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Capítulo 3

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 Sofía

Mientras avanzamos, mis pensamientos siguen vagando y tratando de convencer a mi cerebro de que estoy haciendo lo correcto por el bien de mi familia… ¡A LA MIERDA! ¡Lo estoy haciendo por mí bienestar!

Tengo que demostrar que estoy asquerosamente enamorado o todo por lo que he trabajado caerá en manos del idiota de mi primo y será mi ruina. Will sigue mirando por la ventana mientras nos acercamos al lugar donde mi hermana nos citó. Siendo honestos, no creí que tendría que enfrentarme a mi hermana tan pronto, lo cual es un pensamientos total y completamente estúpido.

Trato de apagar mis remordimientos mientras pienso en todo lo que tengo que discutir con mi prometida, después de horas hablando con Will, decidimos que primero hablaría personalmente con ella y después sería la reunión con los abogados. Tras mandar un mensaje por octava vez en el día, llegamos a una colonia casi decente. Segura…o al menos así lucía.

—¿Vas a tocar o te vas a quedar parado como idiota? —Me dijo Will. Suspire y toque el timbre de la puerta marcada con un gran ocho.

Esperamos.

Esperamos.

Esperamos.

Se escuchó un pequeño ruido, alguien chocando con algo, alguien maldiciendo, alguien chocando con la puerta y alguien abriendo de golpe.

—¡Hermano! —Alba corrió y brincó a mis brazos. Me quedé inmóvil incapaz de procesar lo que estaba ocurriendo. Mi pequeña hermanita estaba feliz de ver mi asquerosa presencia, después de unos segundos la abrace con más fuerza.

Mierda. Extrañaba tanto a mi pequeña.

—Will…Hola.

—Hola Alba.

Tensión en el aire.

Mierda.

Por un segundo lo olvide.

—¿Podemos pasar? —Pregunte— Tengo un poco de frío.

—¡Claro!

Entramos al lugar, temí encontrarme con una escena de uno de esos programas donde exponen a la gente con sus casas totalmente destartaladas o llenas de cosas acumuladas…me equivoque.

El lugar era tan claro, muebles, paredes adornos, todo, absolutamente te daba una especie de paz y tranquilidad, a excepción de algo parecido a un corral para niños o algo así, mis ojos volaron a la pared donde decenas de fotos adornaban, todas de diferentes escenarios pero con la misma persona. En otro lugar había varios cuadros, al observarlos de cerca me di cuenta de lo que eran. Reconocimientos. Títulos. Certificados. Muchos. Demasiados para mi gusto, pero todos con el mismo nombre…y no era el de mi hermana.

—Pensé que te habías atascado en el tráfico o que te habías en una manifestación de los maestros.

—¿Disculpa? —Pregunté.

—Olvidado. ¿Cómo… —Un pequeño llanto nos interrumpió. —Perdón tengo que ver a mi angelito. —Caminó por el pasillo, de pronto el llanto se detuvo y la curiosidad de gano. Deje a Will en la sala mientras avanzaba por el pasillo y me detuve. Entre a una pequeña habitación pintada de azul con cientos de dibujos por todos lados, mi hermana se inclinó en la cuna y saco un pequeño bulto.

—¿Por qué tengo la sospecha que tú compraste esa manta?

—Porque yo la compre. —Dijo con orgullo mientras señalaba con orgullo una manta morada —Mi pequeño sobrino tiene que tener lo mejor y que mejor que una manta con el color más hermoso del mundo.

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