Capítulo primero: Ruina Azul.

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La ciudad de Virelia no dormía, solo fingía. Bajo las luces falsas de las marquesinas, el acero resplandeciente de los rascacielos y el constante susurro de drones de vigilancia, la capital mundial de las Casas de Sangre ocultaba su verdadera esencia: hambre, poder y algo más sucio que el dinero.

Sonic Scott Everhart caminaba entre las sombras de esa maquinaria perfecta, vestido con ropa que no le pertenecía y un nombre que ya no significaba nada.

_"¿Alguna vez alguien ha caído tan lejos como yo?"_ pensó mientras apretaba el abrigo robado que le cubría hasta los muslos. Era de marca NOCTE, irónicamente. A veces los contenedores de desecho de la élite filtraban basura más elegante que la ropa nueva de las calles bajas. La ironía era exquisita, como todo lo que tenía que tragar desde hacía tres años.

Tres años desde que la Casa Everhart fue aniquilada en una sola noche. No por fuego ni sangre, sino por algo mucho más refinado: contratos rotos, rumores venenosos y acusaciones bien colocadas. En las élites no se asesinaba con cuchillos. Se hacía con notas de prensa y votos del Consejo.

Y en medio de eso, él: un Omega sin linaje, sin protección, sin utilidad.

"Lo tenían todo planeado. Incluso sabían dónde estaría yo cuando firmaron nuestra sentencia."

Él había escapado, sí. Pero no ileso. No emocionalmente. No genéticamente. Cada vez que se miraba al espejo y veía esos ojos Esmeralda-antes tan vivos, ahora opacos-sabía que algo dentro de él había muerto la misma noche en que los Everhart dejaron de existir.

Y sin embargo, seguía de pie. Aunque a nadie le importara. Aunque el mundo lo viera como lo que era ahora: una vergüenza, una ruina con piernas.

Ahora vivía en una de las zonas límite, donde los Betas se mezclaban con lo que quedaba de Omegas desclasificados. Alquilaba una habitación sin cerradura y dormía con una navaja bajo la almohada. Trabajaba lavando cristales en una torre de comunicaciones, a la que nunca tendría derecho a entrar.

Sus ciclos eran irregulares, y había tenido que recurrir a bloqueadores de mercado negro, de esos que te destrozan el sistema hormonal pero que al menos no te hacen desmayarte en la calle como un perro en celo.

"Suficiente para sobrevivir. Pero no para vivir."

A veces soñaba que su madre lo abrazaba, aunque ella ya no estaba desde antes de la caída. A veces soñaba que su padre regresaba y decía que todo era una prueba. Que él había pasado. Que aún era un Everhart.

Y otras veces, soñaba con Shadow.

La figura oscura. El Alfa perfecto. El arquitecto del infierno.

No sabía si fue él quien firmó la sentencia contra los Everhart, pero sí sabía que se benefició de ella. Fue su empresa la que absorbió los contratos y propiedades.

Fue aquella mujer que llevaba por nombre Selene Hedgehog, madre el primogénito Hedgehog, quien había presentado la denuncia original.

Y ahora... ahora Shadow lo había mandado llamar.

La carta había llegado sellada. No una carta, un documento oficial, con tinta viva y membrete dorado. Era tan hermosa como una amenaza de ejecución.

Sr. Everhart: Nos complacería contar con su presencia para una propuesta de valor mutuo bajo términos corporativos y legales. Se le garantiza seguridad, residencia y compensación. Reunión privada. Torre NOCTE. Piso 93. 20:00."

En ella no firmaba Shadow. Firmaba una mano sin nombre, como si ni siquiera valiera la pena recibir una firma directa.

Sonic se rió.

Y Arderás en mi nombreStories to obsess over. Discover now