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De nuevo, pido disculpas por no subir capítulo el otro día. Pero, aquí lo tenéis. Me gustaría dedicar este capítulo a Claudia (ashtonspleasure). Nunca olvidaré el día en que la conocí. Sin duda alguna, es una gran amiga, así como una magnífica escritora.

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UMA’S P.O.V

Cuando empecé a retomar la conciencia, debían ser prácticamente las ocho de la mañana. Sabía que dentro de unos pocos minutos sonaría el satánico y endiablado despertador que tenía por hermano, rogándome que le preparara el desayuno cual infante famélico. Lo curioso del caso era que, tenía diez malditos años y ni siquiera sabía cómo vestirse correctamente. Para que os hagáis una idea, constantemente me lo encontraba con la camiseta al revés o, con un calcetín distinto en cada pie.

Pero, era la única familia que me quedaba. La única. Por muchas locuras y trastadas que hiciese, le quería, era mi hermano y aunque a veces no llegásemos ni a fin de mes o, tuviésemos problemas en el barrio en que vivíamos, yo siempre le protegía. Cierto día juré que haría todo lo posible para que tuviera una vida digna, para que pudiese ir al colegio y graduarse, para que pudiera tener un trabajo… y, por el momento, no pienso romper mi palabra.

Unos momentos más tarde, una sensación realmente extraña recorrió mi cuerpo. Yo seguía con los ojos cerrados y acomodada en mi cama pero, no podía dejar de pensar en el hecho de que todo estaba demasiado tranquilo. Si estaba en lo cierto, era lunes, y mi hermano menor ya estaba tardando en despertarme.

De pronto, comencé a notar la siguiente sensación: parecía como si alguien o algo, estuviera vertiendo pequeñas gotas de líquido encima de mi pelo. Era raro, muy raro. Así que, en vista de que empezaba a ponerme nerviosa, decidí abrir los ojos de par en par.

La madre que lo parió.

El renacuajo más estúpido que jamás había pisado el globo terráqueo estaba derramando pintura turquesa sobre mi pelo. ¡EN MI PELO! ¡UN LUNES! Es más, quien sabe qué llevaba ese compuesto, yo simplemente me decanté por deducir que era pintura acrílica.

—¡Te voy a sacar las tripas!— Grité a pleno pulmón. No obstante él ya había se había escabullido velozmente. Tan pronto como vio mi cara completamente roja e iracunda, saltó cual gacela en celo. Decidí arrojar las sábanas que me cubrían a un lado, y empecé a perseguirle. Debía dar con él y demostrarle que, había ciertas líneas que no podían cruzarse.

—¡Eres hombre muerto! ¡Te arrancaré los genitales y me haré un collar con ellos!— Amenacé, mientras seguía con mis gritos. Cuando estaba a punto de llegar al final del pasadizo, llamaron a la puerta, lo cual me hizo frenar en seco. Por poco me rompo la nariz, pero, se podría decir que tuve suerte.

—Enano de mierda… cuando lo coja…— Refunfuñé yo, malhumorada. Irritada a más no poder, di media vuelta en dirección a la entrada de nuestra lujosa morada. Un pequeño apartamento en un bloque de pisos que se caía a trozos.

—¿Qué?— Solté arisca, al abrir la puerta.

—Nada en especial, Kill Bill.— Dijo un joven de tez un tanto morena. Su pelo era de un color castaño oscuro, y parecía tener mi misma edad. Supuse que trataba de bromear, pero, ese no era precisamente mi mejor día para aguantar a gente cargante y mucho menos, socializar.

—Ja, ja, ja. Muy gracioso.— Espeté, en un tono sarcástico. —¿Y tu quien coño eres, si se puede saber?— Añadí enarcando una ceja. El tiempo corría y me estremecía el hecho de no saber que tramaba mi hermano en aquel preciso instante.

—Hood, Calum Hood.— Sonrió, cual adolescente salido. Qué asco. El tipo ya había extendido su mano, pero, ni de broma iba a estrechársela. Pasados unos segundos de incomodidad, optó por carraspear un poco y cruzarse de brazos.

d r e a d f u l - [ I of III; hemmings → au ]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora