1. Primer Día

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Un chico rubio bajaba las escaleras con su típica expresión seria en su rostro. Caminó hacia el gran comedor, sentándose solo al centro de la mesa como siempre solía hacer, hasta que una sombra se acercó a él. Éste, sin mirar a la persona a su lado, le dió una bocada a su croissant para luego responder:

--¿Qué quieres?

--Adrien, ya te dije que no hables con la boca llena.

Rodó los ojos ante las palabras de su padre. Aún le costaba creer cómo al cabo de dos años pudo llegar a odiarlo tanto.

--¿Y?--El chico finalmente se volteó.--¿Eso querías decirme?

--No.--suspiró, controlándose para no gritarle y comenzar otra batalla entre ellos.--Como sabes, hoy es el primer día de clases, y te pido que por favor no lleguen reportes como sucedió el año pasado, que no vuelvas a bajar tus calificaciones y dejes de molestar a tus compañeros. ¿Queda claro?

--No, no me queda claro.--lo miró con una sonrisa maliciosa.--Ya dije que haré lo que se me antoje. No quiero tu control.

--Hijo, no me obligues a castigarte...

--Tú más que nadie sabes que no puedes conmigo.--rió.--Siempre hay una forma de escaparme de los "castigos".

Gabriel nuevamente suspiró. Era cierto, siempre lograba escabullirse. Recordaba cada vez que lo encerró en su cuarto, aún con guardaespaldas y bloqueado de salidas con seguridad máxima, logró escapar. También estaban la vez que lo expulsaron de su antigua escuela por su mal comportamiento, por lo que decidió meterlo en un internado, del que también había sido expulsado, o incluso cuando finalmente se hartó y lo llevo a una escuela militar, y a la noche ya lo había encontrado durmiendo tranquilamente en su cuarto.

--Ni siquiera se cómo lo haces.--susurró, para luego volver a elevar a voz.--Desayuna rápido, se hace tarde.

--¿Sabes qué? Creo que me llevaré mis croissants.

Le dió un largo y rápido sorbo a su jugo y metió su desayuno en una bolsa, la cual ubicó en su bolso rápidamente para ponérselo y salir de la mesa. Gabriel lo siguió hasta la entrada, observando detenidamente la ropa oscura que llevaba su hijo y su despeinado cabello, extrañando las veces en que modeló para él con todo tipo de colores neutros, pero decidió salir de sus pensamientos para vigilar cada movimiento del chico.

--Tu guardaespaldas te espera en el auto.

--Gracias, pero no hace falta.--dijo volteándose el rubio.--Me iré en el auto de Nino. Me vendrá a buscar pronto así que...

Unos ruídos de bocina se escucharon detrás del chico, causando una inmediata sonrisa por su parte. El hombre sólo soltó un último suspiro, con la esperanza de que Nathalie no tenga que ir a la escuela otra vez por las acciones de Adrien.

--Mañana vendrá un amigo mío con su hija a cenar, así que por favor contrólate.

--Sí, sí, lo que sea.

Sin siquiera despedirse, el chico se dió media vuelta para correr hacia el auto blanco de su mejor amigo, quien se corrió hacia el asiento del copiloto para dejarle el del conductor al rubio. Gabriel abrió los ojos como platos al ver lo que pasaba frente suyo.

--¡Adrien Agreste! ¡No puedes conducir!--exclamó furioso.--¡Ni siquiera tienes licencia!

--¡La obtuve en vacaciones a escondidas de tí!--gritó el chico, encendiendo los motores para irse alejando rápidamente.--¡Adios papá!

--Viejo, dudo que te haya escuchado.--respondió Nino mientras sacaba un croissant del bolso de su amigo.

--Meh, no me importa. Y por cierto, me debes un croissant.

Bold HeartsWhere stories live. Discover now