Capítulo 35

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Ella no pudo articular ni una sola palabra, parecía como si su garganta se hubiese cerrado. Su respiración aún era agitada, y sentía sobre sus labios una presión caliente que no se iba. Adrien la soltó dejando escapar un frustrado gruñido y comenzó a caminar para irse. Marinette estaba quieta en su lugar, tratando de encontrar pensamientos, de concentrarse en algo preciso. Vio como él desaparecía detrás de una de las puertas de salida, y sintió como el aire que estaba aguantando salía de su cuerpo.

-Me besó.- susurró y se acercó a una de las sillas para sentarse.

....::....

-Marinette, voy a llevarte a tu casa.

-No, hasta que escuches todo lo que te tengo que decirte.

-Bueno, pero por lo menos entra un poco. No quiero que te caigas.

-¡Ja! ¿Ahora te importo? Estoy segura que ayer ni siquiera sabías que estaba viva o muerta.

-No seas exagerada.

-¿Ahora me tratas de loca? ¿Qué pasó contigo? ¿Dónde está el Adrien dulce y compañero de hace un mes? ¿Lo tienes por ahí?

....::....

Sacudió su cabeza y se puso rápidamente de pie.

-Oh, Dios santo.- dijo en voz alta. Ella había ido a la habitación de él, y lo había besado esa noche en la que salió con su mejor amiga. ¡No, eso no podía ser peor! Corrió hacia la habitación de su amiga. Alya dió un salto del susto cuando la vio entrar.

-¿Qué pasa?- le preguntó mientras intentaba sentarse.

-Lo siento, perdóname. Soy una bestia, no debí decirte esas cosas.- le dijo mientras se acercaba a ella y hacía un gesto para que se quedará quieta.

-Tranquila, cariño, sé porqué te pones así. Y tienes razón... soy una idiota.- dijo y sus ojos otra vez se llenaron de lágrimas.

-No, no, no eres una idiota. Sólo estabas asustada, y yo tengo que comprenderte y estar contigo. No enojarme e irme.- habló la azabache.

-¿Dónde está Adrien?

-Se fue.- sentenció ella mientras sentía como sus mejillas tomaban color.

-No pelees con él. Por favor. Sólo está ciego, no sabe lo que hace...

-No, solo está hecho un imbécil.- sentenció ella- Pero eso no importa.

-Sí que importa.

-No, no importa...- la puerta del cuarto se abrió y una desesperada Marlena entró allí para acercarse de la misma forma a su hija, para besarla y comenzar a llorar.

-Ya, mamí, ya...- le habló Alya intentando calmarla.

-¿Qué hice mal mi amor? ¿Qué hice mal para que hagas una cosa así?- le preguntó.

-No, mamí, no. Tú no tienes la culpa de nada. Yo soy la única responsable... Lo siento tanto mamá.- comenzó a llorar de nuevo para abrazar a su madre quien también volvió a romper en llanto.

El primer amor siempre duele -MLB AU-Donde viven las historias. Descúbrelo ahora