23. Amigos con derechos.

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                                                                  23.    Amigos con derechos.

Joder, no sabes cuanto había deseado esto. —Bajó sus besos a mi cuello y eché mi cabeza hacia atrás para darle mejor acceso. Mordió suavemente la piel entre mi cuello y mi clavícula y gemí.

—No puedes, simplemente, terminar una discusión así —reclamé contradiciéndome pues me encontraba con los ojos cerrados y la cabeza hacía atrás, preparada para lo que Luke Hemmings quisiese hacerme.

—No ha parecido importarte —se regodeó y noté como sus besos subían de nuevo por mi cuello—. No sabes lo que he esperado para tenerte así. Sin reclamos, simplemente dejándote llevar. Por mi —confesó y besó el lóbulo de mi oreja—. Te he echado de menos como un completo loco. —Y mordió aquella zona haciéndome soltar otro pequeño gemido acompañado de una carcajada suya. Me separé de él mirando sus ojos azules, oscurecidos levemente. Me mordí el labio inferior avergonzada viendo como su mirada se tornaba más lujuriosa a medida que miraba mi cuerpo.—Eres tan preciosa. Tan sexy, tan...

—Luke, no... no voy a tener relaciones contigo... —le aseguré parando su serie de halagos hacia mí y él volvió a reírse.

—¿De verdad crees que te estoy diciendo todo esto para llevarte a la cama? —preguntó divertido y mordí, de nuevo, mi labio inferior—. Asumí hace tiempo que contigo no hay manera de llegar a algo más que esto, ángel, eres lo más parecido a una monja que he conocido —bromeó y le golpeé el hombro—. ¿Estás cansada? —Asentí, agarró mi mano y tiró de mi hacia una de las habitaciones. Era espaciosa y tenía un sofá, una cama de matrimonio y una gran televisión delante de esta.

—Piedra, papel o tijera, quien pierda duerme en el sofá —impuse mientras posicionaba mis manos detrás de mi espalda pensando que sacaría.

—¿Estás de coña, verdad? Vamos a dormir los dos en la cama.

—No.

—Oh, vamos, ángel, no voy a violarte.

—¿Eres sonámbulo?

—No.

—¿Hablas en sueños?

—No.

—¿Roncas?

—Sí —Se encogió de hombros tras su afirmación y me mordí el interior de mi mejilla para no reír.

—Entonces, definitivamente, no dormiremos en el mismo lugar.

—¿Acaso tú no haces algo de lo que me has preguntado? —inquirió mientras fruncía el ceño.

—No, yo doy patadas de vez en cuando.

—¿Tú eres una salvaje mientras duermes y no quieres dormir conmigo porque ronco?

—Lo vas pillando —bufó y le saqué la lengua infantilmente.

—Entra en la cama y ya.

—Deja de ser dominante conmigo.

—¿Puede la señorita Irwin meter su culo en la cama de una puñetera vez? —pidió y reí, divertida por verle irritado y señalando la cama.

—Ibas bien hasta que soltaste la última expresión.

—Oh, vamos, métete en la cama de una vez.

—Oblígame —le reté y rápidamente llevé mis manos a mis labios recordando como habíamos acabado la última vez que le había dicho que me obligase a algo.

—¿Qué pasa? ¿No puedes estar cinco minutos sin que te bese? —presumió engreído mientras se acercaba peligrosamente a mí.

—Está bien, nos meteremos juntos en la cama pero sobrepásate lo más mínimo y prometo cortarte las manos. Hablo en serio Hemmings —le amenacé mientras echaba la colcha hacia atrás y él se puso recto mientras se llevaba dos dedos a la frente y decía "Sí, mi capitán"

Rebeldía (Luke Hemmings)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora