Todas aquellas morales que se dirigían a mi persona para procurarme mi “felicidad” qué otra cosa eran más que propuestas de comportamiento en relación con el grado de peligrosidad de las nuevas actividades que llevaba a cabo. En que mi persona vivía a causa de mí mismo; recetas contra mis pasiones, mis inclinaciones buenas y malas; ardides y artificios pequeños y grandes que desprendían el rancio olor propio de viejos remedios caseros y de una sabiduría de viejas.
—Tus palabras son barrocas e irracionales —espeté mientras me desasía del fuerte agarre de mi hermana—. Generalizas donde no es lícito generalizar. Me coartas continuamente y si crees que te dejaré cortarme las alas, estás equivocado.
Cada palabra arremetía con vehemencia contra mi hermano mayor, Mingyu, quien me observaba desde el trono donde antes había dictado guerra y paz nuestro difunto padre. Su mirada, impávida, parecía rechazar todo tono que yo, el joven príncipe, soltara. Tolerable, mas indiferente. No tenía más tiempo para reprimirme por lo que él denominaba como mis chiquilladas.
—Tus tiempos de ocio han de reducirse. Cada vez que sales, nuestro pueblo aprende a oler esa aparente listeza tuya que no es más que estupidez.
A cada intervención, la terrible hendidura de mis labios parecía curvarse con mayor desdén. Cómo podía atreverse a decir semejante difamación, a insultarme de ese modo. Y no solo me había herido su insulto, sino que su tan ingenuo análisis era producto de los efectos de la vivisección, de haberme mantenido vigilado como si fuera un infante.
—No estarás en el trono durante mucho tiempo.
Aquella amenaza velada fueron las últimas palabras que le dedicaría antes de partir con paso enérgico de la sala del trono, restando allí un visiblemente molesto nuevo rey, junto a Irene, la hija mayor del difunto.
La pesada y alterada respiración de Mingyu suscitó la mediación de la fémina, quien con aquella frialdad de estatuas se posicionó frente a la ardorosa necedad del menor, de mí.
—No podemos controlarlo para siempre, hermano —comenzó, pero la mano alzada del rey le instó a silenciarse.
—Si continúa actuando de ese modo, nuestro pueblo no nos tendrá ningún respeto. Y lo que ahora él podría conseguir como simple castigo, en un futuro podría suponer nuestras cabezas rodando en un suelo ensangrentado.
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Avanzaba por los largos corredores del pasillo con una velocidad vertiginosa. Sentía el gélido viento de enero acariciar mi piel con severidad, como si quisieran mellarla.
No atendía a razones, y aquella mañana tampoco parecía querer intercambiar palabra alguna con nadie, puesto que no respondía a muchos de mis conocidos y criados, quienes, al cruzarse conmigo, me dedicaban alguna palabra animosa, quizá incluso un deseo de un buen día, pese a que deseárselo a alguien tan airado pudiera parecer un bravo reto. Un atrevimiento que saldría caro.
Fue el mozo de cuadra quien comprendió este hecho cuando arribé.
Como es costumbre, el patio estaba atiborrado de carruajes, todos cubiertos con ondeantes lonas ante la inminente tormenta en ciernes. Además, los caballos resoplaban en sueños.
—Buenos días, su alteza.
—Deme a mi caballo —dije nada más llegar—. Necesito irme.
—Pero, su alteza, los truenos de la tormenta asustarán a su caballo. —expresó, dubitativo, frotándose los ojos y mirando al cielo cada vez más grisáceo—. Con el debido respeto, no creo que pueda conducirlo.
—Deme a mi caballo, no lo repetiré una segunda vez.
El mozo suspiró, haciéndose cargo, y le hizo un gesto para que entrase, abriendo la puerta del todo. Se movía con ese torpe desconcierto que denotaba a quien despierta inexplicablemente de un sueño. Pese a mi impaciencia, debía confesar que le gustaba mantenerse en la calidad y familiaridad de la cabaña, donde el olor a cuero y a jabón suponía una presencia tan sólida como reconfortante.
La lluvia empezó a hacerse presente una vez salí para encontrar al mozo de cuadra con mi caballo Bongsik. Subí a este con firmeza y, acto seguido, seguí el camino empedrado hasta el final, donde la oscuridad se convertía en un camino de tierra.
Agarré las bridas con fuerza y espoleé al animal para que pasaramos bajo el arco y se moviera por el accidentado sendero empedrado hasta que llegamos al camino de tierra.
La lluvia cubría mi vista, y la visión era cada vez peor, aunque la euforia sustituyó a la inquietud, incluso a la animosidad previa.
La mañana había llegado con una penumbra gris y borrosa que manchaba más que iluminaba, pero el final de la misma trajo consigo el fin de la lluvia. Como había memorizado tras tanto tiempo, la carretera continuaba discurriendo en línea recta. El bosque parecía interminable, pero quería creer que la escapatoria se encontraba al final del polvoriento camino, cuando en realidad, no la tenía.
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KAMU SEDANG MEMBACA
Hecho de cuerdas y oro - Nomin [CANCELADA]
Fiksi PenggemarCuando los diferentes mundos del príncipe Jeno y el acróbata Jaemin colapsan, encontrarán el uno en el otro algo que nunca habrían creído. Este es un fanfic escrito por @limityong y @soshi_moo al participar en el proyecto Eye 2 eye, creado y desarro...
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