Ironía

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29 de Enero 4:27 A. M

La lluvia cae como si quisiera borrar la ciudad. Luces rojas y azules tiemblan sobre el asfalto, y entre los paramédicos, oficiales y susurros nerviosos, aparece una figura avanzando con pasos rápidos y mal dormidos.

Luz.

Trae el cabello recogido de cualquier manera, la ropa aún medio arrugada por despertar sobresaltada. Los bordes de su abrigo están mojados cuando atraviesa la cinta amarilla.

—Detective Noceda. Bienvenida a la fiesta —murmura Gus desde el perímetro, con los dedos fríos agarrando una tableta.

—¿Qué tenemos? —pregunta Luz, encogiéndose del viento.

—Lo mismo que los dos anteriores. Sin huellas, sin arma, sin testigos, sin cámaras útiles. Justo como te gusta.

—Detesto cómo me hablas como si fuera una fan —responde Luz, intentando sonreír, pero le pesa la madrugada.

Willow se acerca corriendo, tablet en mano.

—Luz, la jefa quiere que entres... y que te prepares mentalmente. Emira y Edric dicen que la escena está... rara.

Luz suspira, acomoda el abrigo y entra al callejón estrecho donde está el cuerpo. Se detiene al ver a la persona agachada junto al cadáver, escrutando cada detalle como si el mundo estuviera hecho de rompecabezas.

Amity Blight.

Su perfil es afilado, concentrado, casi inmóvil. La luz de las patrullas ilumina su cabello morado como un reflejo helado.

—Llegas tarde, Noceda —dice sin verla, pero sabiendo que está ahí.

La voz es tranquila, casi musical, aunque sin dulzura.

—La próxima vez que el asesino decida madrugar, le mando mensaje para coordinar horarios —responde Luz, cruzándose de brazos.

Amity se incorpora. Sus ojos dorados, despiertos incluso a estas horas, la examinan sin prisa.

—Ojalá pudiera bromear así —dice—, pero tenemos un problema. Este asesino aprende. No repite patrones, no deja errores. Es el trabajo de alguien que estudia... al detalle.

Luz quiere contestar algo ingenioso, pero el cuerpo en el suelo le hace un nudo en el pecho. Una mujer joven, manos limpias, sin señales de lucha. Como si simplemente se hubiera apagado.

—¿Causa? —pregunta Luz en voz baja.

—Punzo... aquí —Amity señala el costado izquierdo, gesto exacto, quirúrgico—. Un punto donde el corazón siente dolor antes de detenerse. No hay más heridas. El asesino sabe exactamente dónde cortar.

Luz se arrodilla a su lado.

—Si queremos atraparlo —continúa Amity—, necesitamos dejar de trabajar como departamentos independientes. Quiero acceso a tu perfil psicológico.

—¿A mi perfil... o al del asesino? —pregunta Luz, levantando una ceja.

Amity no se inmuta.

—Son el mismo trabajo.

La tensión se rompe cuando llega Eda, pisando charcos con el cansancio de mil casos sobre la espalda.

—Bien, mis estrellas con ojeras —gruñe—. ¿Qué tenemos?

Amity da su reporte sin tartamudear, sin respirar de más. Luz agrega observaciones sobre comportamiento probable del asesino. Willow explica la falta de evidencia física. Hunter llega último, tenso como siempre, preguntando si hubo testigos.

No los hubo.

De nuevo.

La lluvia cae más fuerte.

Eda observa a sus detectives como una constelación dispareja.

—Este caso no lo resolverá nadie solo —dice—. Así que a partir de hoy, Amity y Luz quedan oficialmente emparejadas.
Se escuchan dos reacciones simultáneas:
Luz:
—¿Qué?
Amity:
—Bien.

Eda ignora ambas.

—El asesino está creciendo en confianza. Eso significa que vendrá otro cuerpo si no nos adelantamos. Quiero resultados.

La jefa se va, dejando silencio tras ella.

Luz mira a Amity. Amity mira de vuelta. Algo chisporrotea, incómodo y atractivo como un cable pelado.

—No soy buena trabajando con... gente tan impulsiva —dice Amity.

—Y yo no soy buena trabajando con robots —responde Luz.

—Qué irónico.

—¿Qué cosa?

—Que nos necesitemos.

Las sirenas se apagan poco a poco. El equipo comienza a recoger la escena. Hunter revisa esquinas, Gus toma fotografías finales, Willow conversa con Skara sobre la posible ruta de escape.

Pero Luz y Amity siguen ahí, como dos piezas que encajan a la fuerza.

El cuerpo es llevado. El callejón queda vacío.

Un viento helado cruza entre ambas.

Y en ese momento, Luz nota algo:
Los ojos de Amity siguen la camilla que se aleja... de una forma demasiado fija, demasiado cargada.

Amity se ajusta los guantes.

—Vamos. Hay mucho que analizar esta noche.

Luz siente un escalofrío que no debería sentir por una compañera.

La lluvia empieza a borrar las huellas de todos. Las visibles... y las otras.

Y así comienza la historia.

Tormenta - LumityWhere stories live. Discover now