PRÓLOGO.

905 21 0
                                        


El sol. El terrible y despiadado sol entró por la ventana. Jamás sentí que hubiese una peor manera de despertar que esa. El sol echándote en cara que ya es de día y ya no te quedan horas de sueño, mucho menos si tienes responsabilidades que atender. Me incorporé como pude. Al molesto sol se le sumó una fuerte jaqueca. Apreté mis ojos, sujeté mi cabeza con fuerza y sentí nauseas. Era pésima idea beber en la semana, sobre todo si tenías que estar dando clases a las nueve de la mañana.

Entré al baño. Llegué a él casi arrastrándome y abrí el mueble del espejo para alcanzar una aspirina. Debía quitarme ese dolor de cabeza como fuese, no podía llegar con lentes de sol en pleno invierno a dar clases, no otra vez. Tiré el aliento en mi mano y arrugué mi rostro. Uf. Apestaba, aún podía oler el alcohol destilado, como si estuviese oliendo la botella. ¿Acaso seguía borracho? Agarré el cepillo de dientes y me los lavé lo necesario para tapar el olor. Estaba cansado, demasiado, todo movimiento lo hacía con pereza.

Luego de una rápida ducha, entré a la cocina sintiéndome un poco mejor. Me serví una taza de café, encendí un cigarrillo y tomé mi celular para revisarlo mientras tomaba "mi desayuno". Tenía muchos correos de distintos estudiantes. ¿Acaso se acercaba alguna evaluación? Tenía que mirar mi calendario. Creo que el semestre estaba por terminar, no estaba muy seguro.

Apagué el cigarro en el cenicero, fui por mi maletín, y salí del departamento con bastante tiempo de sobra a pesar del estado en el que me encontraba. Caminé hasta el ascensor y lo llamé, al mismo tiempo que la puerta de otro departamento se abría a mis espaldas.

De reojo miré a mi vecina. Salía de su departamento en pijama con dos bolsas negras en sus manos. Estaba sacando la basura. Caminó hasta el depósito y las dejó caer, apretándose la nariz para evitar sentir el olor a descomposición.

—Buenos días.—Su tono era educado. Fueron las normas sociales de cordialidad las que le hicieron saludarme.

—Buenos días.—La saludé de vuelta. Ella llevaba casi dos semanas viviendo en ese edificio y aún no sabía su nombre ni ella el mío.

Regresó a su departamento al mismo tiempo que el ascensor llegó. Me metí en él mientras que recibía un mensaje a mi celular, lo sabía por el sonido que produjo. Lo saqué para ver quien era y se me apretó un poco el pecho al leer su mensaje: "Me encantó lo de anoche, ¿repetimos hoy?".

Apenas lograba recordar lo que había hecho el día anterior, pero sabía perfectamente que como a las diez de la noche ella llegó al departamento a pesar de que le había pedido que no lo hiciera. "¿Para qué preguntas si aunque te diga que no, llegas igual?" Salí a la calle y encendí un cigarrillo. Iba a meter mi teléfono en el bolsillo, pero me llegó su respuesta. "Podrías negarte. Anoche llegué y te abalanzaste sobre mí."

Decidí no contestarle. Guardé el celular en mi bolsillo y entré a la facultad para dirigirme a la cafetería que se encontraba en el patio interior y me puse en la fila para comprarme un café, en el vaso más grande de todos. Intenté recordar en qué momento se fue, en que momento me había quedado dormido. ¿Había sido ella la que trajo el alcohol? Recordaba haber comenzado temprano a entretenerme con las cervezas, pero cuando desperté vi una botella de vodka.

—¿No me vas a contestar? ¿Planeas dejarme el visto?

Me giré y ahí estaba. A mi lado se paró la mujer rubia, de baja estatura y de contextura delgada. La misma que había ido a mi departamento la noche anterior. Arqueé una ceja y ella sonrió enseñándome todos sus dientes. Parecían perlas, tenía una sonrisa de comercial de pasta dental. Sus ojos, verdes, brillantes, me miraban con ansias.

Running in CirclesHikayelerin yaşadığı yer. Şimdi keşfedin