PROLOGO

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El edificio donde el estudio se encontraba se veía imponente desde fuera, no era lujoso o precisamente exuberante pero tenía un aura que rodeaba todo que hacía que el ambiente se sientiera profesional e intimidante

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El edificio donde el estudio se encontraba se veía imponente desde fuera, no era lujoso o precisamente exuberante pero tenía un aura que rodeaba todo que hacía que el ambiente se sientiera profesional e intimidante. Tenía cuatro pisos, en el primero una recepción con fotografías de artistas en blanco y negro, una recepción y comodidades como cualquier entrada a ese tipo de lugares. También había una cafetería pequeña antes de llegar al elevador del fondo.

Los pisos restantes eran las salas de ensayo, oficinas, cabinas, baños y vestidores para sus artistas y todos los que trabajaban ahí.

Jung Hoseok se detuvo frente a la puerta que la secretaria le había indicado desde la recepción, con la mano en la manija unos segundos más de lo necesario. En el tercer piso, hasta el fondo, a la derecha, la puerta doble en el estudio tres. Respiro para tomar valor y calmarse, siempre aunque minutos antes se dijera lo mismo para calmarse, los nervios de una nueva entrevista lo atacaban de esa forma.

No era fácil si recordaba su récord decepcionante en las anteriores pero al mismo tiempo se prometía que en cada una nueva algo podía cambiar.

Aunque nunca fuera así.

Lo primero que lo recibió fue el olor a madera recién trapeada, era clara y sobresalía con la pintura blanca y las paredes repletas de espejos. Era muy grande el lugar, con luces colocadas estratégicamente, bocinas en todas las esquinas del techo, sillas para descansar, un pequeño frigobar cerca de ellas y un estante para colocar las cosas de los bailarines. También había una cabina al fondo, grande y amplia, con una consola y muchos cables que a diferencia de las que Hoseok había visto en su vida, estos parecían organizados con una precisión casi obsesiva.

Recordó lo que le dijo la chica de abajo así que dejó su mochila en un espacio del estante y se quitó la sudadera blanca que llevaba puesta. Se paró frente al espejo y comenzó a calentar antes de que llegaran el coreógrafo y el productor. La camiseta que llevaba era básica negra, se pegaba a su cuerpo que era delgado y atlético con músculos definidos debido a años de preparación en el baile.

Hoseok tenía el cabello castaño oscuro, un poco largo pero no lo suficiente como para verse desarreglado, al bailar se lo peinaba a los costados para que no le estorbara pero casi siempre lo usaba sobre la frente. Tenía la piel acaramelada y los labios llenos en forma de corazón.

Tenia veintidós años recién cumplidos en febrero, se había graduado en danza con acentuación en interpretación contemporánea hacía unos pocos meses y hasta ahora su búsqueda de trabajo no había sido para nada sencilla, no había podido encontrar una oportunidad fija, siempre le faltaba experiencia o de una forma más cruel, estar completo.

Era un omega, al menos eso creía y lo hacían todos a su alrededor, sin embargo no estaba presentado.

La última palabra era la que siempre aparecía primero en cualquier evaluación cuando daba un pequeño paso al frente.

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