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imagina: nadie puede soportar la actitud quisquillosa de jean, todos excepto tu.

...

—Jean, ¿Ya no quieres más de tu pan? Porque yo estoy disponible para comerlo todo. —Dijo Sasha, terminando de comer su papa.

—No molestes, Sasha. Claro que voy a comerlo todo. —Metió la cuchara en su boca y trago la sopa. —Pero no ahora.

—Se supone que tienes que comerlo ahora, no más tarde, ¿O piensas dárselo a (n)?

—Qué te importa lo que haga o no con mi pan, ya deja de molestar.

—Jeanboy, no seas tan malo con Sasha... Perdona su comportamiento, Sasha, él es un idiota a veces.

—¡Oye!

—¿A veces? Querrás decir todo el tiempo. —Le sacó la lengua al castaño.

Jean iba a quejarse, pero Connie lo interrumpió antes.

—¿Cómo es posible que soportes como es, (n)? —Señaló con la cuchara y luego la metió en su sopa. —Tu paciencia hacia él es ilimitada.

—Calla, Connie

—Ya, cariño... Y bueno, lo conozco desde niños, estoy acostumbrada a como es. —Sonrió. —Y así lo amo mucho. —Dejó un tierno beso en la mejilla del chico.

—Hmm, lo que sea. —Se sonrojó de golpe y cambió su mirada a otro lado del comedor.

—¿No le dirás que también la amas, Jean? —Cuestionó Marco.

—No hace falta decirlo, ella ya lo sabe. —Bufó, intentando ignorar como su corazón latía con rapidez y las tontas miradas de los dos bobos que tenía enfrente.

—Pero no está de más que se lo recuerdes, ¿Verdad? —Preguntó Sasha esta vez.

—Él tiene razón, no hace falta que me lo diga, sé que lo hace. —Sus labios formaron una sonrisa a medias y de lado.

—¡Vamos, Jean! debes recordarle eso. Mira, lo necesita.

—Dejen de molestar, ella ya sabe que también la amo. —Resopló, poniéndose de pie y tomando su pan para que Sasha no se lo comiera.

Salió de allí, confundiendo a los presentes menos a su novia. Ella ya estaba consciente de que era así cuando se avergonzaba, simplemente huía para calmar su vergüenza él mismo.

Se puso de pie, dándole de lo que quedaba de su comida a su amiga, quién la recibió encantada. Caminó en busca de Jean, encontrándolo ya apunto de entrar a la cabaña de los chicos, fijándose que su caminata fue rápida. Corrió mientras lo llamaba, captando su atención, pero de igual manera entró al lugar. Tomó aire, subiendo los escalones y abriendo la puerta luego, para entrar.

—Jeanboy, cielo, ¿Ya te he dicho lo adorable que eres cuando haces una pequeña rabieta y te avergüenzas? —Agarró el brazo del chico, deteniendo sus pasos.

—Siempre que las hago. —rodó los ojos, girando para verla a la cara. —Los chicos tienen razón, ¿cómo es posible que me soportes tanto? —Frunció el ceño.

—Ya lo escuchaste en el comedor. —Se encogió de hombros. —Me es muy fácil soportar como eres, así fue como quedé perdidamente enamorada de ti. —Confesó, mirando el piso. —Estás bien así, cariño, sólo... Sólo no seas tan tú con los chicos, ellos no son de tolerarte tanto como lo hago. —Suspiró.

—¿En serio amas mi terquedad, ego y todo lo que soy? —Cuestionó, sonrojado.

—Sí, amo todo lo que eres... Desde niños lo he hecho. —Acarició sus hebras castañas, sonriéndole tiernamente.

—Sí, bueno... Ta-ambién amo todo lo que e-eres.

Tímido, se acercó al rostro de la chica y besó sus labios, manteniendo su ceño fruncido y su notable sonrojo en sus mejillas, sintiendo como su corazón latía cada vez más rápido y como el mundo se detenía a su alrededor durante ese lindo beso.

Nunca creyó amarla como lo hace ahora, quizás ese sentimiento por ella lo mantenía realmente guardado en el fondo de su corazón, pero sin duda, si se hubiera dado cuenta antes, se habría fijado de que la amaba desde niños, con todo lo que ella era.

𝘫𝘦𝘢𝘯 𝘬𝘪𝘳𝘴𝘤𝘩𝘵𝘦𝘪𝘯 , 𝘰𝘯𝘦 𝘴𝘩𝘰𝘵𝘴 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora