Capítulo 49

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A pesar de que había sido poco el tiempo que estuvo lejos de la Mansión del Norte, cuando el carruaje comenzó a subir la pendiente y los paisajes de montaña al otro lado de la ventana comenzaron a hacerse más reconocibles, Lan Zhan se percató de cuánto le aliviaba la cercanía a lo que ahora era su hogar; el lugar donde Wei Ying estaba. Los caballos corrían con furia y gran agilidad, con la fuerza esperada de estas bestias escogidas especialmente para esta tarea y muy pronto la muralla que rodeaba su casa comenzó a aparecer por el camino, alta e interminable, como si a propósito estuviera retrasando su encuentro de regreso con su amor. 

—Nuestro Gran Príncipe no se encuentra en la Mansión del Norte—le informó la sirvienta principal, después de recibirlo —Ha marchado al Oeste para reunirse con su majestad. 

Y a Lan Zhan esto le sorprendió, esta mañana Wei Ying estaba bastante entusiasmado por su reencuentro e incluso estaba seguro que había planeado algo especial, ¿Por qué había salido al Oeste de repente sin avisar?

—Estará de regreso esta noche—terminó —De acuerdo con lo planeado.

Y aunque Lan Zhan estaba ansioso por sostenerle entre sus brazos y besarlo y amarlo más que cualquier otro día, la espera por él era preciosa también.

La tarde estaba cayendo y ya se podía ver el sol escondiéndose en el horizonte detrás de la muralla, el jardín que poco a poco iba renaciendo de entre los copos de nieve se oscureció y pronto, sólo podían escucharse el canto de los insectos y de las ranas junto al estanque, las bestias que aunque a simple vista se perdían en la noche; él podía verlas, su vida y su energía, la purísima presencia de sus almas claras, blanquecinas como la niebla.

Mientras esperaba y ante la calidez del té él cerró los ojos y esperó, sonrió en las imágenes de su enamoramiento, de la luz en los ojos grises de Wei Ying y su sonrisa.

—¿Acaso no es el apego, Venerable, intrínseco de la naturaleza humana? Es más que natural y sano amar a quienes nos aman, proteger aquello que hemos cultivado con nuestras propias manos ¿No es demasiado pedir a un hombre que deje atrás su naturaleza entonces y se decante por la esperanza de una promesa más que por aquello que puede apreciar y tocar en ese mismo instante? Una negación misma del ser.

El cielo en sus ojos, la vasta compasión de su corazón se reflejaron en sus labios pícaros con un gesto de comprensión —¿No es la impermanencia una fuerza inexorable de la naturaleza también? ¿No es el ser humano parte del todo? del Tao como le llaman. Incluso las relaciones más profundas y cercanas están destinadas a ser temporales ¿Por qué aferrarse y sufrir?

Al abrir los ojos una túnica púrpura y sus mangas estrechas aparecieron frente a él y cuando su Wei Ying, que estaba comiendo en ese momento una hojuela de loto pareció reparar en que estaba consciente, se detuvo y cruzó sus miradas, sonrió grandemente e inmediatamente se rió por lo bajo —¿Te desperté?

Lan Zhan sonrió y casi por instinto estiró la mano y tocó la cara de su esposo en una leve caricia —No estaba dormido.

Entonces Wei Ying se dejó caer sobre él sin esperar más, dándole un abrazo fuerte sin importar que la taza y el té cayeran por el jardín junto con el plato de lo que estaba comiendo —Perdón por hacerte esperar.

Pero Lan Zhan le sostuvo con fuerza y le acurrucó en sus brazos bajo la complicidad de la luna, cosa que Wei Ying agradeció rodeando también su cuerpo y apoyando la cabeza en el pecho del otro —Esperaría mil años por tí—le respondió y aunque Wei Ying se rió, por dentro también agradeció su devoción.

***

Más allá de la maldad que emanaba de los túmulos funerarios y que nublaba el cielo siempre, parecía como si de alguna manera la montaña supiera sobre la matanza que se estaba llevando a cabo en Yunmeng estos días y anhelaba las almas perdidas ahí como un niño que espera ansiosamente un caramelo, parecía revitalizada e incluso se podían ver alrededor los retoños de ponzoña y hierba venenosa. 

Más allá de los acordes del guqinWhere stories live. Discover now