"Algo se acerca"

2 0 0
                                          


.- Decidme hija, ¿Si os preguntase que es lo que más deseáis en este mundo, que responderíais?

.- ¿Mis hermanas ya han escogido elogio de su madre?

.- Así es... ellas ya han escogido su pretensión. Ahora os toca a vos.

.- Solo hay una cosa que mas desearía en este mundo, madre.

.- Y es...

.- Encontradle a "el".

.- Oh mi niña...Todas las cosas ya tiene su sino, todo esta tejido en el gran manto del universo. Para encontradle deberéis de adoptar "una forma" para que vuestros caminos puedan cruzarse. No puedo ofrecerte ese deseo, pero si transformarte en una pieza clave de su camino. El amor, si es verdadero hará el resto.... "! Por el orden que se me ha otorgado por los mas grandes, por el bien de todas las cosas yo te quito tu condición humana!

(tras el hechizo, el torbellino de luciérnagas envolventes transformó a la joven en una escultura de madera como si fuera un mascarón de proa)

.- ¡Oh mi niña!..!mi pequeña!... yo no puedo dejarte así. Voy a ofrecerte mi don mas preciado. Yo te ofrezco... "el poder del aire".

Black Rouse. Parte II

Una mañana como otra.

La aurora del alba asomaba su cabellera dorada, tocando suavemente los colores de todas las cosas, transformando las difusas y apagadas tonalidades de la noche en pigmentos claros y llenos de vigor. Como un guerrero triunfante, desafiando a las nubes y besando las aguas saladas del atlántico. Las rocas de los acantilados de la costa, monumentos naturales, muros colosales, montañas cinceladas por los fuertes vientos y las tempestades, gobernantes de sus playas de arena gruesa, se enfrentaban a los primeros rayos del sol como una horda de corpulentos soldados, paralizados, petrificados, con frondosos y verdes cabellos en su cima, afilados riscos y pedruscos, avizores contra la alboreada y con su capa en la espalda manteniendo las tinieblas de la noche. La turba a sus pies de diversas tonalidades, gravilla que recibía, como tantas veces, a las concubinas del mar con destino incierto, para fundirse con cuerpo y alma al manto rugoso de la frontera entre el reino de las rocas y el basto imperio del océano, empujadas, por la canción silenciosa de la brisa, que no se escucha pero que hace danzar a las hojas de la vegetación, y por la fuerza imperante del astro rey que se presenciaba como el regente de todas las cosas.

En un rincón, cobijado por dos laderas de una misma montaña, un pequeño pueblo de pescadores: casas escalonadas a los brazos de la sierra que las protege, formando un sinuoso laberinto de calles de paredes blancas de rugosa textura, esa cal contrastaba con los diversos colores de las flores de macetas colgantes en balcones y ventanas. Las techumbres, de los hogares de adobe eran algunas de "terraza" y otras de dos vertientes, irregulares entre si, manteniendo el color albino de todas las estructuras. Un gran campanario en el centro de la zona urbana, encima de un pequeño montículo, como un gobernante ante el pregón de su pueblo, la iglesia en el centro y las casuchas a su alrededor. La plaza mayor, como pasaba con algunas de las calles principales, no estaban circundante al templo de dios, pues tocaban al muelle, una estructura de maderos que cobijaba a cientos de navíos en sus brazos, barcazas viejas, cocas mercantes y multitud de barcas de pescadores.

En una de esas calles, una mujer salía de su casa en primera línea de mar. En sus brazos sustentaba un capacho de mimbre de ropa sucia. Se dirigía al lavadero.

A su paso, una serie de pequeños y familiares acontecimientos: El olor a pan recién hecho de la Tahona de la bocacalle, el carpintero acabando lo que parecía ser una silla, el estruendo ruido del acero contra el hierro y al llegar al puerto el majestuoso esplendor de la mañana, el sol saliendo entre las nubes, las aguas brillando, y el sonido de las gaviotas.

"Black Rouse"Donde viven las historias. Descúbrelo ahora