20. Address me properly

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El pequeño Park Soobin siempre se avalanzaba a su tío cada vez que lo veía, cuya respuesta inmediata era ser lanzado al aire. Jimin no podía evitar morir de ternura al ver la tierna sonrisa que se esbozaba en su carita. Era su único sobrino. Lo amaba con el alma. El recuerdo de estar todos sentados en la mesa esa fría tarde de invierno, compartiendo cafés y cosas dulces, y la sorpresa de pronto ser tío le inundó. Su hermano, Dawn, no podía creer en sí cuando su novia, Hyuna, le dio la noticia. Todo era llantos de alegría y abrazos. Recordó, además, cuando sostuvo al bebé. Regordete, de mejillas rechonchas y rojizas, con el cabello castaños y ojos cafe miel. Y ahora, cinco años más tarde, era un hermoso niño de cabello castaño claro cuyos ojos café que llamaban la atención de todos.

Un almuerzo tranquilo, que terminó con helado, risas y un paseo por los juegos de la plaza. Sin embargo, no podía dejar de pensar en Jungkook. Estaba tentado en mandarle un mensaje, decirle que había pensado en lo dicho, pero quizá era demasiado temprano para hacerlo, ¿no?

Decidió que lo mejor sería pensarlo un poco más, buscar algo más de información antes de darle una respuesta definitiva. Claro, debía pensar realmente si quería ser partícipe de algo nuevo. Por un lado, sería algo interesante intentar, por que si no, ¿cómo sabría si le gusta o no? Sí, había terminado con una erección bastante importante, sediento por seguir.

Mientras tanto, Jungkook paseaba por su casa, se había quitado los zapatos, permitiendo a sus pies tocar el frío suelo. Le hacía falta una ducha helada. Lo sucedido anoche no era más que pura tentación para él. Está decir de más que deseó llevarlo al cielo con el mejor de los placeres, mas sin embargo no podía meterlo en su mundo así por que sí.

Admitió frente a su amigo que lo volvía loco, que le gustaba, pero a él no se lo dijo directamente. Quería asegurarse que Jimin se sentía atraído por él y no era más que un simple echar de menos al otro. Vamos, él también pensó en él, y en cómo lo llevaría a la cama apenas tuviera la oportunidad. Algo tenía que era sumamente adictivo, y se juró que lo descubriría. Descubriría la razón de por qué Park Jimin le atraía demasiado.

El agua helada no lo calmaba totalmente, su piel todavía ardía en éxtasis de haber probado, aunque sea un poco, el sabor su amante. Se relamió los labios al recordar sus manos marcadas en la blanca piel del menor, y cómo su pene golpeaba sus piernas. Adoraba tener a sus sumisos en esa posición, le encantaba sentir cada movimiento, cada roce, el calor de sus pieles y en sus miembros con una erección con cada contacto. Lo imaginó de mil maneras, cada una más placentera que la otra, y dándose cuenta que no sabría cuánto tiempo podría aguantar las ganas de enterrarse en él, de mancharse de él, de darle el mejor de los orgasmos, de provocarle a tal punto de verlo retorcerse, con los ojos en blanco y sus gemidos mudos, ahogados en su garganta. Definitivamente lo corrompería apenas tenga la oportunidad.

𝐄́𝐬𝐭𝐚 𝐯𝐞𝐳 𝐉𝐢𝐦𝐢𝐧 𝐧𝐨 𝐞𝐬𝐜𝐚𝐩𝐚𝐫𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐬𝐮𝐬 𝐠𝐚𝐫𝐫𝐚𝐬.

Había pasado alrededor de dos semanas en las cuales el rubio buscaba más información, y casi todas las noches se iba a dormir con una única imagen: compartir la misma cama. No sabía si no soñar con él era buena señal o no. Un viernes, creyendo que ya era hora, mientras bebía una cerveza decidió mandarle un mensaje.

-𝙷𝚘𝚕𝚊, 𝙹𝚞𝚗𝚐𝚔𝚘𝚘𝚔. 𝙻𝚘 𝚑𝚎 𝚎𝚜𝚝𝚊𝚍𝚘 𝚙𝚎𝚗𝚜𝚊𝚍𝚘 𝚢 𝚝𝚘𝚖𝚎́ 𝚞𝚗𝚊 𝚍𝚎𝚌𝚒𝚜𝚒𝚘́𝚗. 𝚀𝚞𝚎𝚛𝚒𝚊 𝚙𝚛𝚎𝚐𝚞𝚗𝚝𝚊𝚛𝚝𝚎 𝚜𝚒 𝚙𝚘𝚍𝚎𝚖𝚘𝚜 𝚟𝚎𝚛𝚗𝚘𝚜 𝚙𝚊𝚛𝚊 𝚑𝚊𝚋𝚕𝚊𝚛 𝚍𝚎 𝚎𝚕𝚕𝚘.
𝙴𝚜𝚙𝚎𝚛𝚘 𝚗𝚘 𝚑𝚊𝚋𝚎𝚛 𝚖𝚘𝚕𝚎𝚜𝚝𝚊𝚍𝚘.
𝐌𝐞𝐧𝐬𝐚𝐣𝐞 𝐞𝐧𝐯𝐢𝐚𝐝𝐨. 𝟐𝟎:𝟐𝟏 𝐩.𝐦.

BETWEEN CHAINS •KOOKMIN•Donde viven las historias. Descúbrelo ahora