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Prólogo: Flechado

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La música retumbaba en la casa de Namjoon, pero Yoongi estaba impaciente.

Recostado en el sofá, con su característica expresión de aburrimiento, revisaba su teléfono cada pocos minutos. Jimin había dicho que llegaría tarde porque tenía que pasar a buscar a su hermano menor, y Yoongi, aunque no lo admitiría en voz alta, ya lo extrañaba.

-Deja de mirar el teléfono, hyung -dijo Hoseok, bailando con Sana-. Va a llegar.

-No estoy mirando el teléfono -mintió Yoongi, guardándolo rápidamente.

-Sí, claro -Seokjin soltó una risita desde la cocina, donde discutía con Namjoon sobre la lista de canciones-. Llevas diez minutos haciendo lo mismo.

Yoongi iba a responder, pero en ese momento la puerta de la entrada se abrió.

-¡Llegamos! -la voz de Jimin llenó la casa, alegre y brillante como siempre.

Yoongi sintió que su expresión se suavizaba al verlo entrar. Jimin llevaba una chaqueta ligera y su sonrisa característica, y detrás de él, casi escondido, venía alguien más.

Un chico pequeño, de cabello negro cayendo sobre la frente, con ojos enormes y oscuros que miraban el suelo. Llevaba una sudadera holgada de Naruto y jeans rotos, y sus dedos jugaban nerviosos con el dobladillo. Todo en su postura gritaba timidez, como si quisiera desaparecer en el momento en que alguien lo mirara. Apenas tenía 15 años, y se notaba que aquel ambiente ruidoso y lleno de gente lo abrumaba por completo.

-¡Este es Jungkook! -anunció Jimin, tomando a su hermano del brazo y arrastrándolo hacia el centro del salón-. Mi hermano pequeño.

Jungkook levantó la mirada apenas un segundo. Vio a Yoongi, que asintió con suavidad desde el sofá, y sus hombros se relajaron ligeramente. Luego, su mirada recorrió al resto del grupo, pero volvió a bajar rápidamente.

-Hola -dijo, con una voz tan suave que casi se perdió entre la música.

Jimin lo guió hasta el sofá, sentándolo a su lado mientras Yoongi lo observaba con curiosidad.

-¿Cómo estás, Jungkook? -preguntó Yoongi, con su voz tranquila.

Jungkook se encogió un poco, pero respondió con cortesía.

-B-bien, hyung. Gracias.

-Relájate -dijo Jimin, dándole un codazo-. Son mis amigos, no van a morderte.

Jungkook asintió, pero sus dedos no dejaban de jugar con el dobladillo de su sudadera.

Mientras tanto, en la cocina, Taehyung no podía apartar la mirada.

Apoyado contra la pared, con su lata de refresco olvidada en la mano, observaba al chico que acababa de entrar. Era pequeño, delgado, con una fragilidad que lo hacía parecer aún más joven. Y era bonito. No, bonito era quedarse corto. Era... diferente. Como si no perteneciera a aquel lugar ruidoso y lleno de gente. Como si fuera un personaje de uno de esos mangas que Jimin siempre mencionaba, y hubiera saltado de las páginas a la vida real.

Taehyung sintió un cosquilleo en el pecho que nunca había experimentado antes. Un latido más fuerte. Un deseo repentino de acercarse, de hablarle, de descubrir qué se escondía detrás de esa timidez que lo envolvía como una capa.

«Quiero conocerlo», pensó, sin poder apartar la mirada de él. «Quiero saber cómo suena su risa. Quiero ver qué pasa cuando deja de ser tímido. Quiero...»

No terminó la frase. Porque en ese momento, Jungkook levantó la mirada por casualidad hacia la cocina y sus ojos se encontraron con los suyos.

Solo fue un segundo. Tal vez menos. Pero Taehyung sintió que el tiempo se detenía.

Los ojos de Jungkook eran profundos, oscuros, y en ellos había una mezcla de sorpresa y timidez que hizo que el corazón de Taehyung diera un vuelco. Luego, Jungkook desvió la mirada rápidamente, volviendo a esconderse detrás de su flequillo, y Taehyung se quedó allí, quieto, sintiendo que algo había cambiado para siempre.

-Oye, Taehyung -dijo Seokjin, apareciendo a su lado con una sonrisa pícara-. ¿Estás bien? Parece que has visto un fantasma.

Taehyung parpadeó. Tragó saliva. Y una sonrisa lenta, de esas que mostraban sus colmillos, comenzó a formarse en sus labios.

-No -respondió, con la voz ronca, sin apartar la vista del sofá donde Jungkook se había refugiado junto a Jimin-. He visto algo mejor.

Seokjin siguió su mirada y soltó una risita.

-¿El hermano pequeño de Jimin? ¿En serio? Apenas es un niño.

-Tiene quince -dijo Taehyung, y su sonrisa se hizo más amplia-. No es tan niño.

-¿Y eso qué importa? -Seokjin alzó una ceja-. Estás perdido, ¿verdad?

-No lo sé -respondió Taehyung, y su mirada volvió a posarse en Jungkook-. Pero voy a averiguarlo.

Al otro lado del salón, Jungkook sentía el peso de una mirada sobre él. No se atrevía a levantar la cabeza para comprobarlo, pero sabía que alguien lo observaba. Y por alguna razón que no entendía, sus mejillas comenzaron a calentarse.

-¿Estás bien, Kookie? -preguntó Jimin, notando su repentino silencio.

-S-sí -respondió Jungkook, sin levantar la vista-. Solo que... hay mucha gente.

Jimin sonrió y le pasó un brazo por los hombros.

-Tranquilo. Estoy aquí.

Jungkook asintió, pero en su interior, algo se movía. Algo que no sabía nombrar.

Y Taehyung, desde la cocina, no podía dejar de sonreír.

Flechado - TaekookHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora