Capítulo #15 - El hunter

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El sol comenzó a ocultarse siendo tragado por la linea del horizonte.

—Madre debemos irnos, Atlantis notará nuestra ausencia.

—Espera —interrumpió ella antes de despedirse de su hija.

—¿Conoces a Atlantis?

—Si madre, y a su hija Oceanía.

—¡Oh Dios! —exclamó. —Sabes más acerca de eso. Ten cuidado hija, y ven mañana, necesito contarte la otra parte de la historia.

Aquata deseaba quedarse escuchándola, pero sabía que tenía que irse, que su vida y la de Andrés estaban en peligro si no regresaba al mar antes de que cayera el sol Oceanía podría ir a hacerle daño.

Tenía miedo de que fuera a buscarla, y salieran ella y Andrés gravemente heridos. Lo más que la asustaba era el hecho de perderle, de que le pasara algo y ella no pudiera despedirse. En su corazón estaba también su padre, esa persona que la había criado y ella que había pensado que era biológico. Se preguntaba a si misma ¿Quién era realmente su padre? ¿Por qué su madre no le había dicho?

Andrés y Aquata salieron por la puerta trasera. Aquata descansaba su cabeza en su hombro mientras el la rodeaba con su brazo por la cintura.

—¿Alguna vez te he dicho lo hermosa que eres? —Aquata se miró los pies y se sonrojó un poco.

—No deberías decir esas cosas.

—¿Por qué no?

—Ya lo sabes, no eres el típico chico que sale y va diciéndole a chicas como yo cuan lindas son.

—Bueno ¿quién sabe? ¿Alguna vez te enteraste de que jamás estuve realmente enamorado de ninguna de mis novias de la escuela?

—¿Y por qué estabas con ellas? —preguntó Aquata.

—Por popularidad, por salir con chicas populares. ¿Y sabes? Todas me dejaban al jamás lograr que perdiera mi carta V* con ellas.

—¿Con que no dices la palabra prohibida? ¡eh! —Andrés rió animadamente.

—Yo tampoco he perdido mi carta V, incluso nunca he besado a nadie.

—¿No? —preguntó Andrés asombrado.

—No —rió nerviosamente—. Creo que soy muy fea para que un chico se enamore de mi.

—No lo eres —aseguró Andrés—. Eres hermosa, solo que nunca has estado a la altura de ser vista por la sociedad. A puesto que en la escuela eres parte hasta del club de limpieza de los domingos.

—No, pero he ido algunas veces —confesó riendo—. Amanda era quien lo dirigía. No puedo creer que se haya ido.

—A veces la gente no dura toda la vida. Mi padre falleció de un ataque al corazón cuando yo tenía 7 años y desde entonces solamente somos mi madre y su nuevo esposo. Es el quien le da mucho dinero a mi madre e intenta comprarme con cosas materiales.

—Lo siento mucho —se disculpó Aquata.

—No es nada, ya ha pasado mucho tiempo.

Aquata sonrió. Andrés siempre se vio como el típico chico sin corazón, el que iba de duro por la vida fingiendo que no le importa nada, rompiendo y marchitando los corazones, o simplemente el típico chico lleno de clichés. Pero ella ahora conocía al verdadero Andrés Hamilton, y era mil veces mejor que el Andrés superficial.

—¿Sabes? Una vez te vi en una de las audiciones de las porristas. Intentabas levantar la pierna pero no podías. Shirley te gritaba que eras una tonta y tu solo intentabas completar la rutina.

Aquarius - Una saga de sirenasDonde viven las historias. Descúbrelo ahora