Capítulo 28

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-Volveremos pronto, mamá- dijo Niall y le dio un beso en la mejilla.

-Vale, nosotros igual vamos a dar una vuelta más tarde, ¿llevas las llaves?

-Sí, hasta luego.

Salimos, me cogió la mano y me sonrió mientras empezó a caminar seguro de su dirección, aunque yo no tuviera ni idea de dónde estábamos ni a dónde ibamos. Vale, sí, estabamos en su casa. Pero no sabía ni su calle, ni número, nada.

-Lo siento si te agobian mucho a preguntas, no suelo traer chicas a casa -se rió e hice lo mismo.

-¿Ah no? -pregunté divertida- El gran "Niall Horan" -dije en tono importante, burlándome de él ya que hacía bastante que no le veía como eso- ¿nunca llevó a una chica a casa? 

-No -dijo sacudiendo la cabeza. Cogió mi cintura con una mano, juntándome más a él. Yo pasé mi brazo por su espalda y cogí la suya, imitando el gesto. Mientras, seguimos caminando. 

-Mira -dijo tras caminar unos cinco minutos- aquí venía de pequeño.

Un pequeño estanque, la verdad casi parecía más un charco profundo. Había hierba verde alrededor, algún junco y árboles al fondo. También había un par de mesas de madera. Era todo muy bonito, algo rural. Casi agradecía no ver tantos edificios como en Londres, o España, ya que vivía cerca de la ciudad.

-Solía jugar con mis amigos a fútbol en este "campo" -dijo riéndo suavemente, seguramente recordando esos tiempos- es gracioso. No hace tres años estaba aquí con mi balón, y mira como cambió todo.

Me cogió con las dos manos la cintura y me miró fijamente, me sonríe. Estaba abriéndose a mi, ¿lo habría hecho alguna otra vez con alguien? Dijo que nunca había traído chicas a casa, algo que me alivia un poco. Pero, nunca se sabe.

-Me gusta que estés aquí, este lugar siempre me gustó mucho. Desde pequeño jugué con mi padre, después con mi hermano, más tarde con mis amigos. Y ahora, aquí te tengo a ti. Solo traigo a la gente especial.

-¿Entonces soy especial? -pregunté divertida, él rió y asintió.

Involuntariamente me mordí el labio inferior. Noté que él apartaba la mirada, me cogió una mano y me llevó al lado de unos arbustos.

-¡Sigue aquí! -gritó, y yo fruncí el ceño. ¿A qué se refería? ¿Qué seguía ahí?

Sacó un balón de fútbol, y me reí. Me dijo que siempre guardaban ahí el balón cuando era pequeño, no entendí la razón pero bueno. Lo lanzó al aire y dió unos toques con los pies. Lo cogió con la mano al vuelo y me sonrió.

-¿Jugamos? -preguntó. Yo me reí.

-Se me da fatal el fútbol Niall -él se encogió de hombros.

-Venga, solo un poco.

Suspire y asentí. Él gritó que se la intente quitar, así que corrí detrás de él inútilmente. Aunque me acercaba, era imposible quitársela. Tras unos minutos esforzándome y riéndonos, se la quité. Supongo que le di pena, y lo hizo adrede. Pero era feliz con la pelota en mis pies. Empecé a correr mientras rodaba el balón. Niall no tardó en alcanzarme, entonces empecé a hacer cosas raras con los pies para evitar que la cogiera, cosa que hizo que Niall se riera de mi torpeza. La verdad, me hacía gracia hasta a mi, lo mala que era en este deporte. Me di por vencida, y cogí el balón con las manos y empecé a correr.

-¡Eso es trampa! -dijo riéndose.

Corrió detrás de mi y me cogió por la cintura alzándome por los aires, mientras reía. Me hacía ciertas cosquillas, provocando que no parara de reír quisiera o no. Di medio giro y lo tenía en frente a mí. Él seguía agarrándome y tropezó. Quedé inclinada rozando la fresca hierba, y él me tumbó del todo con cuidado, mientras él puso una pierna a cada lado de mí y se acercó. Nuestras miradas no tardaron en encontrarse. Quedamos un rato así, hasta que nuestras respiraciones se regularon (cosa que me costó, después de todo lo que corrí).

-No quiero que estemos tanto tiempo sin vernos-dije.

-Ni yo -dijo con aire nostálgico.

En ese momento tuve miedo. ¿Y si me dejaba porque no soporta relaciones a distancia? ¿Y si cuando vuelva no será lo mismo? ¿Y si después se olvida de mi? ¿Y si deja de quererme?

-Pero sé que podremos con ello -añadió, y un suspiro de alivio salió desesperadamente de mí -¿no?

-Seguro que sí.

Me acarició una mejilla, y juntó sus labios a los míos. Como si fueran dos imanes que se juntan, como las cositas estas chinas que te pones en los dedos, y luego no puedes soltarlos (no sé como se llaman). Así, éramos nosotros.

Continuará...

Unless «n.h.»Donde viven las historias. Descúbrelo ahora