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16. De vuelta a la realidad

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Esa semana regresaban mis amigas, habían estado de vacaciones. Cuando me llamaron para salir no puede negarme. El lunes fuimos a dar una vuelta, por el parque que está cerca de mi casa. Es un parque precioso, tiene un tramo que transcurre cerca del río, en el que los árboles lo cubren todo. Hay zonas en las que puedes perderte y simplemente sentarte a ver pasar el agua, a admirar los peces, incluso los patos o las ocas se acercan y puedes contemplarlos a unos pocos metros, a los pájaros volando en perfecta armonía a lo lejos en la otra orilla del río donde tienen sus nidos. Había olvidado lo a gusto que me sentía allí. No había vuelto desde unos días antes del aquel fatídico día. En realidad no había salido mucho de casa. Había quedado con mis amigas Rocío y Macarena. Son una chicas encantadoras morenas y con los ojos marrones. Rocío tenía el pelo melenita cortado a capas y liso y Macarena lo tenía rizado y más largo. Las dos estaban delgadas pero Macarena era un poco más alta que Rocío y que yo. Rocío y yo mediamos más o menos igual.
- ¿Qué tal las vacaciones? - les pregunté
Rocío había estado con su familia en un pueblo de la costa de Cádiz llamado Puerto de Santa María donde vivían sus abuelos. Y Macarena había estado con sus padres en Benidorm y después en el pueblo de su padre.
- Yo me lo he pasado genial con mis primos, todo el día en la playa y por las noches en el patio de mis abuelos - dijo Rocío
- Pues yo las dos semanas que estuve en Benidorm pues bien, pero con mis padres a todos lados. Un día estuvimos en Aqualandia en increíble, y enorme. Y después en el pueblo con mis amigos pues genial. Este año ha venido un chico nuevo, ¡qué guapo! - dijo Macarena - ¿Y tu qué tal? ¿y con Nick?

Me resultaba duro hablar de él y no solo por tener que mentir. Nick no quería que contáramos nada de su estado a nadie, sino porque necesitaba desahogarme contarles por lo que estaba pasando. Necesitaba un apoyo fuera de casa, mis hermanos, mis padres estaban muy tristes y se hacía doloroso hablar del tema con ellos. Además tampoco quería amargarles la tarde, habíamos salido a divertirnos y no a contar penas.
- Pues con Nick, estuvimos hablando.
- ¿Ah sí? ¿y? - me dijo Rocío
- Y nada, me dijo que le gustaba, que sentía algo por mi, pero que no era el momento. Se iba con su familia a Edimburgo. Sus padres volvieron pero él ha decido o le han obligado no se muy bien a quedarse allí, durante el verano. Así que el tema esta parado.
- Al menos habéis avanzado algo. - dijo Rocío
- ¿No habéis vuelto a hablar? - dijo Macarena
- Si claro, hablamos a menudo pero no de ese tema. Dice que me echa de menos.
- ¿Qué hace allí? - dijo Rocío
- Está haciendo un curso. Y a la vez perfeccionando el inglés.
- Pues ya volverá - dijo Macarena
- Tu pasa de él y divierte seguro que él se está divirtiéndose allí.

Yo no hubiera dicho "divirtiéndose" pero tenía que olvidarme un poco de él esa noche, había salido a despejarme, y no conseguía hacerlo, no podía desconectar.
- Te veo muy apagada ¿por qué no vamos el miércoles al cine? - dijo Macarena
- ¡Al cine! - le dije
- Si venga vamos. ¡Anímate!
- Ok, está bien, vamos al cine

Chispitas las ganas que me hacía volver a pisar el cine. Pero algún día tendría que hacerlo. Así lo afronté y el miércoles fuimos al cine. Cuando volví a ver esas fatídicas escaleras fue horrible, y lo peor no podía dejar de mirarlas.
- Bea, Bea - me decía Rocío, pero yo estaba absorta
- ¿Qué? - le respondí
- ¿Dónde estabas? ¿Quieres palomitas?
- Ah si.

Mis amigas fueron a comprar al bar que estaba a escaso metros de la fila para entrar a la sala. Era una barra en un pasillo. Detrás había dos chicas despachando. Había poca gente así que volvieron en seguida.
- Bea, ¿Conoces a la chica que está en la barra? - dijo Rocío
- ¿A cuál?
- A esa que te está llamando.

Mire a la camarera y está me hizo señas para que me acercará. Era una chica joven de unos 24 años.
- Hola - le dije
- Hola, ¿tu eres la chica que estaba con ese chico que se cayó por la escalera? Él que hablaba en inglés - me preguntó.
- Si
Vaya por dios, como me ha reconocido.
- Te llevó mirando un rato y me parecías. ¿Cómo está?
- Está mejor.
- Pero ¿fue algo grave?
- Si, perdió la sensibilidad en las piernas
- Así que al final tenía razón.
- Si, pero dentro de lo malo ha tenido mucha suerte. Los médicos le han dicho que va a recuperarse del todo. Ahora está en una clínica de rehabilitación.
- Me alegro de oír eso. Es un crío y sería una pena que se hubiera quedado paralítico. Y tu ¿Cómo estas? Yo sin conocerlo me tire dos o tres días sin dormir con tranquilidad.
- Yo, - empecé a decir con la voz entre cortada - pues que se yo que decirte. Está siendo difícil. Hoy es la primera vez que he salido a divertirme un rato. Y solo con entrar otra vez aquí me pongo malísima.
- Bueno tranquila. Que todo se está solucionando. Tu diviértete el echo de que tu te encierres no va a acelerar el proceso.
- Lo sé, pero se me hace duro, pensar que el está pasándolo mal mientras yo me estoy divirtiéndome. Al fin y al cabo podía haberme pasado a mí.
- Seguro que el tiene momentos de diversión también, no creo que este todo el día en rehabilitación.
- Cierto, se ha convertido en un experto en carrera con silla de ruedas.
- Ves. Pues ya sabes lo que tienes que hacer. Así que yo ya no te molesto más y te dejo que te lo pases bien.
- Gracias.

Nos tocó la misma sala en la que había estado con Nick, recordaba, cuando le miraba de reojo, con miedo de que me pillará mirándole. Estaba tan guapo. No tenía que haber ido al cine. Era demasiado pronto, pensaba que dos meses sería suficientes para haberlo superado pero no era así. Todo me recordaba a él, pensaba como sería todo si no se hubiera caído, si hubiera sido capaz de pedirme que saliera con él. Lo echaba tanto de menos que me pase toda la película secándome las lágrimas que se me caían e intentando que mis amigas no me vieran. Apenas pude disfrutar la película.

Un alto en el camino [Finalizada]¡Lee esta historia GRATIS!