Ch. 1 Pt. 1: Desde cero.

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Kirsten se encontraba sentada en el pórtico de su nueva vivienda. La mudanza se había efectuado hacía tan solo un par de horas. Se suponía que ella estuviese desempacando sus pertenencias, pero en vez de eso decidió hacer una parada y pensar en cuánto extrañaba su antigua casa, su ciudad, sus amigos y todo lo que le ligaba al pasado. 

Ya no tenía caso pensar en eso. Por cuestiones del trabajo de Blythe, su madre, tuvieron que trasladarse a prácticamente el otro extremo del país. No es que el sitio fuese feo. Pero para Kirsten, era un lugar completamente desconocido, y eso no le hacía sentirse acogida de ningún modo.

—Te veo muy pensativa —dijo su hermano Logan, de 21 años, a la vez que se sentaba junto a ella.

—Lo sé —suspiró—. Realmente no quería que nos mudáramos...

—Lo siento Kirsty, pero, ya sabes como es mamá a veces. Hace lo que su trabajo le dicta. Y bueno, era esto o que ella se quedara desempleada. Mudarnos era lo mejor.

—¿Lo mejor? —elevó levemente el tono de voz— No, Logan. Esto definitivamente es un asco y a nadie le gusta.

Su hermano mayor guardó silencio.

—Perdona —se disculpó la joven—. No tengo derecho a tratarte así. Es solo que todo esto me trae de cabeza. Es como empezar de cero...

—¿No te gusta la casa?

—Sí, es muy linda, pero... No me agrada iniciar todo otra vez. 

—Lo entiendo, no creas que a mí sí —confesó suavemente su hermano—. Pero, por otro lado, es una oportunidad para que conozcas gente nueva, lugares nuevos, experiencias nuevas...

—Eres como un audio libro de auto ayuda. Aunque supongo que tienes razón —bufó levemente. Logan soltó una carcajada, y se retiró a organizar sus cosas en la nueva casa. La joven sabía que aunque no quisiera, en unos momentos habría de ir a hacer lo mismo.

Kirsten era una hermosa joven de 17 años. Piel blanca, ojos verdes, cabello castaño, liso y rebelde. Un metro sesenta y cinco, de figura realmente atlética. Solía practicar voleibol todos los fines de semana en la playa con sus amigos. Gustaba ver películas, pintar, escuchar música y asistir a fiestas. El baile era una de sus pasiones. De personalidad muy extrovertida, Kirsten tenía cierta facilidad para hacer amistades. Aunque ahora que sabía que debía mudarse, su parte social se retorció de miedo.

Había una faceta de ella que estaba oculta para todo el mundo. Su orientación sexual. No sabía exactamente cual era, pero si estaba segura de algo, era de que podía llegar a sentirse muy atraída hacia otras mujeres.

Kirsten se enteró a los 14 años, cuando tuvo un acercamiento muy personal a una de sus compañeras de clase de ese entonces. Se llamaba Nora. Solían ir a su casa cuando estaba sola para... Experimentar. Nada como llegar a las relaciones, pero sí lo suficiente como para que ella supiera que aquello le gustaba de manera desmedida. 

La joven se había enamorado de un par de mujeres a lo largo de su vida, pero jamás se declaró a ninguna, debido al temor del rechazo por parte de la sociedad. En aquel momento, sin embargo, no tenía sentimientos especiales hacia nadie. 

Y esperaba no tenerlos, pues sabía que si se daban, habría de llevarlos en un tortuoso silencio.


Kirsten ubicó su habitación. Se hallaba en la segunda planta de la nueva vivienda, que de por sí era bastante espaciosa. Más que suficiente para Blythe, Logan y la joven. En cuanto a su padre, él había fallecido años atrás, a causa de un tumor en el cerebro. Nadie nunca en la familia optó por tocar el tema.

Comenzó Kirsten, entonces, a ubicar sus pertenencias en cada lugar. Se percató de la bonita vista que tenía desde su ventana. Daba a una especie de zona verde rodeada de árboles, por donde el sol se ocultaba.

—Bueno, un punto a favor —se dijo a sí misma con respecto a la casa.

Su teléfono vibró, anunciando un mensaje de Pam, su mejor amiga.

"Hola Kirrrrrr! Cómo estás?? Ya organizaste tus cosas? Cuándo vienes a verme, eh?". La joven sonrió con nostalgia. Extrañaba muchísimo a sus amigos, que se encontraban en su anterior ciudad.

La tarde pasó, y Kirsten había prácticamente terminado de ponerle orden a su cuarto. Decidió entonces, que era hora de tomarse un descanso. Era el último sábado de enero. El lunes, ella tendría que ingresar al nuevo instituto. Al día siguiente habrían de ir a comprar su uniforme correspondiente. Sin embargo, ya se había conseguido todos los libros y útiles para empezar dicho año escolar. El último, antes de darle la bienvenida a la universidad.

En cierto momento, siendo ya de noche, sintió hambre y bajó a la cocina a prepararse algo.

—¿Emocionada? —preguntó Logan, que estaba también en la cocina.

—No, ¿por qué?

—Por comenzar tu último año de escuela —obvió su hermano.

—Me emociona más un funeral.

—¡Qué positiva! —exclamó entre risas el mayor— Deberías emocionarte. Después de todo, este es tu último año en el colegio. Yo te recomiendo que te dediques a disfrutarlo —le dio un beso en la mejilla—. Ya es tarde, enana. Mejor ve a dormir, ¿si? —dijo para después retirarse a su recámara.

—Solo espero que no sea un desastre... —susurró para sí misma, una vez Logan se hubiese ido. 


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