El salón resplandecía con luces doradas que caían sobre los invitados como polvo de estrellas.
La música, suave y elegante, llenaba el aire con un eco tenue de violines y murmullos.
Cada gesto, cada sonrisa, era calculado; un teatro de apariencias en el que todos sabían su papel.
Kakashi Hatake permanecía de pie junto a su esposa, Rin.
El brillo del lugar se reflejaba en los ojos de ella, tan llenos de dulzura fingida, mientras su mano reposaba sobre el brazo de su esposo.
Nadie podría adivinar que aquel contacto lo helaba por dentro.
Sonrió, porque debía hacerlo.
Siempre debía hacerlo.
Respira. No mires. No recuerdes.
Pero los recuerdos eran como un aroma que no se va, persistente, amargo.
El perfume de las flores del salón le trajo, sin quererlo, el recuerdo de otra noche.
Una más cálida, más peligrosa... y más real.
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Flashback
La música era diferente aquella vez.
Más viva, más humana.
Kakashi había ido solo, con la excusa de representar a su familia, aunque en el fondo solo buscaba un momento de aire. Ser perfecto, ser callado, ser obediente... cansaba. Un omega marcado por obligaciones, no por amor.
Y entonces lo vio.
Obito Uchiha, apoyado contra la barra, riendo con Deidara.
Esa risa que alguna vez le había pertenecido.
El corazón se le contrajo.
No era enojo, era algo peor: celos.
Feromonas leves escaparon de su control, un pulso instintivo que atravesó el salón como un susurro; un omega llamando, sin querer, a su alfa.
Obito lo sintió.
Giró la cabeza, y sus miradas se cruzaron.
El ambiente cambió, como si todo el ruido del lugar se hubiera desvanecido.
Kakashi comenzó a caminar hacia él. Cada paso era contradicción: orgullo y necesidad, dolor y alivio.
Deidara se dio cuenta de inmediato. Alternó la mirada entre los dos, captó algo que no entendió, pero era obvio.
—Voy por otro trago —murmuró, levantando la copa vacía — No tarden en matarse... o besarse.No esperó respuesta.Tocó el hombro de Obito como un gesto casual y se perdió entre los invitados, sin mirar atrás. Ahora solo eran ellos.
—No creí que vendrías —dijo el Uchiha con una media sonrisa.
—No planeaba hacerlo —respondió Kakashi, acercándose lo suficiente para que sus feromonas chocaran.
Obito avanzó medio paso. Kakashi retrocedió medio suspiro. Se encontraron en el centro—Entonces, ¿por qué estás aquí?
El silencio fue su única respuesta.
Hasta que Kakashi, sin pensarlo, lo tomó del cuello de la camisa y lo besó.
No fue un beso tierno.
Fue una explosión contenida.
Años de dolor, deseo y frustración comprimidos en un solo segundo.
Obito lo sostuvo, primero con sorpresa, luego con fuerza, como si también hubiera estado esperando ese instante.
La pared más cercana fue su refugio, los cuerpos demasiado cerca, el tiempo dejó de existir. El aire se volvió espeso, cargado del aroma de ambos.
Obito lo empujó suavemente contra el muro, y el aire se les escapó en un jadeo compartido. Cada fibra de su cuerpo parecía encendida; la piel contra la piel era una promesa, una súplica, una rendición. Sus bocas se buscaron de nuevo, sin descanso, sin miedo.
Las manos de Obito descendieron por su espalda, reconociendo cada curva, cada temblor. Kakashi lo sostuvo con fuerza, aferrándose como si temiera que, al soltarlo, todo se desvaneciera. El mundo se redujo a ellos dos: la respiración entrecortada, el calor, el deseo contenido durante años.
KAMU SEDANG MEMBACA
El perfume de las sombras
Fiksi UmumEn un mundo regido por jerarquías de aroma y deseo, donde los alfas dominan y los omegas aprenden a sobrevivir bajo sus propias marcas, tres historias se entrelazan bajo el mismo cielo -unidas por el amor, la culpa y los lazos que ni el tiempo ni el...
