Víspera desastrosa

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"Un primer duende Inolvidable viene saltando, para dejar su copo de nieve.

Junto con remolinos rubios y azabaches, el canto de una rana llegó a las nueve.

Que del cielo ha caído a campo santo, para aprender a Cómo Seguir Amando.

En la Mañana Soleada sigue, para entregar su regalo y alegría seguir dando."

Las manecillas del reloj avanzaban cada vez más lento para Brian, casi burlándose de la penosa situación en la que se encontraba

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Las manecillas del reloj avanzaban cada vez más lento para Brian, casi burlándose de la penosa situación en la que se encontraba.

No era en absoluto como esperaba pasar la navidad. El aura fría y desoladora del hospital distaba mucho de la calidez de su hogar, los May siempre fueron una familia bastante tradicional, disfrutaban de los momentos sencillos mientras estuvieran juntos,sin embargo se trataba de una familia numerosa, por ende acomodarse en la pequeña vivienda de Harold y Ruth May parecía ser una tarea más difícil cada navidad, aquello no impedía que Brian se acaparara un espacio junto a la chimenea, para entonar villancicos en su guitarra rodeado de sus primos pequeños mientras esperaban a que el reloj marcara las doce con esperanza brillando en sus ojos.

Sin embargo...

No tenía nada de eso en el hospital, los villancicos fueron reemplazados por el incesante ruido de las campanillas a los costados de las camas de los pacientes, indicando que requerían la atención de los enfermeros. El acogedor ambiente familiar contrastaba violentamente con lo lúgubre de su lugar de trabajo. En casa estaba su familia, que disfrutaba de una cena contundente mientras miraban "Home alone" sin prestarle atención realmente, demasiado concentrados en en compartir buenos deseos y anécdotas familiares. Por otro lado, en el hospital había personas lejos de sus seres queridos, familias sufriendo a punto de perder a uno de los suyos, accidentes que nunca debieron ocurrir y comida que sinceramente Brian prefería evitar tanto como fuese posible. Si ya tenía una tendencia a deprimirse, toda aquella situación lo hacía sentir como si su ánimo estuviese siendo apuñalado.

"Es un trabajo sacrificado".

Había señalado su jefe cuando el rizado hubo reunido el coraje suficiente como para pedir un permiso navideño que le fue -injustamente- denegado , y al no estar en una posición económica que le permitiera desafiar la voluntad de su jefe, no tuvo más remedio que acatar los horarios de trabajo establecidos. La sonrisa torcida y prepotente del hombre era posiblemente lo que más molestaba al enfermero, al principio su jefe se mostró ser un hombre desinteresado y atento con sus empleados, al momento de su entrevista, le aseguró ser absolutamente flexible a la hora de dar permisos, sin embargo con el transcurso de los días demostraba su faceta tiránica, negligente y desconsiderada.

Perdiéndose en sus pensamientos, no notó a su compañera de trabajo sentándose a su lado con aspecto cansado.

—¿Sabes? Pasar navidad aquí es menos terrible de lo que parece —. Se sobresaltó y miró a la mujer rubia a su lado. Tenía al menos cincuenta años, sus ojos azul eléctrico brillaban bajo las luces blancas del hospital y lo miraban con una calidez tan tranquilizadora como la de su madre. Era una de las enfermeras que llevaba más tiempo en el recinto, cuando fue su primer día de trabajo la mujer se encargó de hacerlo sentir cómodo y confiado. A pesar de trabajar en emergencias, la enfermera contaba con una simpatía y compasión que pocos de su misma profesión tenían. El trabajo era duro y estresante, muchos se perdían en el camino, sin embargo aquella mujer no renunciaba a su alma pura y única.

Crónicas de una navidad desastrosa. (MAYLOR)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora