Capítulo 2. Ven tal como eres

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Robbie conducía el todoterreno azul marino mientras Mark se encargaba de elegir la música. Cuando terminaron de escuchar un cedé de grandes éxitos de Elvis Prestley, rebuscó en la guantera una funda de plástico con uno de sus discos favoritos, «Nevermind» de Nirvana, que comenzó a sonar de forma automática al ponerlo. La primera canción era «Smell Like Teen Spirit». Robbie subió el volumen y ambos comenzaron a cantarla siguiendo el ritmo con el cuerpo.

—Bienvenidos a Aberdeen —leyó Robbie el cartel que daba la bienvenida a la ciudad cuando se aproximaron a él.

—Cuna del gran Kurt Cobain —comentó Mark a propósito de la canción.

—Sí... «Ven tal como eres» —citó su hermano la frase que había escrita debajo del mensaje de bienvenida del cartel, y que daba título a una canción del artista.

El GPS los condujo por una carretera recién asfaltada, rodeada a ambos lados del bosque mixto de hayas y abetos que también rodeaba la mansión en la que vivían cuando eran niños, del cual percibieron su intenso y familiar olor a humedad. Un muro enladrillado de color rojo rodeaba todo el recinto, una verja negra y alta daba la bienvenida a las instalaciones, y una placa metálica al lado derecho indicaba el nombre del lugar: «Wayback».

Esperaron a que el hombre de seguridad, cobijado en una caseta a la derecha de la puerta, abriera las verjas centrales que daban paso al aparcamiento y les indicara dónde aparcar. Por el aspecto que tenía el sitio parecía tratarse de una institución privada, con muros altos y verjas que se sobreponían a ellos. Rodeando el aparcamiento había un inmenso jardín de verde césped con caminos asfaltados de tono rosado que conducían hasta los distintos edificios de sofisticada arquitectura. Por lo que pudieron ver en un cartel informativo situado al principio del aparcamiento, el recinto estaba dividido en cuatro edificios más uno en construcción: el de su izquierda se llamaba «Área de Descanso»; a la derecha del cartel se encontraba el «Área Educativa»; enfrente de los dos chicos se erigía el edificio central llamado «Área de Atención» y que también era el más alto; y detrás de éste se situaba otro en forma de «U», el «Área Médica». En la zona de la derecha, al fondo, había un último en construcción todavía sin definir y un gran espacio libre delante.

—¿Mark y Robbie? —preguntó el hombre.

El padre adoptivo de Jimmy, John Brackwell, había informado al conserje de cuántos eran, sus nombres y con qué distribución llegarían.

—Sí —respondió Robbie sonriendo.

—Bienvenidos a Wayback.

Se dirigieron al edificio central, el Área de Atención. La entrada parecía la de un teatro, con escalones centrales para llegar a una gran puerta de madera blanca, a juego con los marcos de las ventanas y las cuatro columnas decorativas que separaban los enormes ventanales de la planta baja. Dentro, el recibidor estaba lleno de sillones negros y mesas cuadradas con plantas encima o lámparas clásicas en color hueso, con el suelo de baldosas y paredes de tonos claros.

—¿Crees que ha sido buena idea? —le preguntó Robbie a su hermano.

—Claro que sí —respondió—. Si no... ¿Por qué venir?

—Lo sé. Pero ha pasado mucho tiempo —confesó. Echó un vistazo a toda la sala, prestando especial atención a la planta superior, cuyos pasillos podían verse desde abajo dado que el techo era el mismo, y se sentó en uno de los sillones. Le parecía curioso que no hubiera nadie—. Es extraño.

—No debería serlo —expresó Mark.

Apagó el reproductor cuando sonaba «Remember the time» de Michael Jackson y esperó indicaciones mientras observaba el lugar. Le recordaba mucho a Harvard. El mismo hombre que atendió a la visita anterior, salió de la cabina.

Los Guardianes (I): OcasoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora