"Uno de los nuestros"

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La noche cubría el cielo azul. Las estrellas, pequeños y diminutas lucecitas comenzaban a adornar el basto e infinita cúpula celestial. La luna, que mostraba su completo rostro, se miraba ante unas aguas extrañamente apaciguadas. El océano Atlántico, también ofrecía su tregua para todos aquellos navegantes, que querían desafiar su suerte ante las turbulentas mareas de los mares del oeste de África. Sin embargo, todo parecía estar tranquilo.

El sonido de la madera vieja y húmeda, abastecida de agua salada, sonaba con la brisa como una "nana" que adormecía al más despiadado de los piratas del Asha-Nari. Tan solo los candiles de grasa de ballena, representaban una coreografía en su pequeño escenario de cristal, donde las danzantes flamas iluminaban a espectadores embriagados y adormecidos. En la mazmorra del barco, cerca del almacén de carga, donde Narea se encontraba con su gente de Nomaitu, se oían voces en susurros y hablando entre ellas. "Jana" hermana de Narea, se le acercó a su regazo. Tenía frío y mucho miedo.

Se acurrucó entre sus muslos y pecho, como si fuera una niña de 7 años. Jana no había tenido tanta mala suerte como las demás, al parecer la suerte aún le sonreía, a pesar de todo lo acontecido los últimos días. Era la joya de su tío "Ghadah". Todas y cada unas de las siete primas, eran sus perlas de mar, pero "Jana" era su tesoro mas preciado. No solo por su tío, sino por todos los del poblado. Era una de esas niñas tan especiales en que los dioses le habían dado el don de "ángel": buena, graciosa con todos, agradecida y sin ningún tipo de maldad en su corazón, generosa y muy bonita.

Narea le acariciaba el revoltoso cabello negro. Tenía 15 años, uno más que ella. Las dos eran "mujer" y listas para ser esposa y madre. Preparadas para llevar una choza con bastantes gallinas y cabras, para tener hijos y ampliar el pueblo de sus ancestros y honrar así a su padre y madre.

Que tan distinto era de sus más ansiados sueños. ¿Por qué estaban allí? Ellas no se merecían esto.

Narea recordaba mientras juntaba su mejilla con el cabello de Jana. Cerraba los ojos y pensaba en muchas cosas...

"cuando corrían por la pradera junto con las flores, deshaciéndose de los grilletes en forma de "cazo" de madera para llevar el agua como tantas mañanas y se ofrecían así mismas unos momentos de diversión. Corrían y corrían, a pesar de estar agotadas por las infinitas tareas que supone ser una mujer nigeriana en aquellos tiempos. Pero cuando llegaban al punto más alto, abrían sus brazos para sentir el viento con toda su grandeza. Sonreían, por que sentían que volaban, como los pájaros "libres" y pudiendo ir a cualquier parte del mundo."

" O cuando llegaban al río, en una parte donde el fango era sutilmente engorroso y blando, jugando mientras las demás las miraban cuando iban a recoger el agua para llevarla a sus chozas de adobe."

"En uno de esos y tantos recuerdos, cuando tan solo tenían a penas 6 y 7 años de edad, Jana le dijo.- "Narea, tu siempre serás mi hermana... ¿sabes?... cuando te cases, yo también lo haré. Te presentarán a un hombre grande y rico y yo también y las dos siempre estaremos juntas... juntas para siempre.".- Las dos se miraban y se reían.."

Narea recordaba aquel día como si fuera ahora mismo, pero sin sonrisas ni sueños. Un lagrima se le escapo de su ojo, mojando calidamente el cabello de una Jana ya dormida.

Pero en aquel lugar, no solo estaban despiertas ellas dos. Una de las hermanas de Narea , "Adah" cuchicheaba con uno de los guardas.

.- ¡No!.. (dijo apartando las manos sucias de aquel intruso, que se había atrevido a entrar en aquella jaula de madera y hierro colado)

"Black Rouse"Donde viven las historias. Descúbrelo ahora