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Capítulo 9

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Creí que nunca saldría de ese lugar. Empecé a sentir como las paredes que acercaban cada vez más, como en esas películas donde el protagonista queda atrapado en una trampa. Así me sentí. Solo que no tenía un lazo como Indiana Jones para salir de ahí o un súper cerebrito por compañero que pudiera parar el mecanismo desde su computadora como Tom Cruise. No. Claro que no. Tuve que hacer frente de todas mis habilidades actorales.

Estuve sentada por casi tres horas, sonriendo. Feliz. Sosteniendo la mano de Francesco a la más mínima oportunidad. Luciendo como la mujer más asquerosamente feliz de todo el mundo. Vestida en un maldito vestido rojo carmesí, con los zapatos más altos que jamás haya usado, mi cabello arreglado perfectamente y con un maquillaje que me aumento algunos kilos. Mientras el italiano lucía fresco como la mañana, saludando, riendo, conversando…ese es su mundo. Un mundo donde las apariencias son lo más importantes.

El tiempo que estuve ahí, pude sentir las miradas curiosas, furiosas y hasta asesinas de decenas de mujeres. A veces me pregunto cuántas piernas habrá abierto, pero luego borro ese pensamiento de mi cabeza. Lo último que necesito es tener imágenes perturbadoras en mi cerebro.

Tampoco quiero sonar como si fuera una puritana o una santa. No lo soy. Pero si soy fiel. O al menos lo soy con la gente que lo merece. Sigamos con mi relato.

Después de responder las esperadas preguntas, sonreír y ser la mujer “perfecta”, salimos de ahí. En cuanto la puerta del coche se cerró, puse los audífonos en mis orejas. No quería ese silencio incómodo. Varios minutos después, mientras estábamos atascados en el tráfico una luz me cegó. Sentí los brazos de Francesco llevándome a su regazo. Otro Flash. Otro Flash. Levanté la mirada y vi a dos hombres montados en una motocicleta tomando fotos. Otro Flash. Otro y otro. Hasta que pudimos avanzar. Cuando nos alejábamos noté que ese no era el camino hacia mi hotel. No. Por supuesto que no. No dije nada. Solo quería dormir. No me importaba donde fuera, ¡Pero con un demonio, no lo dormiría en la misma habitación que el idiota!

Varios minutos después aparcamos en el estacionamiento del lujoso edificio donde vivía “el susodicho”. No dije nada. Seguía con los audífonos a todo volumen. Entramos a un elevador. Subimos. Salimos y me dirigí hacia la habitación de huéspedes. Por primera vez en días estaba feliz de haber aceptado el recorrido de Will por el lugar. Entré y cerré. No dije nada. Pero tampoco tenía ropa. La verdad no me importo. Me quite todo el maquillaje, el estúpido vestido y me lancé a la cama.

No sé con exactitud cuántas horas dormí, cuando abrí los ojos era de noche. Me levante y vi una bandeja con comida cerca de la puerta. La ignoré. Me di un baño y para mi maldita suerte tuve que usar el estúpido vestido de la noche anterior. Cuando salí el lugar estaba desierto. Las luces apagadas, las ventanas cerradas. Todo oscuro. Parecía una casa abandonada. No paso mucho tiempo antes de que saliera, tomará un taxi y estuviera pidiendo la llave de mi habitación del hotel.

Un oso.

Un maldito oso. Eso parecía. Después de una ducha volví a la cama y caí en un estado de coma, hasta que mi estúpido celular empezó a sonar otra vez. Pero gracias a todo lo bueno, no era el idiota.

—Te ves terrible. —Me decía Alba esa noche mientras cenábamos en el restaurante del hotel— ¿No dormiste bien?

—Caí en coma.

—Lo supuse. Esta mañana Francesco me llamó y me preguntó que te gustaba para el desayuno. Varias horas después me volvió a llamar para saber qué tipo de comida preferías.

—Es su conciencia la que no lo deja tranquilo. —Le dije mientras me zambullía un pedazo de carne a la boca.

—Se siente responsable por lo Santiago. Al parecer hablará con Will para que haga algo, la verdad es que me explico tantas cosas pero en eso de cuestiones legales me declaro una analfabeta.

—De ninguna manera. No quiero que se involucre más.

—Pero…

—Pero nada. En cuanto estos tres meses terminen, pediré el divorcio. Andrea tiene todo listo, solo necesita una llamada mía y este cuento se termina.

—Sofí…por favor. Dale una oportunidad a mi hermano. Se siente terrible por lo que ocurrió. Lo creas o no, creo que se encariño con Santi…

—¡Basta! Eso no me importa. Tu hermano no tiene por qué encariñarse con mi angelito. El trato era simple. Casarnos. Aparentar estar malditamente enamorados. Vivir juntos seis meses, sonreír a la cámara. Y ya. Han pasado tres meses desde que cometí el error más grande de mi vida, solo me faltan tres meses más y eso será todo. Me iré. Ya buscaré la forma de recuperar a mi Santiago. Así que te pido que no te metas.

—Me meto porque eres mi amiga y él es mi hermano…

De pronto sentí como si todo se volviese tan claro como el agua.

—¡No puedo creerlo! ¿Cómo te atreves Alba?

—¿De qué hablas?

—¡Todo esto! Este es otro de tus estúpidos intentos de encontrar a mí príncipe azul. ¡Cómo no me di cuenta! Desde un principio tenías todo planeado. Querías que me enamorara del idiota de tu hermano. ¿Cierto?

—¿Cuál es el problema si quiero ver felices a la gente que quiero?

—¡Tú no eres Dios! ¡No puedes controlar la vida de nadie! —Me levante furiosa. ¿Cómo era posible que no me diera cuenta antes? Todas las veces que Alba se sentaba y me contaba lo grandioso que era su hermano, decía que teníamos gustos similares y tantas cosas.

—Tal vez no pueda controlar tu vida, pero me preocupo por ti. Eres mi amiga y tengo todo el derecho de buscar la manera de hacerte feliz. —Escuche su voz mientras me dirigía hacia el ascensor.

—¡NO! —Me detuve, sentía como mi sangre hervía por dentro— Soy suficiente mayorcita como para decidir que es lo que me hace feliz y que no. Tu no tienes ningún derecho a intervenir y tratarme como si fuera un maldito juguete con el que puedes jugar.

—¡Nunca dije que jugaría contigo! Solo quiero verte feliz….

Suspire…derrotada. —Ese es el problema. Yo soy feliz a mi manera. No necesito de nadie más para serlo.

—Eso jamás lo sabrás si nunca lo intentas.

—Es que no lo entiendes. La felicidad que tengo es la única que conozco y la única que me interesa.

Regrese a mi habitación del hotel. Por dentro me sentía devastada, usada y cosas peores pero a la vez me sentía culpable por no haber previsto las intenciones de Alba, sabía que si interés repentino para que conociera hasta el último detalle de su hermano era muy extraño, pero…bueno no me esperaba que ella intentara “emparejarme” con Francesco.

La mañana siguiente seguía deprimida cuando recibí un mensaje de Will donde me pedía asistir a una cena para discutir los términos legales de nuestro divorcio, me limite a responderle que lo tratara con Andrea. Mientras menos fuera el contacto con esta gente más rápido podría salir ilesa y lo más pronto posible. 

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