Capítulo 8: Su cuerpo debajo del suyo.

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El chico de tez pálida suspiro por quinta vez en la tarde, miro suspicaz su alrededor, dándose cuenta que se encontraba remotamente alejado de las demás personas. Apretó con fuerza el ramo de rosas rojas en su manos.— Hola, cariño. —incluso decir aquel hermoso apodo le dolió, sabía perfectamente que nadie lo escuchaba— Lamento no haber venido en mucho tiempo. —susurro, viendo la lápida con el nombre grabado en letras grandes.— Te extraño. Te extraño demasiado. —respiro pesado, tanto que la garganta le dolió al igual que el pecho por retener las lágrimas.— Se que esto será estúpido, pero... creo que es momento de dejarte ir, debo dejarte ir JungKookie. —mordio sus labios viendo hacia otro lado, con el dolor punzante sobre su pecho, dejo el ramo de rosas blancas, sobre aquella lápida de aquel cementerio silencioso.— Quiero decirte una última vez, solo una vez más, que eres la persona que más amo y ame en esta vida. —las lágrimas calleron por su rostro, aquel rostro lleno de palidez, ojeras he incertidumbre. Cerro sus ojos un instante, un leve instante en que sintió paz.

No dijo una palabra más, no lo necesito, porque se había despedido por fin de la persona que amo. Lo había dejado ir, lo había dejado descansar en paz cómo era justo.
JungKook fue su novio por más de cuatro años, lo conocío durante su estancia en la preparatoria, fue amor a primera vista. Le pidió ser su novio a los dieciséis años, con un gesto romántico de una canción escrita por el, al mismo tiempo que le extendió un ramo de rosas rojas cuando JungKook dijo que si.

Pero nada dura para siempre, y eso lo aprendió a la mala. JungKook había salido de vacaciones con sus padres, dos días después de eso, YoonGi se enteró que su amado novio había tenido un accidente, se había ahogado en un lago. Las posibilidades de vida fueron casi nulas, porque cuando llego al hospital lo único que pudo hacer, fue ver cómo la vida de su amado novio se iba así de repente.
JungKook había muerto.
Y él no pudo hacer nada.
Solo ver cómo su cadáver era enterrado en aquel cementerio poco visitado y de muy mal estado.

Suspiro, porque todas las pesadillas que había tenido durante esos meses eran de eso mismo. De las cosas que le recordaban a JungKook, del porque dejo de creer, cuando la persona en la cual tenía toda su fe se había ido, sin siquiera poder despedirse.

YoonGi supo que era una canallada no darle la cara a HoSeok, sabía que era un cobarde por solo enviarle una carta de despedida, HoSeok se había vuelto su mejor amigo, su único y verdadero amigo.

Despedirse, no podía hacerlo si lo mirada a la cara, no podía ver cómo el castaño se rompía a llorar, no quería verlo. Porque le dolería aún sabiendo que era lo correcto.— Gracias por todo, amigo mío. —y la carta se deslizó por sobre el marco de la puerta, esa misma puerta donde vivía HoSeok.


[•••]

El pelinegro suspiro, reteniendo lo más que pudo el aliento, sus ojos empezaron a arder.— YoonGi. —trago en seco, sintiendo su cuerpo empezar a sudar, parpadeo lo más rápido que pudo.— Tócame, por favor tócame amor. —¿Eso era una pesadilla, o uno de sus sueños morbosos?.— Soy yo amor, tócame, YoonGi hazme tuyo. —el pelinegro no encontró lógica, porque debajo de él, estaba JungKook, pero... Desnudó y pidiendo entre gemidos que lo hiciera suyo. Y por alguna razón el también estaba desnudo, ambos en la superficie de una cama matrimonial, y nada más a su alrededor.— YoonGi, cariño, por favor, ya no lo soporto, entra en mi.

El pelinegro no pudo decir nada, simplemente acato la orden, entrando en la dilatada entrada del chico que amaba, porque le importó una mierda que fuera un sueño o pesadilla, el tenía a JungKook a su lado.— Te extrañe mucho cariño. —gimoteo cuando YoonGi arremetió duro contra su próstata, sus cuerpos sudados, volviéndose uno solo a la hora de hacer el amor.

YoonGi lo beso, un beso lento y tortuoso. Pero muy necesitado.— Quédate conmigo, amor quédate para siempre. —pidio JungKook con desesperación.

El pelinegro gimió ronco, al mismo tiempo que su orgasmo lo golpeó, respiraba errático, miraba el cuerpo de su novio muerto tenzarse por el orgasmo que habían tenido. El mayor solo pudo ver el cuerpo de JungKook.
Su cuerpo debajo del suyo, al igual que las tantas veces que estuvo así, sus fluidos salían con mesura por la entrada apretada de su novio, no podía apartar la mirada de esa zona, era demasiado embriagador verlo.— YoonGi, quédate conmigo. —volvio a decirle— Quédate y podrás tenerme todas las veces que quieras. —una lágrima resbaló por su rostro— ¿Te quedarás, verdad?.

Min YoonGi asintió, hipnotizado por los ojos de su chico. Y solo pudo asentirle afirmandole que se quedaría con el.

Fue en ese mismo instante en que JungKook se levanto con una sonrisa para abrazarlo y darle un beso grande, el pelinegro cerro sus ojos disfrutando del contacto, hasta que...

Una pequeña risa burlona se escucho, solo ahí abrió sus ojos, viendo como el cuerpo de JungKook dejo de ser de JungKook para transformarse en el cuerpo de, JiMin.

El chico le sonreía tan malvadamente, seguían abrazados el uno al otro pero YoonGi no podía ni siquiera respirar.— Felicidades mi hermoso chico, te quedarás aquí... para siempre. —la risa malvada de JiMin lo descolocó.

Algo en su pecho ardió al igual que su cuerpo, y solo ahí se percató de que ya podía usar su voz.

JiMin seguía riendo, riendo y riendo— Pobre criatura, te he ganado.

—¿Qué te hace pensar que me has ganado?. —la voz ronca y macabra que soltó YoonGi hizo que JiMin dejara de reír.

El menor parpadeo, viendo que YoonGi... le sonreía con burla.— Pobre criatura, ¿en verdad creíste que me ibas a ganar?.

JiMin se había quedado mudó, no era posible que...

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El Demonio de los Sueños © |YoonMin|Donde viven las historias. Descúbrelo ahora