Capítulo IV: Insomnio.

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Entré al edificio, y mientras subía las escaleras, me detuve en el tercer piso. Me asomé por la ventana y vi la camioneta salir por donde había entrado; al parecer no quiso ir hasta el otro lado y prefirió regresar. Me daban unas ganas terribles de ir con él a preguntarle por qué "hasta luego". Saber para qué me quería ver. Supuse que al igual que yo, él se sentía un poco intrigado, tal vez por mi personalidad. Y no es que yo sea una persona interesante, pero muchas de mis amistades me comenzaron a tratar porque les parecía "rara"; no sé tampoco qué quiera decir eso de "rara" en mí, pero era lo que atraía a algunas personas.Siempre me había considerado normal, no sé, nada especial, pero en segundo año de secundaria (es decir, la segunda vez que lo tuve que cursar, dado a que en la primera escuela me habían expulsado), en ese año las cosas cambiaron mucho. Parecía que mi personalidad había cambiado por completo; pasé de ser una chica extrovertida y socialmente aceptada, a ser una semi "nerd", auto-excluida y antisocial. Guardé mis materialismos y me concentré en otras cosas que había dejado atrás, como mis propios ideales, por ejemplo.En fin, supongo que esa "rara" era lo que podía haber interesado a aquel muchacho rubio pero, ¿qué era lo que me intrigaba a mí de él? 

Cuando llegué al séptimo piso, al departamento de Martha, ella me abrió sin poner alegatos o quejas, me disculpé con ella y ella extrañamente estaba calmada. No me dijo mucho, sólo me preguntó en dónde había estado en ese tiempo si no había ido con mi hermano. No quise decirle que había estado en compañía de dos completos desconocidos, es que, eso no es normal en mí, así que le dije que me la pasé rondando un rato por las calles, pensando en qué decirle a mis padres y mi hermano por no haber asistido a la entrevista de empleo. 

Tomé mis cosas y me fui donde mi hermana. Tras dos horas de viaje, ahí estaba yo: soportando los regaños de la misma. Pero la verdad es que sus gritos no me importaban, en mi cabeza no había más que el roce de sus manos, las de Kurt con las mías. No había más que su reflejo en el espejo, sus ojos en la lluvia, su voz en mi oído, su mandíbula apretada, sus pocas palabras... no había más. Esa noche dormí temprano, la cabeza me daba aún vueltas, no había comido casi nada y la presión, como casi siempre, me había bajado a los suelos; temblaba y me moría de sueño. Me dormí pensando en él, cosa rara. Hacía tiempo que no me dormía pensando en alguien que no fuera alguno de mis idiotas novios en la preparatoria o secundaria.

Pasaron tres semanas y Krist no llamaba; me estaba desesperando. Creí que él de verdad quería contactarme como me había dicho antes, por algo le dí el número de mi hermana, pero no hubo llamadas. Casi todas las tardes salía de "fiesta" con Martha y otras tres amigas, generalmente ellas terminaban borrachas o drogadas y cayendo en el suelo mientras yo las llevaba a casa. Al ver esas escenas pensaba que eso era lo último que yo querría para mí. Yo sólo bebía hasta que me empezaba a sentir extraña, después de eso mejor dejaba el alcohol de lado. Jamás probé otra cosa que no fueran cigarrillos; me daba terror terminar siendo una adicta, tanto, que pensé muchas veces en dejar esas amistades, pues tal vez en el fondo mis padres tenían razón y un día terminaría como ellas o peor. Y es que yo tiendo a llevar todo a extremos, conmigo nada es a medias.

Cierto día llegué casi en la madrugada a casa de mi hermana después de haber ido a dejar a cada una de las ebrias de mis amigas a sus casas, afortunadamente ella no estaba despierta, sólo su esposo, Charlie, mi cuñado favorito (que era más bien como un hermano). Él me entendía perfectamente, me conocía y confiaba en mí. Lo saludé y traté de arrastrarme a mi habitación.

—Oye, no tan rápido, señorita -me dijo mientras comía un trozo de pizza- Te han llamado varias veces, creo que fue el mismo chico, la última vez me dejó su número, dijo que le marcaras a cualquier hora. 

Mis ojos se iluminaron, sentí un escalofrío en la espalda.

—¿Dijo su nombre? -pregunté nerviosa.

Poesía & BasuraWhere stories live. Discover now