Prólogo

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Ya llevaba días huyendo, sus fuerzas casi estaban agotadas, tan solo hacer que ese pequeño montículo de tierra y rocas flotasen ya era toda una odisea, huir de una serpiente marina color cereza era aún peor.

No estaba en condiciones para presentar batalla, lo único que le quedaba era huir como un cobarde y odiaba ser un cobarde.
Ese bicho enorme lo perseguía desde el momento justo en que había cruzado las columnas de Hércules en el estrecho de Gibraltar.

Llevaba dos días y una noche huyendo, y tan solo llevaba consigo unos trozos aplastados de ambrosía.

Un año había pasado desde que había perdido todo contacto con su madre, por lo menos con la madre que lo había criado y hacia tan solo unos días esa visión había entrado de golpe en su cerebro.

La visión le había tomado por sorpresa, estando en la cueva donde se encontraba aquella serpiente milenaria y monstruosa, todo había iniciado en cuanto sus flechas traspasaron el cráneo de Pitón.

Pensar en esas cosas lo desconcentraban a tal punto de hacer que la isleta improvisada se hubiese hundido un palmo de forma brusca.

La cola de aquel monstruo emergió de las agitadas aguas para golpear el extremo posterior de la masa flotante. Ese golpe arrancó una porción considerable de la isla, haciendo que esta se tambalease.

Fue una sacudida tan fuerte que lo hizo despegar los pies de la superficie por una fracción de segundo.

Su esperanza creció y con ello sintió sus energías renovadas al ver la costa de New York, el estrecho de Long Island se abría en dirección oeste.

Los altos edificios de la ciudad se podían apreciar arañando el cielo, pudo ver como luces doradas volaban entre las nubes y algunas figuras fugases se podían apreciar, como si galopasen sobre las aguas, definitivamente ese era el hogar de los dioses.

Con ese impulso renovado hizo mover con sus poderes la masa de tierra flotante que había hecho cruzar desde la costa de Delos, desde donde había cogido rumbo hacia América, desde aquella isla flotante anclada con cadenas y pilares mágicos donde habían nacido Apolo y Artemisa.

Al acercarse a Long Island pudo visualizar un tenue manto dorado de magia pura, lo que sin duda era la barrera magia que protegía al Campamento Mestizo.

Su entrada no fue del todo triunfal, no hubo caravanas, ni ceremonia de recibimiento, al contrario, podía ser considerada como estrepitosa, escandalosa y un tanto vergonzosa.

La colisión de la pequeña isla contra la playa del campamento lo hizo salir disparado por los aires, lo último de lo que fue consiente antes de desmayarse fue de haber sido cogido en vuelo por alguien, evitando así que cayera y se estrellase contra la arena.

Percy Jackson Y La Caída Del OlimpoStories to obsess over. Discover now