Han pasado algunos años desde la derrota de Majin Buu y la aparición del dios de la destrucción Bills, durante todo este lapso Goten y Trunks han entrenado física y mentalmente de forma ardua para fortalecerse, sin embargo, al llegar a la edad donde...
El viento fresco de la montaña soplaba con una anormal intensidad, la fuerza del viento que en esos instantes se sentía no era algo que la naturaleza produjera de forma naturalmente, al contrario, era consecuencia directa de dos jóvenes quienes entrenaban arduamente, el eco de los golpes producía ondas tan grandes que por todo el valle podía sentirse como fuertes ráfagas cual tifón, sus gritos al aumentar su ki resonaba con una intensidad inquebrantable produciendo un eco que rebotaba entre las montañas. Goten y Trunks, se habían alejado del bullicio de la ciudad para dedicarse a un riguroso entrenamiento, después de presenciar lo poderoso que eran los dioses de la destrucción como Bill y recordando los estragos que Majin Buu había causado estaban decididos a ser más fuertes. Juntos llevaban algunos años entrenando juntos, con cada día que pasaba, sus cuerpos respondían con más fuerza a su deseo de fortalecerse, podían sentir los frutos del entrenamiento, pero también podían sentir algo era diferente, algo que antes no estaba allí.
En cada choque de puños y patadas, una sensación extraña recorría sus cuerpos. No era el dolor habitual del combate ni el cansancio después de horas de esfuerzo. Era como si sus cuerpos estuvieran ardiendo en su interior, como si algo nuevo estuviera despertando dentro de ellos. Al principio ambos lo atribuyeron a que sus fuerzas aumentaban, pero conforme a los días pasaban esa idea poco a poco se descartaba y era reemplazada por otra diferente, prontamente se volverían adultos.
Sabían que no podían quedarse como los adolescentes que eran para siempre; el cambio inevitable de la adolescencia a la adultes estaba acercándose, pues recordaban que Gohan había crecido cuando tenía aproximadamente su edad, a pesar de tener muchas incertidumbres sobre como pasaba o de qué forma sus cuerpos cambiarían tanto Goten como Trunks no se sentían cómodos de hablar.
Tras el arduo día entrenamiento, Goten se encontraba jadeando, limpió el sudor de su frente con el dorso de la mano, su dogi anaranjado estaba levemente destruido producto de las ráfagas de Ki de su amigo y rival, observando el daño de su ropa volteo por un momento para mirar a Trunks, observaba como la mitad de su dogi superior estaba destruido, sí bien no había podido vencerle se sentía feliz de haber podido conseguir que sus golpes impactaran en él, sin embargo entre más le veía más le era imposible no preguntarse qué tanto cambiaria cuando sus cuerpos crecieran.
Trunks quien noto la mirada de Goten se cruzó de brazos y cerro sus ojos, queriendo mostrarse orgulloso. — Ni creas que el que me hayas roto mi ropa significa que me estas alcanzando en fuerza, aun te falta mucho para que puedas derrotarme —
— Lo se Trunks, tú eres muy fuerte — Contesto riéndose. — Aun así, estoy convencido que podre vencerte la próxima vez — Agrego con un tono de voz decidido.
Escucharlo con tanta seguridad le causo algo de gracia, pero al mismo tiempo se sentía feliz de que entrenara para superarlo. — Hum, ver para creer — Sentencio comenzando a flotar, estaba atardeciendo, señal de que debía regresar a casa. — Bueno ya creo que es hora de irme a casa, sí no llego para cenar mama se enoja — Agrego preparándose para marcharse.
— ¡Trunks espera! — Exclamo Goten de forma rápida. — Sí el problema es la hora podrías quedarte en mi casa, de seguro mi madre puede convencer a la señora Bulma de que te quedes conmigo —
El joven Saiyajin miro a su amigo desde la altura, nunca había sido un problema el que durmieran juntos pero esta vez el pensar en compartir la cama con él era diferente, no entendía que pasaba por su mente, atribuía al calor creciente en su ser el que no pudiera pensar con claridad por lo que opto por rechazar la oferta. — Lo siento, pero hoy no puedo — Sin decir otra palabra se marchó a toda velocidad a su hogar, dejando solo a Goten frente al atardecer en la montaña.
Goten observo a Trunks desaparecer en el horizonte, no comprendía el por qué se había ido tan rápido, sin embargo, darle vueltas al asunto no conduciría a nada, resignado a no poder seguir compartiendo aquel día con él se regresó a su hogar, ahora que el entrenamiento del día había acabado su estómago moría de hambre.
Tras la abundante cena que su madre cocino para él y su padre, se acostó temprano tal y como le ordenaron. En la comodidad de su cama miraba hacia el techo en silencio, no había querido hablar del calor que recorría cada parte de su cuerpo, no quería preocupar a sus padres. "Quizás si duermo mañana este calor ya no este..." pensó inocentemente antes de cerrar sus ojos para intentar dormir.
El cerrar sus ojos no fue complicado, lo complicado fue dormir como tal, en toda la noche su cuerpo no paraba de arder, sentía como su interior parecía estar derritiéndose, sus cuerdas vocales no emitían ruido alguno y aun cuando intentara moverse para pedir ayuda su cuerpo no respondía, lo único que podía hacer era aguantar al mismo tiempo que escuchaba como su ropa de dormir era rasgada, ello fue lo último que pudo escuchar antes de perder el conocimiento debido al calor.
A la mañana siguiente pudo despertar con naturalidad, la fiebre había abandonado su cuerpo lo que le entregaba un gran alivio, de forma enérgica se puso de pie y camino hacia su closet para buscar la ropa del día de hoy, ansiaba en entrenar nuevamente con Trunks, mientras buscaba decidió mirar al espejo, miro por el reflectivo cristal su cuerpo y ante la sorpresa un grito resonó en su habitación, su cola había aparecido.
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