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imagina: jean borracho es un cursi.

...

—Esto me disgusta tanto. —resopló, mirando con desgana los garabatos que dibujaba con su dedo índice sobre la mesa. —Maldito Keith. —musitó, frunciendo el ceño, enojada.

El muchacho frente a ella la observaba con algo de tristeza. Sabía la razón de porque ella se encontraba así y no tenía idea de como poder animarla, sinceramente era un completo asco para eso.

Bebió de su tarro lleno de vino y luego acercó su mano a la de ella, tomando ésta con la suya y entrelazando ambas. (n) subió la mirada y sus ojos se suavizaron al ver la pequeña sonrisa que Jean tenía en sus labios. Suspiró, triste. Ya no tenía caso seguir enojada con el instructor Keith y consigo misma.

—Diste un buen desempeño, ya deja de cuestionarte. —Apretó suavemente la mano de ella. —De cualquier forma, si entras a la guarnición seguiremos viéndonos.

—Hm, bueno. —se encogió de hombros levemente y suspiró desanimada. —Le veré el lado bueno a ésto. —En sus labios por fin se formó una sonrisa y se puso de pie, soltándose del agarré de su mano con la de Jean. Rodeó la mesa para acercarse a él y sentarse a su lado.

El castaño bebió de su tarro antes de colocar ambas manos sobre las mejillas de ella y estampar sus labios con los suyo. La muchacha probó el sabor del vino en los labios de Jean y llevó su mano a los cabellos de él para jalarlos sutilmente.

—Oigan, si van a hacer eso, vayan a una habitación, par de cochinos. —Dijo Connie, sentándose frente a ellos.

El par se separó con aquello y Jean observó de mala manera al trío frente a él, maldiciendolos mentalmente por haber interrumpido el momento con su novia. Resopló, terminando de beber el vino y poniéndose de pie para ir por más.

—Ahm, lamentamos la interrupción, (n). —dijo Marco hablando por los tres, apenado.

—Oh, no te preocupes, Marco, está bien. —Se volvió a poner de pie, dejando atrás a sus amigos para dirigirse a su molesto novio. —No debes beber tanto, jeanboy. —se colocó frente a él, intentando quitarle el tarro, pero fue en vano, pues el castaño bebió del contenidos rápidamente. —Qué idiota. —dice, cruzándose de brazos.

—Nos estamos graduando, quiero festejar mi logro. —Se sirvió nuevamente licor, ignorando la mirada de desaprobación de la (c/c). —No me veas así, (n). Vamos, bebe conmigo. —Le ofreció un tarro lleno de vino, que la muchacha tomó mientras rodaba los ojos. —Ya cambia esa cara. —Jaló suavemente la mejilla de ella, provocando que un manotazo fuera a su mano. Soltó una risita, viendo aún el ceño fruncido de (n).

—Como sea. —susurró, dándole un sorbo al tarro. —Uhm, qué rico. —Sonrió de medio lado, volviendo a beber del vino, disfrutando el delicioso sabor que éste tenía. —Otra. —Exclamó, sirviéndose de nuevo para saborear la delicia sabor uva.

—Bebe con calma, no quiero encargarme de una borracha.

(n) le dio un ligero codazo al estómago del muchacho y él soltó un jadeo, acompañado de una risita.

—Pff, eso debo decirte yo.

—Yo voy a estar bien, sé dominar el alcohol en mi cuerpo. —en su rostro se instaló esa típica sonrisa egocéntrica que a (n) le encantaba muchísimo. Dios, la volvía loca. —Así que no te preocupes.

..

—(n). —arrastró sus palabras, pegando su pelvis con el trasero de la mencionada. —Eres tan hermosa, bebé. —Le murmuró al oído, dejando besitos en su oreja y mejilla también, causándole cosquillas a la castaña. —Muy hermosa... ¿Cómo es posible que seas mi novia? —preguntó, colocándose frente a ella para mirarla a los ojos.

La chica sonrió tiernamente y depósito un beso en la punta de la nariz de Jean, haciendo que se sonrojara con intensidad y su corazón latiera mucho más rápido que hace segundos.

Lo abrazó por la cintura y colocó su cabeza en el pecho de él, escuchando como su corazón iba al mismo ritmo que el suyo. Suspiró risueña. Realmente amaba estos momentos junto a luz de su vida y aún más cuando iba ebrio, él era más cariñoso que en su estado normal.

—T-te amo mu-ucho, (n). —Soltó, correspondiéndole el abrazo. —S-sé que... Que n-no soy d-decirlo constantemente, pero- pero debes saber q-que siempre lo pienso. —Tragó saliva con algo de nervios.

Ella lo abrazó con más fuerza luego de escuchar sus palabras. Lloró. No pudo contenerse, no logró retener sus lagrimas, no con todo el alcohol que en su sistema había. Quizás mañana no recuerde lo de Jean o quizás sí. Rezaba para que fuera así.

El castaño volvió a besarla con mucho cariño, teniendo en sus labios una sonrisa muy risueña. No lo iba a admitir nunca, pero en serio amaba besarle los labios.

—(n), te amo más que a mi propia vida. —confesó, sin tartamudear o arrastrar las palabras, como si no estuviera borracho.

—Jean, eres la única persona con quien quiero pasar el resto de mi vida... Te amo mucho, mucho, mucho.

𝘫𝘦𝘢𝘯 𝘬𝘪𝘳𝘴𝘤𝘩𝘵𝘦𝘪𝘯 , 𝘰𝘯𝘦 𝘴𝘩𝘰𝘵𝘴 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora