Hacía una semana que llovía en la ciudad. Las calles estaban inundadas y yo llevaba más de quince minutos mirando por la ventana del vigésimo séptimo piso del edificio. Me preguntaba qué hora sería, ya que afuera todo era gris, casi negro. Contaba los minutos.
- ¿Qué hora es? - pregunté sin girarme, intentando controlar mi ansiedad, todos estaban allí, en la sala de reuniones. Los mejores y más competentes ejecutivos de la empresa.
- Son tres treinta y cinco Camila.
No tuve que girarme para darme cuenta de que la persona que me respondió con prontitud era mi más nuevo ejecutivo. Tomás Ferraz, un joven de treinta años – cinco años más joven que yo - que llevaba poco menos de un año trabajando en mi empresa y ya había recibido su cuarta promoción. Tenía talento, pero era un chupamedia nato.
- Camila, ¿no crees que ya les hemos hecho esperar bastante? ¡Deben de estar nerviosos!. - ahora era Marie quién hablaba, otra de mis mejores aliadas. Una chica oriental un poco más joven que yo, pero unas de las personas más inteligentes con las que había trabajado. - Ya hemos torturado lo suficiente a esos americanos y...
Me estaba dando la vuelta para darle la razón cuando alguien me interrumpió:
- ¡Buenas tardes, niños!
Me sorprendió ver entrar en la sala a un hombre de larga melena gris, ojos marrones y sonrisa enigmática, vestido con un elegante traje azul:
- ¿Papá? - estaba sorprendida.
Desde que el famoso Alejandro Cabello se había alejado de la empresa, hacía más de ocho años, nunca había estado allí, ni en la sala de juntas. Lo máximo que había hecho era visitar la oficina de la presidencia - mi sala.
- ¿Qué haces aquí? ¡Que sorpresa!
En el mismo instante en que me acerqué a él, todos los que estaban sentados alrededor de la enorme mesa de caoba se levantaron y se pusieron en fila para estrechar la mano de su ídolo.
-¿Estás bien, hija?- preguntó mirándome de manera rara, no me gustó aquella mirada, de hecho no me gustaba nada.
Si mi pelo castaño no estuviera bien recogido en un moño en la nuca, ya habría tenido diez dedos enredados en él con aprensión.
Intenté disimular mi repentina ansiedad mientras los chupamedias seguían intentando ganarse su atención. Me senté en mi silla, en el centro de la mesa, dando vueltas y mirando mis zapatos negros de tacones y mi cómodo traje.
- Tomen asiento niños, les tengo una noticia. - dijo acercando una silla para Marie y colocándose a mi lado. Yo le miré insegura, pero no estaba todavía irritada.
- A partir de mañana, van a pasar el mejor fin de semana de sus vidas. - dijo con una amplia sonrisa.
- ¿Qué clase de broma es esa, papá? ¿Qué quieres decir? - dije sonriendo, sin entender. - Tenemos unos clientes esperándonos en la sala de al lado, ya sabe que...
- Ellos ya se fueron, cariño. - dijo alegremente.
Todos le miraron incrédulos y, por supuesto, para mí también. Sin embargo, yo estaba tan sorprendida como ellos.
- ¿Qué dijiste papá? - dije mientras parpadeaba varias veces.
Entonces me miró como si fuera uno de sus empleados, pero ahora no sonreía:
- Se van a ir de retiro en un lugar hermoso, agradable y tranquilo. - dijo con una de las manos apoyada en el borde de la mesa. Abrí la boca, sin embargo él no se detuvo. – Se irán mañana bien temprano, los quiero a todos en el aeropuerto a las ocho en punto. El señor Yang los estará esperando allí.
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Un amor por Encargo ||CAMREN||
FanfictionCamila Cabello una empresaria adicta al trabajo, que ama tener el control de todo, hasta que su padre la obliga ir a un retiro donde ella conoce una odiosa "campesina" que la hará perder el control. ***** Atención: la historia NO me pertenece, nada...
