- ¡Imposible!

El hombre tenía la tez pálida, el pelo corto y oscuro con unos ojos lilas que destacaban miraba fijamente y serio a la cámara. La esposa tenía el pelo rojizo, pero no mucho, sus cabellos eran largos, atados en una trenza, sus ojos eran azules claro, y su tez igual de pálida que el marido. La niña que tenía en sus brazos, era clavada a mí, tenía al pelo largo y castaño claro, sus ojos eran azules y su tez era pálida, pero no como la de su padre. El niño que estaba en brazos del hombre era idéntico a él, sus cabellos cortos y oscuros, pero sus ojos eran de un color tirando a gris. Las dos sonreían abiertamente al contrario que ellos, que miraban fijamente a la cámara. De las dos sonrisas destacaba la de la niña, porque al sonreír se le hinchaban los mofletes y de entre sus labios dejaba entrever dos de los dientes que tenían que salirle al cabo del tiempo.

Las ropas de los adultos eran de un color serio, seguramente por su rango social, en cambio la de los niños era colorida y clara. La madre con un vestido azul oscuro y el padre con traje reflejaban la vestimenta de la clase alta, la niña de vestido rojo con un lacito igual en el pelo y el niño con un uniforme escolar reflejaban la riqueza de la familia.

- Pero, ¿de cuándo es esta foto? ¿no se supone que la condesa había muerto tras la muerte de su hijo?

- Si, pero esta foto es de mucho antes de ese fatídico día, fíjate que los niños aparentan uno o dos años, además en la leyenda ya caminan perfectamente e incluso hablan bien. Cuando sucedió tendrían los cinco o seis años.

- Si, puede ser. Osea que según esto tú crees que ¿Marcus es tu bisabuelo? 

- Si.

- ¡Dios!

-¿Qué? Ahora que ya lo sabemos no intentaras matarlo ¿verdad?

- Es increíble.

- ¿El qué?

- Pues todo esto, acabamos de descubrir que tu bisabuelo es un vampiro y que encima ha tratado de matarte en más de una ocasión. Ni que fuera esto una telenovela.

- Ahora que lo dices, tiene un poco de parecido. Pero ahora que lo sabemos, tendríamos que hablar con él ¿no?

- ¿Qué? ¿Por qué?

- Pues porque yo soy su biznieta y tu lo querrías saber si fueras él ¿no? Lo único que él sabe es que mi abuela se fue de casa cuando cumplió la mayoría de edad, a lo mejor no sabe ni que tiene una familia.

- Pero si tú y tu abuela sois idénticas, ¿Cómo no se iba a dar cuenta él solito?

- A ver Arco, piensa que para eso tienes el cerebro, esas fotos son de bebé, mi abuela era parecida a mi pero solo en esa edad. Y además debe de ser muy viejo, seguro que no se acuerda de mucho.

- Tienes razón, pero ¿Cómo haremos para que nos crea?

- Podemos enseñarle la foto, así puede que nos crea, si vamos con pruebas tiene que creernos. Seguramente recordara algo.

- Ya per te recuerdo esa obsesión que tiene contigo y con matarte, a lo mejor ni te da tiempo ni a enseñarle la foto. Pero tú misma.

Aunque me metió el miedo en el cuerpo, le quité la foto de las manos y me dirigí a la salida. Arco me alcanzo a la mitad del camino. Al llegar al bosque nos agarramos de las manos y nos adentramos hasta lo más profundo. Todo parecía revuelto, como si hubiera pasado un huracán o… un vampiro enfadado.

El árbol contra el que me había lanzado Marcus estaba tirado en el suelo, algunos de los árboles estaban también partidos o en el suelo. Al no haber árboles que ocultaran el sol, el bosque parecía más acogedor, más seguro. Ese era el bosque en el que yo había estado los años antes a que conociera a Marta y a Arco.

- No creo que este de buen humor, será mejor que nos vayamos si no quieres que tenga que hacer lo que tú no quieres que yo haga. 

- ¡No!, ya que hemos venido, se lo diremos y sin llegar a las manos.

- Lo que quieras, pero en cuanto las cosas se pongan feas, yo te llevó a casa.

- Vale.

- ¡Marcus!-gritemos al uníoslo.

El grito se oyó en todo el bosque. De entre los arbustos una familia de conejos silvestres salió de su madriguera para ver la luz del día que seguramente nunca habían visto. De repente de uno de los árboles que aún quedaban en pie aterrizó un hombre y se acercó a nosotros, separándonos unos pocos de metros.

- ¿Qué hacéis aquí? ¿qué es tan importante para molestarme?, normalmente mi trabajo es ese, no me quitéis protagonismo.

Yo fui la que se decidió a hablar de los dos, por lo que me adelanté un par de pasos y le dije:

- Te tengo que preguntar una cosa.

- ¿A mí? ¿una cosa?, no me hagas reír, que uno tiene ya sus años.

- Es importante- aseguró Arco, con un tono serio y duro.

-Bueno, pues decidme, ¿qué es eso tan importante que tenéis que preguntarme?

- ¿No te recuerdo a alguien?

- No ¿por?

- Creo que esta foto te refrescará la memoria.

Estire el brazo con la foto y Marcus se acercó para cogerla en menos de un segundo, parecía interesado en la foto.

- Lidia, mi pequeña Ana y mi querido Alan…- dijo mientras se le escapaban dos lágrimas, que le arrollaron por la cara- ¿Cómo es posible que tú tengas esta foto?

- Porque Ana es mi abuela, se casó y tuvo una hija, mi madre...

- Entonces ¿tú eres mi biznieta?

- Si.

- ¿Sigue viviendo Ana?

- No, murió en mi treceavo cumpleaños. Solo me quedan las fotos para recordarla, lo demás se perdió en el incendio de su casa.

- ¿Un incendio?

- Si, ocurrió al poco de su muerte, el resultado fue horrible, por lo que tuvieron que derruirla.

- Ahora que me fijo, tenéis un aire. 

- Bueno,-dijo Arco- ahora que sabes que Maya es tu biznieta, no intentaras matarla ¿no?

- Pero ¿cómo voy a intentar una cosa así?

- Que yo recuerde ayer mismo la querías matar, ¿porqué ese cambio de parecer?

- Porque ahora sé que es mi familia, y a la familia no se le ataca.

- Eso es verdad.- dije dándole la razón a Marcus.

Amor prohibidoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora