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Sangre de rutina que ha manchado estas paredes tiñéndolas de opaca obligación

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Sangre de rutina que ha manchado estas paredes tiñéndolas de opaca obligación. El almíbar que antaño se antojaba delicioso y hasta adictivo, ahora se traduce en empalagosa malquerencia, un viaje al sótano del rechazo. Pantomima que desgasta ojos, piel y cualquier deseo. Y las voces, todas, surgen taimadas, reprimiendo gritos de abrumadora muerte. Qué ruidosos los demonios que yacen en la sombra aferrados al techo mientras cantan baladas de exterminio con sus hálitos de tósigo. Floto en la cama de las angustiosas verdades, sabiendo que este cuarto infecto acabará tragándome sin remedio.

En eso se convirtió el mundo cuando te fuiste.

Mis insolencias (Retratos y latidos)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora