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—¿Y no le dijiste que fue él quien te beso?— Toffee tiene la costumbre de ponerse de pie cada vez que le dicen algo que a ella no le parece. Supongo que es una forma de estar a la defensiva.

—No. 

—¡¿Por qué no?! Tú misma me lo dijiste ese día, no entiendo cómo permitiste que todo lo que tanto habías esperado se acabe así, de pronto. 

—Toff... no importa si yo quise que Matt me besara o no. El punto es que olvidé mencionarselo a Niall y es eso precisamente lo que le molestó y lo entiendo completamente. —No... No tengo ganas de explicar nada.

—Creo que cometiste una equivocación, Key. —suspiró y volvió a sentarse. —Es que no lo entiendo. Todos esperábamos que al fin terminaran juntos y se acaba en tres días. —Me mostró tres de sus dedos. —¡Tres malditos días!

—Toff, ya déjalo. —Dije con un dejo de cansancio.

—Bien, bien. —Se relajó. —Tienes razón, cambiemos la página. — Solté una risa silenciosa, qué facilidad tiene esta chica para olvidarle de una cosa y comenzar con otra. Creo que es una capacidad que todos quisiéramos tener y en todos los sentidos. — ¿Vamos a clase? Ya se hace tarde.

—Ve tú, yo no iré ésta vez. —De nuevo a dar explicaciones.

—¿De nuevo? Ayer saliste antes y hoy no vas... ¿Está pasando algo?

—No, no. Nada. — Mi corazón se saltó algunos latidos mientras intentaba mentir y verme normal. — Es sólo que Will va a pasar por mí en un rato y me llevará a tomar desayuno. — Esbocé una sonrisa, mostrándole todos mis dientes. — Al parecer le bajó el amor —reí y me levanté el pelo del cuello, mi cara se estaba acalorando... ¡Es que no sé mentir!

—Al parecer sí. — Enarcó una ceja. — Bien, yo me voy. Nos vemos por la tarde. — Se acercó y besó mis mejillas para luego irse.

Tras el sonido de la puerta al cerrarse todos mis músculos se relajaron y suspiré muy fuerte, entonces me dejé caer sobre mi cama, con mis brazos extendidos a los lados y me quedé mirando al techo hasta oír la llamada de Will. No, no mentí al decir que vendría por mí, mi conciencia puede estar limpia, ¿no?

Saqué un abrigo del armario y bajé corriendo las escaleras, rogando no toparme con nadie conocido y no tener que dar más explicaciones que no pretendía dar. Divisé el auto de papá y me subí.

— ¿Qué tal, hija? ¿Cómo te has sentido?

— Bien, pá... que no tengo nada. — Espeté. Cómo odio que su actitud hacia mí haya cambiado tanto sólo con oír al médico decir que tengo leucemia. 

Llegamos a la clínica y subimos rápidamente hasta el nivel 3, para cruzar el pabellón, meternos en el pasillo de la derecha y entrar por la puerta del Box 16. Sí, ya me he aprendido mi nueva dirección de memoria. 

Ambos entramos por la puerta y el Doctor Straw nos hizo tomar asiento. Estuvimos media hora ahí dentro, durante la cual la única información que logré comprender y recordar de toda la sarta de palabrerías que dijo el hombre de la barba blanca, fue que estuvo revisando mis papeles médicos y formales y que el hecho de que Will no sea mi tutor legal no permite que puedan operarme ni hacerme ningún tratamiento, hasta que él tenga mi tuición legal o bien, que Mimi envíe un permiso legal - legal, legal, legal... - para tratar mi leucemia. 

En otras palabras, estoy muerta - en todos los sentidos posibles - si llamo a Mimi, como si no lo hago. Si ella no me mata por estar en Londres con papá, lo hará esta estúpida enfermedad por dejarla actuar sobre mi cuerpo. 

Buscaré alguna forma de arreglármelas. Vamos, si llegué hasta aquí, podré solucionar esto. 

—¿Tienes alguna idea de lo que estás haciendo, Keyra? ¿Hasta dónde piensas llegar? — Son sólo algunas de las preguntas que me hacía mi yo interno, pero que no podría responder en este momento. 

Eternidad (corrigiendo)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora