𓆩⁰⁰ᰔᩚ𓆪

21 2 9
                                        

Para:
V_Nekoarts
Vale_rodguez

𓆩Ⓟⓡⓞ́ⓛⓞⓖⓞ𓆪
︶︶꒦꒷♡꒷꒦︶︶

___El primer indicio de que algo iba mal fue el techo.

Jay parpadeó y la vigilia le devolvió una imagen imposible: vigas de madera oscura, una grieta en forma de Y sobre la tercera viga, el olor a incienso rancio y a esteras viejas. El Monasterio de la Perfección. Un lugar que no debería existir. No para él. No ya.

Se incorporó con el corazón golpeándole la garganta.

Sus manos temblaban. Las miró como si fueran ajenas: dedos demasiado lisos, nudillos sin cicatrices, la piel firme de alguien que aún no ha vivido nada. Algo estaba terriblemente mal. Algo se había roto en el orden de las cosas y él estaba en el centro de la fractura sin entender cómo ni por qué.

—No

Susurró

—. No, no, no...

Se llevó las manos a la cabeza. La presión en el pecho crecía, una marea negra que le comprimía las costillas y le robaba el aire. Intentó respirar hondo pero solo consiguió un espasmo seco, un jadeo roto que sonó a animal herido.

Esto no podía estar pasando.

Él estaba en otro lugar. En otro momento. Con otra vida.

Lo último que recordaba era... era...

Cerró los ojos con fuerza. Una puerta. El sonido metálico de una cerradura. Una discusión doméstica, de esas que no significan nada porque al final siempre había un beso en la frente y un "mañana compro yo la leche". El sabor del té en la boca. El calor de una mano conocida en la nuca.

Y luego nada.

Un vacío negro.

Y despertar aquí.

—No, no, no, por favor...

Las palabras salieron atropelladas, inútiles, rebotando contra las paredes de una habitación que no era la suya. Se abrazó el pecho, se meció hacia delante y hacia atrás, los ojos muy abiertos y la respiración convertida en un silbido agudo. El pánico era un animal vivo dentro de su garganta, arañando para salir.

No era solo el dónde. Era el cuándo. Lo sabía en los huesos, en la piel, en el vacío atroz que le carcomía el esternón. Algo fundamental se había desplazado. Algo que no tenía nombre ni explicación ni sentido.

¿Cómo iba a explicar esto? ¿A quién? ¿Con qué palabras?

Se miró las manos otra vez. Diecinueve años. Quizás menos. El cuerpo equivocado. La época equivocada. Todo equivocado.

Las lágrimas le rodaron por las mejillas sin permiso. No era un llanto liberador; era un derrumbe, un desmoronarse por dentro mientras por fuera todo seguía igual. El monasterio en silencio. El amanecer entrando por la ventana. El mundo ajeno a su catástrofe privada.

Él tenía una vida. Una vida real, construida con esfuerzo y errores y pequeñas victorias cotidianas. Una vida que le pertenecía. Y ahora estaba aquí, en una cama que no recordaba, en un cuerpo que no reconocía, con un agujero negro donde debería estar todo lo que amaba.

—No es real

Se dijo, apretando los párpados

—. No es real, no es real, estoy soñando, tengo que despertar...

Pero no despertó.

Se quedó sentado en el borde de la cama, abrazándose a sí mismo, meciéndose como un niño perdido en la oscuridad. El pánico iba y venía en oleadas: a ratos le permitía respirar, a ratos le hundía la cabeza entre las rodillas con un mareo nauseabundo. No sabía cuánto tiempo pasó. Los minutos eran irrelevantes cuando el tiempo mismo se había convertido en su enemigo.

En algún momento, entre un espasmo y otro, oyó pasos en el pasillo.

Se quedó inmóvil. El corazón le dio un vuelco doloroso.

—¿Jay?

La voz era joven. Demasiado joven. Y aun así, reconocerla fue como recibir un disparo a quemarropa.

Kai.

Llegas tarde otra vez. Sensei Wu está esperando. ¿Vas a salir o qué?

Jay no podía moverse. No podía hablar. Tenía la boca seca y los ojos hinchados y el alma rota en pedazos demasiado pequeños para recomponer.

Era Kai. Pero no era su Kai. Era un Kai sin historia, sin años compartidos, sin las marcas que el tiempo y la guerra y el amor habían grabado en su piel. Un Kai que no sabía nada. Que no recordaba nada. Que no le debía nada.

La puerta se entreabrió.

—¿Walker? ¿Estás...?

Kai se detuvo en el umbral. Vio a Jay sentado en la cama, pálido, tembloroso, con la cara surcada de lágrimas y los ojos enrojecidos fijos en un punto muerto de la pared.

El ceño fruncido de Kai vaciló. Por un segundo, solo un segundo, algo parecido a la inquietud atravesó su expresión.

—¿Qué te pasa?

Jay intentó responder. Abrió la boca pero solo salió un hilo de voz, un susurro tan frágil que apenas llenó el espacio entre ellos.

—No... no lo sé.

Se miraron.

Kai, de pie en la puerta, con el entrecejo arrugado y la mandíbula tensa, sin entender nada pero sin irse tampoco. Jay, desmoronado en la cama, con los ojos suplicantes de alguien que acaba de perderlo todo y ni siquiera puede explicar por qué.

—No sé qué me está pasando

Repitió Jay, y la verdad de esas palabras le supo a derrota.

Kai no dijo nada. Se quedó allí, en el umbral, viendo a su compañero de equipo deshacerse sin motivo aparente. Y en sus ojos —esos ojos que Jay conocía mejor que los suyos propios— había una chispa minúscula de algo que no era desprecio ni irritación.

Algo que quizás, solo quizás, se parecía al principio de una pregunta.

You've reached the end of published parts.

⏰ Last updated: Jul 21 ⏰

Add this story to your Library to get notified about new parts!

PlasmaShipping: A destiempo [Ninjago]Stories to obsess over. Discover now