Ariel
La vida en la Tierra era tranquila. Pese a la esporádica visita de algún que otro visitante extranjero, no teníamos grandes problemas. Hasta que la jefa Jex nos citó, ninguna de nosotras sabía que eso se convertiría en el inicio de nuestro infierno.
-Pasen -ordenó, y las tres entramos con timidez.
-Jefa, nos mandó llamar. Si es por el accidente en EE. UU., creemos que haremos lo posible para que el reptiliano Trump no continúe con sus planes.
-No, tranquilas, no se trata de eso. Cuando sepan, créanme que el descuido de ese reptiliano parecerá una broma de mal gusto.
Las tres éramos agentes especiales, encargadas de rastrear incursiones extraterrestres no registradas al interior del planeta Tierra: la agente Anne, Megan y yo, Ariel. Nos gustaba nuestro trabajo, pues usualmente se basaba en rastrear, apalear y sacar traseros alienígenas de entre los humanos, y teníamos una relación muy cercana entre nosotras.
-Se detectó la entrada de una nave espacial no registrada. Sé que es el pan de cada día, salvo porque la nave es del sistema Épsilon, del planeta Bangta, y supongo que ya saben lo que significa.
-¡Bangtans! -exclamó Anne con nerviosismo.
-Así es, la raza más violenta y colonizadora del universo. Los últimos reportes que tenemos hablan sobre una posible avanzada para tantear el planeta y sus recursos, y posiblemente tratar de iniciar una conquista.
Todas palidecimos. Sabemos bien que hay razas en el universo contra las que ningún poder humano está preparado. Esta era una de esas, y no había precedentes como para saber cuál era el protocolo.
-Quiero que vayan y monitoreen. No quiero, ¡Ariel! que hagan nada impulsivo o peligroso que pueda acelerar un posible conflicto armado. Deben ser cuidadosas y, sobre todo, mantenerse en comunicación e informadas. Chicas, es muy posible que el destino del planeta esté en sus manos.
-Tranquila, jefa, no le hemos fallado y no lo haremos ahora -prometió Megan...
Megan
Siempre creí que era una humana ordinaria sin ningún tipo de talento o habilidad, hasta que, por azares del destino, llegué a la organización donde ahora soy una agente importante. Aquí fue donde descubrí que soy muy buena observadora, calculadora y buenísima pateando traseros. Disfruto mucho mi trabajo, aunque siempre estamos en riesgo, pero al lado de mis amigas somos imparables.
Siempre estamos bajo la amenaza de alguna invasión, aunque la mayoría de los planetas no se meten con nosotros porque podrían decir que los humanos somos pacifistas. Lo que sí vemos seguido es la llegada de especies ajenas tratando de buscar refugio, algo que no está permitido, ya que la mayoría de ellos son delincuentes huyendo de sus planetas. Nuestra misión es regresarlos por donde vinieron. La mayoría de las veces no cooperan, así que hay que usar la violencia para ello; esa parte es la que más se disfruta.
Desde hacía mucho tiempo no había sentido el miedo que sentí al escuchar lo que la jefa tenía que decirnos. Pude ver a mis amigas palidecer, y estoy segura de que yo también lo hice. No soy alguien que se rinda fácilmente y menos sin intentarlo, así que el miedo lo dejaría para después. Ahora debemos investigar a qué nos estaremos enfrentando.
Nos dirigimos al lugar donde los radares marcaban el aterrizaje. Todas íbamos muy calladas, algo extraño en nosotras. Decidí romper el silencio.
-Por favor, díganme que no soy la única que se va cagando de miedo.
Ellas se rieron ante mi comentario y Ariel de inmediato contestó:
ŞİMDİ OKUDUĞUN
Abduceme
Hayran KurguLa vida en la Tierra era tranquila. Pese a la esporádica visita de algún que otro visitante extranjero, no teníamos grandes problemas. Hasta que la jefa Jex nos citó, ninguna de nosotras sabía que eso se convertiría en el inicio de nuestro infierno...
