Capítulo VII: Estás en casa.

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Iba a regresar con Kurt a comer la gigante pizza que acababa de llegar, pero supuse que él querría tomar algo. Fui a la cocina, o a lo que se supone sería una cocina, en donde sólo había una barra que fungía como comedor. También había un refrigerador enorme lleno de bebidas diversas y algunas frutas; lo había llenado desde mi primer visita, supuse que podía comer pizza y comida china o no comer nada, pero de ninguna manera podía estar sin beber mis sodas favoritas. Tomé algunas latas de soda de diferentes sabores y una cerveza, ya él decidiría qué beber.Regresé y él estaba aún esperando, sin comer un sólo bocado. "De ser yo, hubiera comido ya media pizza", pensé. 

—¿Qué te apetece? -le pregunté y ofrecí la variedad de bebidas-. ¿Soda? 

—Sí, qué bien que tengas de éstas -tomó una de naranja.

—Soy casi adicta a ellas, no puedo tener una comida decente sin una, me siento casi incompleta. Tengo todas las que quieras, si quieres otra, puedes tomarla. 

—Gracias -dijo en verdad alegre-. Oye... ¿Me vas a hablar de ti por fin? 

—¿De mí? -me sorprendí-. Pensé que era yo quien intentaría conocerte. 

—Claro, pero creo que yo tengo más dudas sobre ti que las que tú pudieras tener sobre mí. 

—¿Por qué? 

—Eres rara y al mismo tiempo entrarías a mi "rango" -simuló comillas con sus dedos- de lo normal. 

—Vaya... -me dejó sin palabras por unos segundos-. Pues, pregunta.—¿No te molesta?

—No, claro que no. Tú pregunta lo que quieras y luego yo intentaré entrevistarte a ti.

—Vale. Dime, ¿de dónde eres? Tienes un acento algo raro.

—Pues, soy de Los Ángeles. El acento es como firma de familia, si es que así se le puede decir. Mi padre es alemán, mi mamá es mexicana, y en L.A. he tenido muchos amigos hispanos. Mi acento es una mezcla de todo, supongo. Las palabras y acentos son cosas que se me pegan muy rápido. 

—¿En serio? Vaya, más tarde me hablarás de eso -rió-. Y, ehm... ¿cómo te llamas? Supongo que tendrás apellidos. 

—Erika Michelle Luise Wagenknecht.

—¿Qué? -rió como loco y lo miré con los ojos entrecerrados por la burla a mi, debo aceptar, peculiar nombre-. No... perdona -conservó una sonrisa en el rostro-. ¿Tienes algún hobbie o algo así? 

—No... bueno, escribo. Pero ya he tratado de dejarlo. 

—¿Por? 

—No me dejará nada al último; mi familia se dedica a las leyes, a las empresas. Mis cosas son, aparte de idiotas, incompletas y sin sentido.

—No digas eso -cambió su semblante-, las cosas no siempre te tienen que dejar "algo''. Debes de hacer lo que amas, ¿no crees?

—¿Para qué? No tiene sentido. Sin el ''apoyo'' de mi familia no soy nadie; no tendría este apartamento, la supuesta cultura que tengo, los viajes, estas sodas... 

—Entonces la gente como yo no es nadie.

—¿Como tú? -lo miré casi preocupada-. ¿Tú qué tipo de gente eres? 

—Todo lo que mencionaste: gente sin apoyo, sin familia, sin este tipo de departamentos, sin cultura, viajes o siquiera sodas. Esa es la gente como yo.

—No, no quise decir eso. Es que, en mi familia, si no triunfas de la manera en la que los demás, entonces no eres nadie. Siento que les debo tanto, que tengo que ser lo que ellos quieren. Antes solía ser yo quien lo quería, pero ahora sólo estudiaré leyes por ellos.

Poesía & BasuraWhere stories live. Discover now