En un momento estaba con ella, tan cerca de sus labios, de su calor... y, en cuestión de instantes, me encontraba sentado en un coche elegante, junto a mi madre y un conductor de pocas palabras, camino a un destino más incierto que nunca.
Fue un cambio violento. Como arrancar una página que aún no terminabas de leer.
Si ella estaba allí, tal vez las cosas no serían tan malas. Pero el ambiente no era normal.
Tuve que leer la situación, descifrar lo que no se decía, mientras el coche seguía su curso por un camino desconocido.
—Madre... —dije, rompiendo el silencio—. ¿Hacia dónde vamos?
Ella parecía distraída. No sabía si estaba a la defensiva, pero claramente no estaba tranquila.
—No es seguro hablar, Severus —murmuró, observando de reojo al conductor con evidente desconfianza.
—Insonorus —susurró Eileen, apuntando discretamente con su varita.
El mundo se apagó de golpe. El silencio era tan absoluto que ni siquiera el roce del coche contra el pavimento podía escucharse.
—Ahora sí, podemos hablar. Pero ten cuidado... él incluso sabe leer los labios.
Tomó mis manos con fuerza, obligándome a mirarla a los ojos, a ignorar los reflejos que parpadeaban en el espejo del coche.
—Severus, mi pequeño... hay tantas cosas que debemos hablar, y sé que esta no es la mejor forma de volver a casa después de Hogwarts...
Pero pase lo que pase, no te alejes de mí.
Su voz temblaba ligeramente, como si arrastrara palabras que llevaba años sin pronunciar.
—Ten siempre tu varita lista.
Llevarás mi bolso —dijo, colocándolo con firmeza sobre mis piernas—. Dentro hay cosas... especiales.
Úsalas solo si es absolutamente necesario.
—¿Es tan peligroso el lugar al que vamos? —pregunté, apretando los dedos contra el cuero del bolso.
Un sacudón violento interrumpió el hechizo.
Me asomé por la ventanilla y vi cómo el camino comenzaba a transformarse: las plantas se movían por voluntad propia, apartándose con una cadencia viva, revelando un jardín oscuro, elegante... y profundamente siniestro.
Al fondo, una mansión surgía como arrancada de otra época. Sus muros respiraban antigüedad, y su sombra parecía extenderse más allá del terreno.
—¿Qué es este lugar, madre? —preguntó Severus, intrigado, mientras bajaba del coche.
—El lugar que una vez llamé hogar —respondió ella, con una mezcla de tristeza y resentimiento en la voz.
—Señora Eileen, hemos llegado. Bajaré su equipaje —intervino el conductor, rompiendo el momento.
—No lo hagas —dijo con firmeza, sin mirarlo—. Acepté venir, pero no he dicho que me quedaré.
Un escudo de piedra nos dio la bienvenida: una rosa encerrada en un círculo de espinas plateadas.
Esta era la casa de los Prince, la familia que no dudó en desterrar por sangre.
Madre nunca hablaba del pasado. Siempre lo evadía... como si nombrarlo le abriera heridas que aún sangraban.
Se detuvo y alzó el brazo, ofreciéndomelo para que la tomara.
—Severus, entremos.
Entramos en una habitación de techos altos, ventanales amplios y luz tenue filtrándose a través de cortinas antiguas. Cuadros imponentes colgaban de las paredes, y los muebles, con incrustaciones brillantes —¿polvo de plata rúnica?— relucían bajo el polvo.
CZYTASZ
Serpiente de Lirios
FanfictionEsta es la segunda parte de Sombras de Lirio, donde nuestra amada pareja deberá unirse aún más para enfrentar vientos oscuros y fuerzas mágicas que amenazan con separarlos. Guerra, decisiones difíciles, lealtades puestas a prueba y confianza inquebr...
