitación, la mujer que trabajaba allí decía que era extraño venir el mismo día que comenzaban las clases, que el ingreso estaba permitido desde una semana antes y me explicó el horario de clase y dónde estaba cada sitio. Tras las explicaciones embarazosas de mi madre, diciendo que no quería tenerme lejos, fuimos corriendo por los pasillos arrastrando a golpes a las maletas hasta llegar a la habitación. 193. Ya pasaban diez minutos del inicio de clases, no vimos a nadie por los pasillos. Entré a la habitación, las maletas de alguien ya descansaban al lado de la puerta. Había ocupado todas las estanterías de la habitación con peluches y figuras. El escritorio estaba completamente ocupado, un ordenador estaba en medio, con altavoces a los lados y un pequeño teclado de piano frente a la pantalla. Un micrófono descansaba a un lado de la mesa, al otro lado había dos libretas encima de algo similar a una tablet. Debía gustarle mucho la música. La habitación no estaba desordenada, pero fuera quien fuese mi compañera no había tenido consideración alguna por dejarme sitio para mí. Dejé las maletas a los pies de la cama, ya me encargaría de hablar con esa persona cuando acabasen las clases.
- ¿Te gusta el cuarto? —preguntó mi madre que esperaba en el pasillo.
- Sí, pero mi compañera ha ocupado casi todo, tendré que hablar con ella después.
- Quizá como has venido hoy, pensaba que no tendría que compartir.
- A saber, pero llego tarde a clase, tengo que irme ya. —mi madre me abrazó— Vuelve con cuidado a casa y dile a papá que estoy bien, llamaré esta noche.
- Vale cariño, no te pelees con nadie y estudia mucho.
- Ya mamá, no soy tonta.
Tras muchos te quiero, un abrazo que no quería terminar y varios besos, por fin se fue. Salí corriendo hacia la clase, miré a través del cristal de la puerta, como era de esperar ya estaban todos sentados y atentos al profesor. Cogí aire en un intento por calmarme y entré a la clase haciendo reverencias como disculpa. El profesor me pidió que me sentase y ocupé el sitio libre que había junto a una chica que no sabía de dónde era, su cara llena de pecas y su cabello pelirrojo la hacían preciosa, pero dejaban claro que era extranjera. Tenía cara de pocos amigos y puso una mueca extraña cuando me senté junto a ella. Estuve las dos horas que duró aquella presentación en completo silencio, otras personas parecían conocerse y salieron de allí hablando unos con otros entre risas. La chica que tenía al lado cogió su mochila y se levantó, me levanté tras ella y reuní el poco valor que tenía para hablarle.
- Perdona. —se giró— Me presento, soy Kang Jiyoung. Te he visto y no pareces coreana, ¿cómo llegaste a estudiar aquí?
- Mis padres son alemanes, de Brandemburgo, pero vivo aquí desde los 4 años. —no tenía rastro alguno de acento en la voz, escuchándola hablar parecía coreana— Me llamo Effie Millman.
- Tu coreano es perfecto. —vi una pequeña sonrisa asomar en su cara— No conozco a nadie aquí, vengo desde Gwangju, si quieres que a hora de comer comamos juntas.
- Claro, porqué no. Yo vengo de Suwon.
- Suwon, nunca he ido, quiero ir algún día. —sonreí— ¿En qué habitación estás? He visto muchísimos pasillos, esto es enorme.
- No lo sé todavía, llegué esta mañana y he dejado las maletas en recepción para llegar a tiempo a clase.
- Oh, yo también llegué hoy, pero he ido a dejar las maletas y he llegado tarde. —me reí— Bueno, estoy en la 193, si quieres cualquier cosa ven.
- 193, vale. ¿Nos vemos en la cafetería a hora de comer?
- Claro. Ya me dices en qué habitación estás entonces.
- Nos vemos. —sonrió y se fue de allí.
Suspiré, feliz por haber conseguido hablar con alguien y fui a mi habitación, esperando encontrarme por fin con mi compañera y hacer sitio para mis cosas en aquel sitio. Entré, la habitación seguía igual que cuando la dejé, no había vuelto todavía. Subí las maletas a la cama y las abrí dispuesta a deshacer el equipaje. Abrí el armario que estaba a los pies de mi cama, había varios abrigos colgados de las perchas, por suerte no había ocupado todo este armario. Dejé los abrigos ordenados sobre la otra cama y ordené toda mi ropa.
Cerré las maletas y las metí bajo la cama, me senté en esta y presté atención a todo lo que tenía alrededor, vi dos trofeos de baloncesto en la estantería encima del escritorio. Me acerqué para leer el nombre de la placa pero tocaron a la puerta. ¿Mi compañera estaba llamando? Abrí la puerta y vi a Effie sonriendo con su llave en la mano.
- Me han dado la 191, estamos al lado.
- ¿Es en serio? —me reí— Lo tenemos perfecto entonces para ir juntas a los sitios.
- Sí, voy a ir a guardar mis cosas, cuando acabe vengo y vamos a comer.
- Genial, hasta ahora. —entró a su habitación y cerré la puerta.
Fui de vuelta a donde estaba, bajé uno de los trofeos de la estantería y leí "Min Yoongi". Me rasqué la cabeza. Quizá eran los trofeos de su novio. Entonces escuché la puerta abrirse, con el trofeo todavía entre las manos di la vuelta del susto. Un chico con el pelo rubio entró, llevaba puesto ya el uniforme a pesar de ser el primer día.
- ¿Quién eres y qué haces en mi habitación?
- ¿Tu habitación? —no entendía porqué me tocaba compartir con un chico.
- Sí, mi habitación. ¿No ves mis cosas en las estanterías? —vino hacia mí y me quitó el trofeo de las manos— ¿Qué haces tocando cosas que no son tuyas? —miró su cama— ¿Eres una stalker, pensabas llevarte mis abrigos?
- Mira, a mí no me hables así. Esta habitación es tan tuya como mía.
- Pero si llevo viviendo aquí una semana completamente solo.
- He llegado hoy. —saqué la llave y se la enseñé— 193, ¿ves?
- Igual, no tienes derecho a tocar lo que no es tuyo. —dejó el trofeo donde estaba— Haber llegado antes, me ha costado mucho dejar la habitación así de bonita.
- Ya estás despejando un trozo de escritorio y un par de estanterías o te despertarás y tendrás tus preciadas cosas en el suelo.
- Como toques mis cosas...
- Mis cosas, mis cosas. —moví las manos y me tumbé en la cama dándole la espalda— Ya no es tu habitación, acostúmbrate.
Lo escuché hablar en voz baja mientras reorganizaba las estanterías. "Con lo que me ha costado dejarlo así y ahora viene esta... Que encima comparto con una chica, qué cojones." Saqué el móvil y me puse los auriculares para no escucharlo, pero tenía razón, era raro que hiciesen compartir a un chico y una chica, quizá no quedaban más habitaciones. Subí el volumen de la música y estuve en la cama ignorando al tal Min Yoongi hasta que fue hora de comer.
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Awkward (BTS)
Fanfiction"Un día se va a poner de moda ser imbécil, y algunos no van a saber qué hacer con la fama."
