-sí, creo que no queda otra, pero eso si Naruto- llamo el patriarca viéndole –cuídate mucho, los hombres que luego van a beber o comer se ponen...-

-pesados- dijo la mujer suspirando –si eso pasa, no podremos defenderte, aun así, tú...-

-lo haré- dijo con una sonrisa viendo a la mujer, su sonrisa era cansada, trabajaba de 7 de la mañana a 10 de la noche y lo que descansaba era mínimo sin embargo su nutrición y salud de su bebé era buenas.

Un mes más paso, su embarazo era tranquilo y poco problemático, pero no se podía decir lo mismo de los mastodontes que llegaban y le nalgueaban o en ocasiones casi lo violaban sin importar su estado, sin embargo, siembre había podido librarse y salir ileso sin traer problemas.

Final mente meses después su bebé había nacido, un hermoso niño de cabellera roja y ojos azules, un niño que encantaba a cualquiera, su nacimiento había sido todo un lio cómico y es que cuando la fuente se rompió Naruto estaba forcejeando con un hombre el cual se asustó demasiado al verle y había salido corriendo pensando que había herido de gravedad al menor.

Actualmente el niño tenía 2 años y Naruto seguía laborando en aquella taberna, la señora adoraba al niño y se atrevían a decirle nieto cosa que en absoluto molestaba a Naruto después de todo ese niño era un ángel y ella se había comportado como una madre para él, de Gaara no volvió a saber nada, cosa que no le sorprendía después de todo no había sido capaz ni de despedirse de manera correcta de él.

-Naruto!!! Atiende la mesa 3 – llamo la mujer la cual cocinaba a prisa, el personal estaba trabajando a prisa, una nueva embarcación había arribado en el puerto, un año atrás la economía había mejorado y con ello la oportunidad de trabajo no se negaba a nadie además de que era el principal puerto.

-enseguida- dijo suspirando –bichito, se bueno y espera a mami con la abuela- pidió el rubio cogiendo la libreta mientras el pequeño niño de nombre Shinki asentía, Naruto camino a aquella mesa donde unos hombres o mastodontes como Naruto prefería decirles le miraban de manera lasciva, un escalofrió recorrió al menor sin embargo se armó de valor –¿que desean ordenar? – a cuestiono parándose frente aquella mesa para tomar el lápiz y verles de manera atenta.

-cuanto cobras la noche? - exclamo un hombre con olor a perro mientras lo aprensaba con fuerza de la cintura, el aroma a ebrio lo inundaba y eso solo significaba una cosa, problemas seguros.

-señor suélteme por favor- exclamo el rubio intentando apartarse de manera cansada, era la tercera vez que le pasaba y es que lo único que no le sorprendía era eso, desde que se alivió de su pequeño hijo este le había dejado bien proporcionado todo su cuerpo, caderas anchas, trasero firme y redondo, piel suave y un aroma a durazno.

-vamos preciosura, cuanto la hora no te ofendas, pero puedo pagarte bien...- insistió viéndole de manera coqueta. -puedo pagar tu precio- sonrió apretando su trasero.

-que me suelte...- exclamo molesto por el atrevimiento.

-suelta a mami!!!- grito el niño mientras pateaba aquel hombre y le golpeaba con una barita.

-mira nada mas Kiba, una rata- dijo con asco un hombre mayor mientras cogía al niño de su suéter llegando a lastimarle, pero no de gravedad provocando el llanto en el infante

-NO!! ¡Su-suéltelo...- grito asustado el rubio mientras su cara expresaba terror puro –haré lo que sea, dejen a mi hijo! – pidió golpeando aquel hombre con intensión de que le soltara.

-Deteneos!!!, suelten al niño ahora- exclamo un hombre alto, con prendas algo desalineadas, no eran harapos sin embargo se veían bien en él, acomodo sus cabellos azabaches hacia atrás mientras se sentaba.

El silencio inundo el lugar, la señora Yamanaka que salió dispuesta golpear a los hombres con su sartén se detuvo.

-Ca...-capitán...- exclamo Kiba soltando al rubio el cual corrió a abrazar a su hijo el cual lloraba asustado –ya mi amor, ya- calmo mientras acariciaba sus cabellos.

-lo sentimos capitán, solo jugábamos- se excusó el anciano mientras se ponía de pie

- ¿Jugaban?, ¿qué les he dicho? - interrogo serio viéndoles, Sasuke, ese era su nombre, un hombre alto, imponente, líder de una de las tripulaciones piratas más peligrosas del continente.

-pirata- exclamo Ino la cual ingresaba por la puerta de atrás.

-sh!, son bucaneros- le reprendió su madre -son clientes mientras compren y no dañen –dijo recalcando lo último.

-hermanito...- llamo un hombre parecido al menor mientras ingresaba- dios extrañaba estos aromas- dijo sonriendo –por qué tanto silencio? -

-gracias- dijo finalmente el rubio agachando la cabeza -gracias por detener a sus hombres –dijo incorporándose y mostrando finalmente su rostro, Sasuke miro de pies a cabeza a aquel doncel, hermoso sin dudar, caderas anchas, piel canela, labios rosas, cabello rebelde y brillante como los rayos de sol, piernas largar y sus ojos, bueno, era todo un poema.

-no tiene por qué darlas- dijo de manera galante mientras cogía su mano para besarla –Sasuke, Sasuke Uchiha es mi nombre...-

-Naruto Uzumaki...- contesto mientras ignoraba el gesto y retiraba su mano

-quien es él? - cuestiono Itachi viendo al niño el cual escondía su rostro en el cuello de su progenitor, Naruto sonrió suavemente y limpio sus ojos los cuales habían derramado algunas lágrimas.

-mi hijo- dijo sonriendo suave –se llama Shinki- comento mientras el niño miraba curioso aquel hombre

-No le harán daño a mi mami? - interrogo curioso mientras veía a Itachi

-no pequeñín, Sasuke no es de esos, soy Itachi, ah... dios eres lindo-

-gracias- susurro con una sonrisa el infante mientras dejaba de ocultarse, por otra parte, Sasuke se hallaba molesto y en una pelea interna, mierda!, le había gustado aquel rubio y este le salía con un hijo, era el colmo de su suerte.

/////////////////////////

Hasta aquí el capitulo de hoy, no se olviden de comentar y seguirme para mas proyectos!

Entre mares y tierrasWhere stories live. Discover now