Capítulo 31. Aeropuerto.

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Acomodé la ropa de Eva en la maleta, presioné la ropa hacia abajo, casi sentándome arriba, para que esta pudiera cerrarse bien. Di una vuelta sobre mi misma en busca de ella. Abrí la puerta asomándome para llamarla. Escuché a alguien subir por las escaleras hasta que apareció Eva y le hice una seña para que entrara a la habitación.

—¿Vamos? —asintió.

La época de clases ya había comenzado hace una semana atrás, sin embargo, Eva no había empezado las clases aún y de Aaron no tuve idea de su ubicación durante los dos meses de vacaciones.

A pesar de todo, había sido literalmente obligada a hacer aquello; de parte de los padres de Eva, a los cuales no pude rechazar, y mis padre que sí me obligaron, todo aquello con la excusa de que la niña quería estar conmigo.

Así que iba a llevarla al aeropuerto, por compromiso.

El día anterior, viernes, había llegado de Nueva York. Realmente me había sorprendido lo rápido que fue adaptarme correctamente a la universidad. Había decidido que cada fin de semana iba a volver, aunque tendría en cuenta que sería muy cansador pero me arriesgaría.

Con respecto a mis amigos, nos veíamos casi todos los días ya que Jack y Peter iban a la misma universidad que yo, mientras que Cameron y Sharon iban a otra muy cercana a la nuestra por lo que también nos permitía estar la mayoría del tiempo juntos,después de clases claro. O por lo menos, en los tiempos libres, aunque al pasar recién una semana no había mucho que hacer.

Y, como debía pasar la mayor parte del tiempo allí en Nueva York, había comprado un departamento por ahí para evitar tener que viajar mucho porque eso iba a ser el doble de cansador, y no pensaba tomar un avión todos los días.

Con Eva y su maleta en mis manos, bajamos las escaleras para luego dirigirnos hacia la puerta donde la voz de mamá nos detuvo.

—¿Dakota donde vas con todo eso? —preguntó apoyada en el marco de la puerta de la cocina.

—Mamá, ¿para que preguntas si ya sabes donde voy? Tú me obligaste —mamá rodó los ojos.

—¿Te irás? —preguntó, esta vez, mirando a Eva quien asintió—. ¿Acaso pensabas irte sin despedirte de mí? —la miró con media sonrisa y luego abrió los brazos para que Eva fuera abrazarla y así lo hizo.

Le había agarrado cariño muy rápido, y la trataba como si fuera una hija más.

Así hizo con todas las personas de la casa, ¡hasta de mi perro se despidió!. Quedé casi media hora parada en la entrada con mala cara, deseando que Eva terminara de despedirse de todos. Suspiré aliviada cuando terminó para luego salir de la casa e ir directamente hacia el aeropuerto, donde esperaría con muchas ansias la llegada de Aaron.

Estaba nerviosa.

Cuando llegamos, detuve el coche y Eva bajó del coche mientras que yo bajaba su maleta. Llevé mi mano libre a su espalda insitándola a caminar hacia el interior del aeropuerto. Lo primero que hice fue caminar hacia los asientos de espera, Eva se fue a corretear por ahí mientras me mantenía vigilandola, diciéndole que no se alejara de mi vista. La vi esquivar gente, luego se detuvo para mirar algo a través de la ventana de una de las tiendas, y unos segundos después corrió hacia mí.

—Dakota, ese señor vende paletas muy ricas —señaló.

—¿Quieres una? —asintió con emoción—. Bien, toma... Pero vuelves a sentarte aquí conmigo —advertí sacando dinero de mi bolsillo y entregándoselo una vez que asintió.

Mis bolsillos eran mágicos, cada vez que quería comprar algo buscaba en mis bolsillos y ¡boom! Mágicamente había dinero.


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