Al borde del abismo

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Con lágrimas en mis ojos, desperté en un nuevo país, en una nueva escuela.
Era primavera, una estación que odio.
Era mi primer año de preparatoria.
No conocía a nadie, sólo era una extranjera perdida en un país de el que no sabía nada.
Desperté a las 7:00 a.m. para ir a mi primer día de clases; amanecí con ojeras porque aún no me acostumbraba al horario.
Me puse mi uniforme y bajé a toda prisa; se me había hecho tarde.
-¿Por qué no me despertaste?- Le pregunté a mi madrastra.
-Porque no es mi problema si se te hace tarde o no. -Dijo desinteresada.
Terminé de desayunar apurada y me fui dando un portazo.
Odiaba a esa mujer, destruyó a la única familia que tenía... Y no dudo que esa arpía haya sido la culpable del asesinato de mi padre.
En el camino fui conociendo todo mi vecindario y a su vez, muchas personas me miraban con curiosidad, y otras con desprecio...
No podía quejarme, mi uniforme era bonito.
Cuando llegué, busqué a duras penas mi aula, me cambié los zapatos y me senté en un pupitre donde no había nadie.
Todos me veían raro mientras se susurraban cosas al oído.
En cuanto llegó la profesora todos se callaron y saludaron mientras la maestra me hacía una seña para que fuese con ella.
-¿Usted es la nueva alumna mexicana?- Preguntó.
Yo sorprendida asentí con la cabeza.
-¿Habla español?- Pregunté tartamudeando.
-Soy la profesora de inglés, pero mi familia es peruana. Te ayudaré mientras aún no sepas dominar el idioma- Dijo con amabilidad.
El día se desarrolló "normal", la única persona que me hablaba era la profesora obviamente.

Pasaron meses y no tenía amigos aún. Me sentía sola y devastada, ya que mi madrastra nunca estaba en casa; se la pasaba saliendo con muchos hombres adinerados.

Esa noche no pude dormir, por mi mente rondaban todo tipo de comentarios que podrían decir de mi...
Al día siguiente llegué a la escuela un poco más temprano de lo normal.
Parecía que había llegado un chico nuevo, era alto delgado, de tez muy blanca, muy pálido, su cabello era largo, su cuello era largo y el largo de su cabello terminaba con el de su cuello, su cabello era de un negro intenso, y sus ojos eran muy rasgados de un extraño color gris.
Nunca supe cómo se llamaba, pero todos le decían "Ahn", hasta los profesores le llamaban así, supongo que ese era su apellido...
Al parecer tenía excelentes notas, y venía de estudiar 3 años en Francia.
Todas las chicas estaban rendidas a sus pies. Lo admito, era muy guapo.
Para mi sorpresa se sentó a mi lado... Nadie antes se había querido a sentarse a mi lado desde que había llegado a esta escuela.
Todas las chicas me miraban como si fuese la peor persona del mundo...
No le presté mucha atención a lo que hacía, me concentré en mi trabajo sin voltearlo a ver.
Minutos después me sentí... ¿Observada?
Miré de reojo hacia mi izquierda y me di cuenta de que él me observaba. Me sentí muy incómoda. Me armé de valor y voltee a verlo; parecía que iba a decir algo.
En cuanto iba a empezar a hablar sonó el timbre del almuerzo y aproveché para irme antes de que me dijese algo.
Soy muy tímida, no soy buena hablando con los chicos, ni siquiera en mi país había tenido novio, le caía mal a todos los chicos de mi clase, y eso que nunca les hablé... Ahora que recuerdo eso se me hace gracioso, me preocupaba por cosas tan insignificantes como esas...
Me senté al lado de mi árbol favorito de toda la escuela y comí mi almuerzo.
Lo incómodo vino cuando regresé al aula... Él estaba ahí y cuando entré volteó a verme.
Me puse roja y entré agachando la cabeza y me senté en mi lugar.
Esta vez no pude escapar.
-¿De dónde eres?- Preguntó con seriedad.
-¿Hablas español?- Le pregunté sorprendida.
-¿Te sorprende?- Dijo frunciendo el ceño.
-N-no bueno, yo...- Dije mientras agachaba la cabeza.
Después de ese largo diálogo, sólo se dedicó a sonreírme con amabilidad.
Su sonrisa era muy linda... Demasiado linda.
Sólo volví a agachar la cabeza y suspiré.
-Lo siento- Dije con tristeza.
Era la primera persona que me había hablado aparte de la profesora y ya lo había estropeado.
El resto del día se me hizo eterno.

-¡Hey!, ¿A dónde vas?- Gritó él cuando iba saliendo del aula.
-A mi casa, ¿a dónde más iría?- Dije mientras me alejaba.

De repente, sentí como me tomaba del brazo.

-Ven conmigo- Dijo con seriedad.

Él caminaba muy rápido, así que me costó trabajo seguirle el paso.
Me llevó a un cuarto de servicio, estaba oscuro... Pensé lo peor.
Prendió la luz y vi que sacó algo de su mochila... Era mi libreta, mi libreta de dibujo.
-Intenté dártela antes, pero salías corriendo cada vez que intentaba hablarte.- Dijo con una sonrisa burlona.
Me sentí muy tonta... Se me había caído cuando intenté evitarlo...
-G-gracias y lo siento- Dije tratando de irme cuanto antes de ése lugar.
-¿Sólo sabes decir "lo siento"?- Dijo con un tono frustrado mientras me sostenía del brazo.
-Odio a ese tipo de personas, vete.- Dijo enojado.
Sólo agaché la cabeza y me fui con tristeza... Hasta los nuevos me trataban así.
Regresé a mi casa y como de costumbre, no estaba mi madrastra.
No había nada de comer, así que preparé un ramen instantáneo.
Me bañé y fui a "dormir", en realidad, pensaba en cómo sería mi vida si mi madre y mi padre siguiesen conmigo... Llorar se había vuelto habitual para mi.
-Me pregunto si habrá visto alguno de mis dibujos...- Dije en voz baja.

Revisé rápidamente mis redes sociales, tenía un mensaje de mi mejor amiga, Casandra.
"Creo que deberíamos acabar con nuestra amistad, la verdad nunca sentí una verdadera amistad por ti, es mejor que dejes de molestarme con mensajes diciéndome lo "horrible" que es tu vida, sinceramente eres una exagerada de mierda y a mi me vale si lo estás pasando mal o no. Hay gente que está peor que tú y no se queja."
Esas fueron las palabras que terminaron de matarme...

Como de costumbre, lloré. No pude conciliar el sueño así que tomé pastillas para dormir.
Al día siguiente, amaneció lloviendo, un clima perfecto para mi y mi estado de ánimo... Ya había tomado una decisión.
Llegué tarde, caminé muy lento y no tenía paraguas.
Cuando llegué a la puerta, sentí como la lluvia ya no caía sobre mí... Era él.
-Que molestia, tengo que cuidar de ti también.- Dijo enojado.
-No tienes por qué hacerlo.- Dije enojada mientras secaba mis lágrimas e iba corriendo al aula.

Debido al mal clima, casi ningún maestro había podido llegar a dar clases.
Aproveché para cambiarme, estaba empapada.
Me deslicé por la pared y pensé en la decisión que había tomado. Al volverlo a pensar, solté en llanto.
Y él volvió a aparecer...
-¿Quieres callarte? No puedo estudiar en paz con tus lloriqueos.- Dijo burlándose.
-¡DEJA DE MOLESTARME MALDITO BASTARDO!-Grité con furia y lágrimas en mis ojos.
Al fin y al cabo, quería que esas últimas palabras quedásen en su memoria para siempre.

Me dirigí a la azotea.
Lamentando haber nacido, me dirigí hacia la orilla.
-Lo siento mucho papá... No fui lo suficientemente fuerte...- Dije llorando.
Me sometí a un sueño profundo...

My dear princeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora