XXII

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Febrero es más que San Valentín.

Por alguna extraña y preocupante razón, Hermione pasó varias semanas en la enfermería. Corrieron rumores sobre su desaparición cuando el resto del colegio regresó a Hogwarts al final de las vacaciones de Navidad, porque naturalmente todos creyeron que la habían atacado. Eran tantos los alumnos que se daban una vuelta por la enfermería tratando de echarle la vista encima, que la señora Pomfrey quitó las cortinas de su propia cama y las puso en la de Hermione para ahorrarle la vergüenza de que la vieran con la cara peluda.

Cyrine casi se desmaya cuando se enteró, sin embargo, ver a Hermione mitad niña mitad gato fue una de sus últimas preocupaciones. De hecho, las cosas fueron más claras cuando Hermione comenzó con un extenso vómito verbal relatando sus desapariciones junto a Ron y Harry y el verdadero motivo de cómo llegó a tener bigotes y cola. Cyrine no pudo evitar sentirse decepcionada.

Ron y Harry querían probar a toda costa que Draco era culpable de haber soltado al monstruo de Slytherin contra los hijos de muggles, así que Hermione ideó un plan para que pudiesen infiltrarse a la sala común de Slytherin para sonsacarle información a su primo, disfrazándose de los desagradables Crabbe y Goyle con la poción multijugos. Un plan que se llevó a cabo el día de navidad, haciendo que Cyrine atara los cabos sueltos que tanto le rondaban en la cabeza.

Se sintió herida, traicionada y dejada de lado.

Hermione ni siquiera pudo enfrentarla directamente, habló todo ese rato mirando sus manos peludas con el arrepentimiento mostrado en los pequeños maullidos que soltaba inconscientemente.

—Lo lamento tanto, Cyrine, no lo pensé bien y tan sólo quería que resolviéramos el misterio, pero nunca quise dejarte de lado. Ron y Harry me pidieron que no te dijéramos nada porque… porque…

—Porque le iría a Draco con el cuento —terminó Cyrine con amargura.

Hermione abrió la boca para responder, pero las cortinas corriéndose le impidieron hablar. Ron y Harry se detuvieron a medio camino de una conversación a la que Cyrine no le prestó atención y ambos se le quedaron viendo fijamente, enmudeciendo rápidamente.

Cyrine resopló y se paró de la silla, depositando en la mesita de noche un par de cuadernos.

—Aquí están mis apuntes y las tareas de ésta semana —comentó aclarándose la garganta—. Recupérate pronto, nos estamos viendo.

—Gracias, Cyrine.

Ella le sonrió a modo se respuesta y se fue, pasando a un costado de un par de silenciosos chicos y saliendo lo más rápido posible de la enfermería. La cabeza le daba vueltas y le zumbaba de manera molesta mientras sentía un familiar cosquilleo en la nariz que le aventuraba ninguna buena reacción.

Inhaló y exhaló, calmando su repentina respiración agitada y movió la cabeza de lado a lado. Necesitaba controlarse, últimamente todo le afectaba de manera tan íntima que era frustrante, sin embargo, Dumbledore dijo que era normal, dado a que a medida que aprendía a conectarse con sus poderes, se volvía más vulnerable a los sucesos que la rodeaban constantemente, en especial si se trataban de sus propios problemas. Una desgracia de efecto secundario, si le preguntan.

El resto del mes de enero pasó con calma, Cyrine aprendió gratamente de la ayuda que Freya le daba, así como también le dio una charla de sexualidad cuando se enteró de sus malestares a mediados del mes. Cyrine no podía controlar el furiosos tono rojo de su cara mientras la escuchaba atentamente y casi sin parpadear. Sebastian, por otro lado, se divertía jugando con su varita acompañando a Cyrine en la biblioteca cuando estudiaba o copiaba sus apuntes para Hermione.

「Loyalty」 HPDonde viven las historias. Descúbrelo ahora