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ANDREA P.O.V

 Llegué a casa y eran casi las tres del medio día. Vaya, ¡estarían de un humor de perros! Seguramente podría decir que había tenido un trabajo que hacer, o algo que entregar, o incluso otro examen. Cualquier opción se la creerían y saldría libre del paso.

Abrí la puerta y saludé escuetamente, como solía hacer.

 -Hola. –Dije, en un tono bastante alto, pero no recibí respuesta.

Llegué a la cocina donde había unos fideos chinos para preparar en el microondas y una nota pegada a ellos.

 “¡Hola cariño! Por si no te acordabas, hoy me tocaba curso de acuario. Te he dejado los fideos listos para preparar. Te quiere, mamá. PD: No comas demasiado pastel del que hay en el horno, nos lo ha traído tu abuela esta mañana. Deja para los demás, que te conocemos.”

¡Genial! No había nadie en casa. Me preparé y engullí los fideos en menos de cinco minutos, tenía un hambre bestial.

Abrí el horno y allí me esperaba una gran tarta de chocolate y nueces. Inspiré hondo y absorbí todo ese maravilloso olor. ¡Tenía a la abuela más buena y genial del mundo! Agarré una gran porción triangular y le comencé a dar bocados, de manera tan rápida que casi me ahogo un par de veces.

Subí a mi habitación para hacer los deberes, pero no lograba concentrarme. ¿Qué tenía ese chico que cada vez que hablaba con él, conseguía desconcentrarme?

Miraba el móvil cada dos por tres, por si recibía noticias de alguien, pero siempre me aparecía la pantalla vacía, sin novedades.

Estaba atascada en un ejercicio de biología cuando <<tuituitui>> sonó el aviso de que había recibido un nuevo mensaje. Automáticamente y sin acabar de escribir la frase que estaba en proceso, agarré el teléfono y comprobé de quién era.

Laura

Hay que hablar de algo importante. ¿Me llamas?

Noté que algo andaba mal con tan solo ese mensaje. Vale, ella me había dicho que llevara cuidado y yo le había casi prometido que no volvería a hablar con ese macarra. Pasan dos minutos y ya voy tras él como un perrito faldero. No, eso no podía seguir así. Yo misma sabía que había hecho algo mal, pero tampoco era como para que Laura estuviera tan seria... ¿no?

Marqué su número y mientras esperaba a que descolgaran, medité lo que le iba a contar. Mente en blanco. No tenía ni idea de qué responderle si me preguntara que por qué había actuado así.

-Andrea. –Dijo y a continuación oí unos cuantos sollozos.

-¿Qué pasa? ¡Me estás preocupando de verdad! –Dije, un tanto asustada.

-Que he visto a Miguel, el librero, con una chica volviendo del instituto... ¡Y estaban muy abrazaditos! –Hablaba en un tono de voz demasiado bajo para lo habitual.

-¡No seas tonta! En las pelis siempre dicen que son primos.

-Pero es que no vivimos en una peli. Si tú ves a dos dándose el lote, lo primero que piensas es que están juntos, o que están coqueteando. –Dijo ella, muy segura.

-¿No era solo un abrazo?

-Los abrazos son claramente lo que precede a liarse. –Dijo ella, como si fuera lo más evidente del mundo.

-Aun así, no pensaba que Miguel te gustara tanto...

-No es que me gustara, es que estaba enamorada de él. –Dijo, casi gritando. –Pero por lo visto no era mutuo...

Otra historia de amor adolescenteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora