PRÓLOGO

1.5K 73 2
                                        

Ese recuerdo seguía repitiéndose una y otra vez en la cabeza de David Vega, el día exacto no lo recordaba, pero había ocurrido hace doce años atrás, y lo importante no era la misión de la que volvía luego de estar encubierto en Europa por más de un mes, sin conexión absoluta con su vida normal. Eran sus hijas, el día en que había llegado a su casa, directo desde el avión privado de la agencia, envuelto en barro porque una simple ducha no podía intervenir ese reencuentro. Por lo menos eso había decidido apenas colgó el celular de su charla con Holly, su esposa.

"¡Papá! ¡Papá!", gritó la menor de sus hijas apenas sintió la alarma del aparato de la puerta, corriendo a los brazos de su padre, oliendo y reconociendo el sentimiento cálido que implicaba tal abrazo.

"¡Mis pequeñas!", dejó caer sus bolsos al suelo, y rodeó sus brazos en las luces de su vida. Tori había crecido, un par de centímetros apenas, quizás milímetros, pero lo notaba de inmediato, mientras que Trina definitivamente había comenzado a usar maquillaje. Pensó en darle un sermón, porque Dios, apenas tenía once años, pero su luego la notó a ella. A la mujer que le dio la oportunidad de ser padre, a la mujer de su vida.

"Te extrañé, papá", Tori se bajó de los brazos de David y corrió hasta la mesa central de su living, aprovechando Holly el momento de besar a su marido. Cuando volvió la pequeña Vega hasta la mini reunión de su familia, sostenía orgullosamente el certificado de aceptación que le había llegado temprano esa semana.

"¿Qué es eso? ¿El certificado de aceptación?", preguntó orgulloso David mientras lo leía. "¿Ya fueron los exámenes de admisión?", le preguntó esta vez a Holly, sonriendo.

"El anuncio fue sorpresa, como siempre, unos días después que te fuiste", le respondió Holly. "Trina quedó en la sección D, pero Tori quedó en primera división, de hecho, ya empezó a tomar algunas clases para avanzar".

En ese momento no había pensado sobre los peligros de su profesión, él mismo no habiendo tenido ningún accidente desde que egresó de la academia. Pero ahora, estando atado de manos y piernas, con movilidad limitada, y siendo envenenado con quizá qué sustancia, se arrepentía de haberlas dejado ir, de permitir tan error y descuido como padre de las pequeñas. En una situación de vida y muerte, normalmente uno se preocupa de su propia vida y muerte, pero David no podía dejar de pensar en sus hijas, en especial de Tori. Ella le seguía sus pasos, era el futuro de la Institución, y si él no estaba presente para protegerla... La única razón por la que aún no se retiraba a sus ya casi cincuenta años era que mientras él estuviera disponible para las misiones más difíciles y complicadas, ninguna persona del comité directivo tendría motivo para pedirle a su hija, número uno de la nueva generación de espías elite, que las hiciera.

Pronto, junto al sonido de las ratas que bebían el agua que se acumulaba constantemente en las esquinas, le acompañó el sonido de los pasos bajando las escaleras de aquel que asumía ser una especie de subterráneo. El metal seguía crujiendo y el sonido aumentaba a medida que se acercaba, lo que le ayudó a hacer un mapa mental de la salida, de la posición de la escalera, cantidad de peldaños, y accesos y puertas en el camino. Su habitación actualmente era de aproximadamente 3 x 3 metros, la escalera era en línea recta, ubicada detrás de una pared a su izquierda, cerca de veinticinco peldaños lo que lo ubicaba en dos niveles más bajos del nivel del acceso primero, habiendo otras dos puertas en el camino. Le tomaría por lo menos treinta segundos en su estado actual salir de allí corriendo (menos de diez segundos si estuviera en una buena condición de salud), pero seguía sin saber lo que se encontraría una vez arriba, y desconocía también la cantidad de agentes con los que tendría que pelear.

Dentro de su desconocimiento, también se encontraba el tiempo en que había sido mantenido allí. Estaba mareado, y suponía que los movimientos de las paredes era debido al veneno que le había inyectado cuando fue capturado, lo que por lo menos le daba una idea de que, si estaba aún vivo, la sustancia era débil y estaba perdiendo efecto dentro de él, por lo que le dio un rango de horas hasta un par de días. Si hubiera sido fuerte y de impacto corto, ya estaría muerto, o fuerte, pero de impacto lento, en una semana seguiría despierto, pero alguna parte de su cuerpo estaría muriendo, y hasta donde se había revisado apenas despertó, estaba completo y sano, en lo posible.

ON THE RUNWhere stories live. Discover now